A finales de los 80 y principios de los 90, en el contexto de una España desmelenada por el boom cultural que supuso el aperturismo tras la dictadura de Franco, Valencia se convirtió en el escenario de uno de los mayores movimientos sociales y musicales del siglo XX: la Ruta del Bakalao.
La capital del Turia se erigió como la Meca de la música electrónica, con sesiones que comenzaban los viernes por la noche y terminaban los lunes por la mañana, sin dar apenas tiempo para tomarse un respiro entre sesiones. La Ruta adquirió una importancia casi inverosímil a nivel nacional, con miles de jóvenes que se desplazaban desde todos los rincones de España hacia discotecas como Barraca, Chocolate o Spook Factory para ser parte de lo que allí sucedía.
Esas ganas indomables por la juerga plantaron la semilla de una 'cultura de club' que floreció en varios puntos del país con el nacimiento de salas como Family Club que, desde Sonseca, un pueblo de Toledo con poco más de 11.000 habitantes, se mantuvo durante 30 años como uno de los puntos de referencia para los fieles de esta corriente.
La sala fue abierta por los hermanos Luciano y Faustino en 1995, quienes tenían un establecimiento en la mencionada localidad castellanomanchega y ansiaban darle un giro a su idea de negocio tras ver las tendencias que estaban rompiendo en Valencia y Madrid. Para ello contactaron con Luis MF, Luismi del Pino y Santiago Medina, auténticos fanáticos de la electrónica que deseaban "tener un proyecto personal para desarrollar las inquietudes que nos generaba esa nueva vanguardia".
Es la declaración del primero de ellos, que, en conversación con EL MUNDO, recuerda aquellas "noches apoteósicas" en las que, desde su cabina de DJ, "vivía un ambiente brutal que no se puede comparar con otras discotecas, porque existía una verdadera conexión el público y se creaba una energía que yo no he vuelto a ver".
En Family tenían cabida todo tipo de estilos relacionados con la electrónica, desde el Techno, hasta el EBM (Electronic Body Music), pasando por el House, por lo que a su gran espacio principal decidieron bautizarlo con el nombre de Free Room, en lugar del típico Main Room que se puede leer en otros muchos establecimientos. "Era algo simbólico con lo que queríamos hacer que todos los asistentes se sintieran parte de lo que estaba sucediendo en todo el mundo", explica Luis MF.
Más allá de su estilo rompedor, esta discoteca manchega comenzó a destacar cuando comenzó a albergar sesiones de grandes artistas del género, algo que no era muy habitual en aquella época. "Nosotros empezamos a programar actuaciones de DJs, tanto nacionales como internacionales, en 1996 y después creamos el primer festival de música Techno celebrado dentro de una discoteca, con invitados como Robert Hood, Ben Sims o James Ruskin. Dimos a la gente la posibilidad de disfrutar en su casa de artistas que solo podían ver en las revistas y nos lo agradecieron muchísimo", comenta.
Pero si hubo una noche que marcó un antes y un después en la historia de Family Club, fue la del 31 de julio de 2004, en la que 'El Mago' Jeff Mills, uno de los mayores referentes en el panorama, viajó desde su Detroit natal para pinchar como DJ principal en la fiesta en la que se celebraba el octavo aniversario de la sala. Aquella sesión elevó el nivel de relevancia del club, que, ante la enorme cantidad de personas que acudieron, tuvieron que habilitar el área de la terraza con seis pantallas y ampliar el sistema de sonido para que quienes se quedaron fuera pudiesen ver y escuchar la bacanal de sudor, euforia y empujones de aquella sesión.
El club hizo de Nochevieja, las Noches de Reyes o sus Remember Party eventos imperdibles que formaron a una generación que hoy venera a la música electrónica y que no entiende la fiesta sin ella. Es lo que le sucede a Ismael Oliver, quien empezó a ir a estas fiestas a los 15 años y "desde entonces no paré de ir". Tiene 29 y recuerda la sala como un lugar "especial" en el que "el sonido era realmente diferencial, te envolvía y generaba un ecosistema que podía pasar de todo, pero siempre con respeto".
Opinión que comparte Alberto Pastor, que asegura haber vivido Family "desde su inicio hasta su muerte". Él comenzó a ir a sus fiestas con apenas 13 años y acabó siendo empleado de seguridad del recinto. Al ser preguntado por este periódico, surge en su interior una cierta emoción al recordar "el misticismo" que tenía la sala, a la que "iba gente con una cierta edad que tenía por costumbre culminar sus semanas de trabajo yendo a Sonseca a pasárselo bien y a disfrutar".
Family Club cerró sus puertas el pasado mes de febrero, ahogada por los problemas económicos que le provocó la llegada de un público más joven, que redujo los beneficios obtenidos en cada noche. Para el recuerdo quedan tres décadas de música en las que, para Luis FM, «el único secreto fue el buen trabajo en equipo y no bajar nunca la intensidad en nuestras ganas por hacerlo bien y dar el mejor espectáculo».
CRÓNICA...DE LAS NOCHES EN EXTINCIÓN
(7): 60 años de Barraca: el lugar del debut español de The Stone Roses entre 'trippies' y mescalina
*La serie 'Crónica...de las noches en extinción' se publica cada domingo en el suplemento CRÓNICA de la edición impresa de EL MUNDO

