CRÓNICA
Crónica...de las noches en extinción (7)

60 años de Barraca: el lugar del debut español de The Stone Roses entre 'trippies' y mescalina

El eco de la noche valenciana, llevado a Reino Unido, entre otros, por Noel Gallagher, facilitó el aterrizaje de la banda. Juan Santamaría llevó la negociación. Tocarían el 23 de septiembre de 1989 a las dos de la mañana. La entrada costaba 1.000 pesetas

De izquierda a derecha, Alan Wren, John Squire, Mani Mounfield e Ian Brown junto a  Ramón Visa en Barracabar
De izquierda a derecha, Alan Wren, John Squire, Mani Mounfield e Ian Brown junto a Ramón Visa en BarracabarEL MUNDO
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A mediados de los 80, la carretera de El Saler (CV-500) ya había empezado a ganarse a pulso su apodo de la espina dorsal de la noche valenciana. Por esa línea de asfalto, que bordea un entorno natural privilegiado como es la Albufera, circulaban cada fin de semana miles de coches cargados de jóvenes que buscaban cualquier forma de escapar del aburrimiento. Libertad, ruido y desenfreno que a menudo encontraban en los pequeños talismanes verdes y lisérgicos que eran las cápsulas de mescalina. Aquellas noches que se alargaban durante días dieron lugar a la Ruta del Bakalao. Una procesión pagana —ahora contada entre mitos y leyendas urbanas— que los llevaba a las catedrales del desfase de las discotecas Spook o Chocolate, entre otras. Allí las cosas pasaban sin guión y casi por accidente. Y de esa forma, sin tenerlo previsto en su hoja de ruta promocional por la capital del Turia, la banda mancuniana The Stone Roses dieron su primer concierto en suelo español en septiembre de 1989 en la discoteca Barraca.

En pleno apogeo de la cultura de club, mientras Valencia ardía en interminables jornadas de tecno y EBM (Electronic Body Music), el disc-jockey Juan Santamaría estaba tejiendo un puente revolucionario entre Manchester y la ciudad mediterránea. Desde sus tiendas Zic-Zac y Radical, auténticos templos del vinilo importado, traía los sonidos más afilados de las vanguardias británica y europea. Ensanchar el mapa cultural de Valencia era una visión que compartía también con Jorge Albi y el también dj Carlos Simó. La relación de Santamaría con sellos independientes y discográficas británicas y la intuición de Albi motivó el bautismo de un nuevo evento: La Conjura de las Danzas. Una jornada maratoniana de más de siete horas —celebrada anualmente entre 1987 y 1990— con un cartel de bandas que ya despuntaban dentro del sonido de Madchester como Happy Mondays o Inspiral Carpets, así como otras bandas emergentes: The La's, The Pop Gun, Kid Pharaon, Los Flechazos o Los Coyotes.

En aquella época, dentro de la crew de los Inspiral Carpets estaba Noel Gallagher ejerciendo como rodie o pipa. El mayor de los Gallagher —que después, en 1991, se unió a su hermano Liam en la aventura musical de Oasis, una de las bandas más polémicas, macarras y emblemáticas del britpop— se encargaba del equipo de sonido y de las guitarras de la banda creada por Graham Lambert. Dicen que fue él, al volver a Manchester en junio de 1989, quién puso en sobre aviso a los Stone Roses de lo que se gestaba en la noche valenciana.

En mayo de 1989, The Stone Roses había publicado en Reino Unido su primer álbum de nombre homónimo. Un primer trabajo —considerado por muchos como uno de los discos más influyentes para el posterior britpop— que ya puso en alerta a la crítica británica de que la ciudad obrera (que ya había parido a Joy Division, The Fall o The Smiths) estaba incubando una nueva ola musical. A finales de ese año, estas nuevas promesas de Manchester serían portada de revistas como NME o Melody Maker.

Fue Santamaría quién movió los hilos para la histórica llegada de los Stone a Valencia. «Él tenía sus contactos y de repente un día anuncia que vienen a Valencia», contaba el periodista Eduardo Guillot a Luis Costa en su libro ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995. Aunque, en realidad, el eco de la fiesta valenciana —que ya corría con fuerza por Reino Unido— jugó un papel clave. Precisamente, fue Guillot quien tuvo la tarea de entrevistar a los mancunianos en el Barracabar. Un local, en la calle Jacinto Benavente de la ciudad de Valencia, por donde desfilaban continuamente figuras como la ahora ex ministra de Cultura y escritora Carmen Alborch, el cineasta Pedro Almodóvar o la actriz Victoria Abril, entre otros. «Ellos vinieron de fiesta, entonces, intenta tú entrevistar a unos tíos que vienen de fiesta, que están viviendo el máximo apogeo con su primer disco que ha sido un bombazo. Fue una antología de lo absurdo y un despropósito absoluto», recordaba. Esa misma jornada se dice que Ian Brown y compañía tuvieron tiempo para jugar un partido de fútbol contra periodistas y barranqueros.

La madrugada del 23 de septiembre de 1989, a las dos en punto, sonaron los acordes de I Wanna Be Adored y otros hits por primera vez en directo en España. El precio de la entradas era mil pesetas (unos seis euros). Pero el aforo de la discoteca de Les Palmeres (Sueca, Valencia) —para unas 3.000 personas en una estructura típica de las edificaciones agrícolas valencianas y con carpas externas— no se completó.

Aún así, los que estuvieron allí vivieron algo único. «Esa noche durante tres horas pensabas: 'esto es lo que está pasando ahora en el mundo'. En ese sentido, sí que tenía la sensación de que allí estaba pasando algo», rememoraba Guillot. Sólo dos meses después, empezaron las horas bajas de la discoteca que, en este 2025, celebra su 60º aniversario.

El concierto fue solo el aperitivo. Al bajar del escenario, pusieron rumbo a los locales cercanos a la playa en busca del verdadero reclamo para aquellos jóvenes británicos: el hedonismo del Bakalao. «Estuvimos de fiesta toda la noche. Tomamos 50 pastillas de éxtasis, trippies y también anfetaminas», recordaba Mani Mounfield, el bajista del grupo. Brown y Squire volvieron por la tarde a sus habitaciones en Villa Adelina. Mani siguió con «uno de los mejores» fines de semana de su vida, siendo un «¡fiestero de 48 horas!»

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*La serie 'Crónica...de las noches en extinción' se publica cada domingo en el suplemento CRÓNICA de la edición impresa de EL MUNDO