CRÓNICA
Crónica... de las noches en extincion (15)

Charlot, la discoteca de 'El Cuadro' de Valladolid en la que ligó Brad Pitt y que se convirtió en una iglesia evangélica: "Pasamos del pecado al rezo"

Durante tres décadas fue uno de los lugares preferidos de la fiesta pucelana. Aquí surgieron historias de amor que perduran y anécdotas que aún recuerdan los protagonistas de aquellas noches infinitas. "Fueron los mejores años de nuestras vidas"

Una de las miles de noches de fiesta en Charlot.
Una de las miles de noches de fiesta en Charlot.Cedida
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Cuenta la leyenda que a una chica no le apetecía salir de fiesta un día lluvioso. Ella no lo sabía, pero mientras se debatía entre ponerse el pijama o ponerse guapa, la noche pucelana le tenía una sorpresa: ligaría con Brad Pitt. La anécdota la ha contado el periodista Luis Jabois un par de veces. A él se la contó un amigo. Era octubre de 1991 y el actor estaba en Valladolid para recoger en la Seminci un premio que ganó la película Thelma y Louise. Cumplidas sus obligaciones como estrella incipiente, Brad quiso disfrutar. ¿Y a dónde te ibas si querías pasarlo bien en la ciudad? A El Cuadro. Y se le vio en una discoteca en concreto. "En Charlot estuvo Brad Pitt cuando era un yogurín desconocido", cuenta David Jambrina, camarero del establecimiento entre 1988 y el 1992.

Charlot fue una de las discotecas más famosas de El Cuadro de Valladolid. Debía su nombre al entrañable personaje de Charles Chaplin, presente en su emblemático cartel y en innumerables cuadros que adornaban el interior del local con escenas de las icónicas películas. David J. recuerda que el antro estaba decorado con una "moqueta color teja que acabó toda negra", más adelante "se reformó y se puso pizarra negra y las paredes forradas en negro" que contrastaban con el blanco y negro de las imágenes de Chaplin.

Brad Pitt estuvo en la Seminci de Valladolid en 1991 para recoger la Espiga de Oro a la Mejor Película por 'Thelma y Louise'.
Brad Pitt estuvo en la Seminci de Valladolid en 1991 para recoger la Espiga de Oro a la Mejor Película por 'Thelma y Louise'.A. CachoEFE

Pero es imposible explicar Charlot sin hablar de El Cuadro. Fue la zona de la fiesta vallisoletana por excelencia, principalmente entre mediados de los 70 y principios del 2000. Se expandía por la calle Padre Francisco Suárez y sus tentáculos incluían las calles adyacentes Gregorio Fernández y Paulina Harriet. El Cuadro reunía más de 30 bares, pubs y discotecas que fueron el epicentro de la movida pucelana. Cada noche era interminable.

"En El Cuadro se congregaban diferentes estilos: de repente podías ver a un punky con un pijo, o a un rockabilly con un rollo underground", describe David J. "Una noche en El Cuadro era una nueva aventura cada fin de semana, uno sabía cuándo la comenzaba (bien pronto por la tarde), pero no a qué hora iba a terminar... En aquel momento había muchas cosas por legislar aún y eso nos daba vida para no estar encorsetados a ningún tipo de horario".

La discoteca Charlot era una de las preferidas para no ver la luz del sol hasta las siete, ocho o nueve de la mañana. Se ubicaba en la calle Sancti Spíritu y fue fundada a finales de los 70 por Carlos Alcalde. A finales de los 80 pasó a ser de los hermanos Francia.

David Jambrina, en la barra de Charlot donde trabajó como camarero de 1988 a 1992.
David Jambrina, en la barra de Charlot donde trabajó como camarero de 1988 a 1992.Cedida

Juanjo Tauler trabajó en Charlot como pincha y encargado de 1993 a 1998. Él recuerda detalladamente su horario. "Abríamos de 19 a 23 h. para la sesión de tarde. Luego se cerraba, limpiaba, se cargaban cámaras y volvíamos a abrir a la 01:30 de la noche. Pero hasta que no cerraban los demás pubs no recibíamos el primer golpe fuerte de gente, sobre las 04:30... A las 6:00 nos venía ya la marabunta y aguantábamos hasta casi las nueve de la mañana, si la policía no iba a cerrarnos".

En la discoteca, a primera hora, Juanjo ponía música para "llenar la pista de chicas". "No es machismo: una pista con chicas lleva a los chicos; al revés, no". Y el repertorio continuaba: "Se ponía algo de música española de los 80 y ya ponía rock medianamente fuerte, para que fueran a la barra a seguir pidiendo. A partir de las seis, siempre iniciaba con la misma canción para que supieran lo que venía, luego house y música de baile hasta el cierre". El sapo cancionero era siempre el tema que clausuraba otra gloriosa jornada en la que alguna vez se presentó Loquillo. En ese lugar fue donde Juanjo conoció al amor de su vida. "Cómo no voy a guardar cariño a la zona y a Charlot", expresa el enamorado.

Charlot es sólo un pequeño ejemplo de lo que fue la fiesta en la ciudad del Pisuerga. "El Cuadro da para mucho más que una crónica... Da incluso para hacer una serie", asegura David J. Aquella zona ya no es lo que solía ser. Hubo varios altercados y los locales cerraron poco a poco. En 2008 Charlot echó el cierre definitivo tras 30 años, agravado por una sentencia que obligó a pagar 209.000 euros a una mujer que sufrió graves lesiones por beber sosa cáustica de una botella dejada accidentalmente sobre la barra en 1996.

Invitación a la discoteca Charlot fechada en 1988.
Invitación a la discoteca Charlot fechada en 1988.

El local de la calle Sancti Spíritu donde una vez vibró Charlot ya no abre de madrugada. Hoy es una iglesia evangélica. "Vaya tela, pasamos del pecado al rezo", comenta David J. indignado. Lo que sí queda es un grupo de nostálgicos, jóvenes de espíritu, que organiza reencuentros de viaje al pasado. Desde el 2016, cada año (periodo pandémico excluido), los vallisoletanos de entre 40 y 60 se juntan para revivir la felicidad compartida. Se organizan en el grupo de Facebook Los del cuadro... los mejores años de nuestras vidas, donde más de 5.700 cuadreros comparten anécdotas, fotos analógicas y canciones que aún laten en el recuerdo.

David Medina, ex usuario de El Cuadro rememora con detalle su juventud, incluso infancia, en la zona. Su tío era socio de uno de los bares que abrieron desde el principio de los tiempos. Así que sus primeros recuerdos son con cinco años. Comenzó a ser cliente oficial con 13 años, cuando "ya querías ir a discotecas, conocer chicas y demás". En su adolescencia cuadrera probó su primer tequila y cogió su "primera borrachera grande".

Ana, pareja del camarero D. Jambrina desde 1990, en Charlot. "Esa cara lo dice todo tras una noche en 'El Cuadro'", comenta su marido.
Ana, pareja del camarero D. Jambrina desde 1990, en Charlot. "Esa cara lo dice todo tras una noche en 'El Cuadro'", comenta su marido.Cedida

A principios de los 90, David M. empezó a disfrutar de El Cuadro ya con edad legal. "El ambiente era increíble... Se habla mucho de camaradería y de buen rollo; y sí, pero también es verdad que de vez en cuando había conflictos. Éramos chicos jóvenes bebiendo, haciéndonos los machitos, queriendo impresionar a las chicas", reconoce. "Quedábamos para pegarnos en alguna zona, pero la gran mayoría de las peleas no se producían. Al final todos quedaban como amigos... Hubo alguna situación complicada, pero las menos", asegura, a diferencia de los años 2000, "que ya eran ideologías muy extremas, también cuestiones étnicas, tribus urbanas, neonazis, etc, eso ya era otro rollo".

David M. echa de menos "la cantidad de gente y de diversión". Señala que han cambiado muchas cosas desde entonces, empezando por las leyes. "No se puede beber en la calle, no puede haber ruido a las tantas de la mañana...", ejemplifica. "Todo eso es entendible, pero al final ha matado un poco la vida nocturna". A su vez, agrega que ha variado la forma que los jóvenes tienen de relacionarse. "No tienen la necesidad que teníamos nosotros de ir a un bar a ligar, a socializar".

David J. considera que los años de El Cuadro fueron irrepetibles en su vida. Por eso insiste en que aquí se nombren a todos los que hicieron posibles esas noches. A modo de homenaje y agradecimiento menciona a pinchas, camareros y hosteleros. Destaca a Cuco Leal, Nachete, Miguelín, Juan Blanco, Fernando Santander, Juan Lazos, Lucho y su hermano José Óscar de Rivera, Carlos Valdés, Uvete, Vero, Piztolín y Carlos Artigas.

Noche de fiesta en la discoteca El Refugio, otro de los antros míticos de la época de 'El Cuadro'.
Noche de fiesta en la discoteca El Refugio, otro de los antros míticos de la época de 'El Cuadro'.

Carlos Artigas es un personaje querido por los miembros del grupo de Facebook que reúne a los añorantes de la marcha pucelana. Es un hostelero y fue "innovador de la zona" de El Cuadro. Empezó a frecuentar la zona con 16 años. De cliente pasó a camarero, y de camarero a propietario. Llegó a ser dueño del local Paco Suárez, otro de los favoritos, y de uno que otro bar. "En los 80, todos los bares funcionaban como discotecas: todo se bailaba y cerraban muy tarde porque había poco control de horarios. Estaba muy difusa la la diferencia entre bar musical o bar de copas o pub", aclara.

Carlos, que hoy acumula 61 años de vida, fundó El Refugio, otro de los bares/discotecas/pubs de referencia. Allí, él acabó con las exclusividades de los Dj's con las fiestas bautizadas como En manos de los jueves de verano. "Cuando empezamos, en el 92, cada bar tenía su pincha y no pinchaban en otros bares. Así que cada jueves traíamos a un pincha distinto", relata. Ese antro que dirigió Carlos aún brilla en la momoria por sus sesiones de pop rock de los 80 y 90. "Mi juventud estuvo ahí", puntualiza este empresario que ahora dirige un tranquilo restaurante en Valladolid.

Iñaki Franco y David Guerra Núñez fueron dos de esos Dj's cuadreros. El primero pinchó sobre todo en Camarote de 1994 a 2001. El segundo, principalmente en El Refugio, La Candelaria y Carcasonne. David G. es creador y fundador del grupo Los del cuadro... los mejores años de nuestras vidas, en el que ha trasladado la unión y el compañerismo del pasado al presente en su ciudad.

El Refugio, otra de las discotecas de 'El Cuadro' de Valladolid. "Antes, si querías ligar, te ibas de fiesta".
El Refugio, otra de las discotecas de 'El Cuadro' de Valladolid. "Antes, si querías ligar, te ibas de fiesta".Cedida

"La gente iba a escuchar música, a bailar a pasárselo bien. En esa época, El Cuadro era conocido en toda España y Valladolid era de las ciudades emblemáticas de cultura musical", indica David G., que aún recuerda cómo iba cargado con sus maletas de vinilos y cómo se preparaba escuchando música nueva antes que nadie para sorprender a su público en cada fiesta. "Estábamos ahí al pie del cañón, día tras día, para ofrecer la mejor música".

Cuando Ikañi piensa en El Cuadro, llegan a su mente las imágenes de la calle Padre Francisco Suárez abarrotada de gente. "No podían pasar ni los coches ni nada". No había nadie que pudiera sentirse apartado. "Había sitios para elegir y disfrutar". Fue en el bar Titahuana donde él conoció a la que hoy es su mujer. "Estamos casados con un par de hijas, así que ¿qué más te puedo decir yo de aquella época?", indica emocionado.

Muchos quieren compartir sus vivencias en El Cuadro. Tanto que este artículo no puede recabarlas todas. En el grupo de Facebook, algún usuario, como Luis, que cuenta divertido cómo la movida pucelana le truncó su futuro como economista. "Me matriculé en Económicas, con rama empresa, y suspendí todas por el puto Cuadro".

Volviendo a la leyenda de Brad Pitt, Fernando Lara, entonces director de la Seminci, contó para El norte de Castilla que, en el último día del actor en la ciudad, "no había manera de sacarle de la habitación... Cuando, después de muchas llamadas y ruegos, conseguimos que saliera, dio como explicación que estaba tan bien en Valladolid que no tenía ganas de marcharse". La magia de El Cuadro también hizo mella en el sex symbol.

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*La serie 'Crónica...de las noches en extinción' se publica cada domingo en el suplemento CRÓNICA de la edición impresa de EL MUNDO