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Ana Morales (Madrid, 1982) es madre de tres hijas, periodista especializada en bienestar y docente. Y, como muchas mujeres de su generación, vive cansada. "Porque queremos hacerlo todo bien. Queremos hacerlo todo mejor". Y esa autoexigencia en todas las esferas de nuestra vida no da tregua. "No es por la astenia primaveral. Ni porque nos falte hierro. Sencillamente, es imposible llegar a más", dice en la contraportada de su primer libro Estado civil: cansada (Roca Editorial). Una guía repleta de consejos de expertos que rompen con esa épica de vivir agotadas.
- ¿Por qué piensas que las mujeres sufren más frecuentemente un cansancio crónico?
- Es una mezcla de muchos factores. Por un lado, un tema puramente biológico dominado por un baile hormonal desde la preadolescencia hasta la menopausia. Pasando por un histórico que no nos lo ha puesto fácil, como el tener que demostrar nuestra valía en el terreno laboral sin renunciar a ciertos roles muy interiorizados en nosotras como el de cuidadoras de todo el mundo (no hablo solo de madres). Sin olvidar factores psicológicos como nuestra mayor tendencia a pensamientos rumiativos; una autoestima más baja ya desde la infancia y niveles de autoexigencia y perfeccionismo muy elevados.
- ¿La conciliación existe o son los padres?
- La conciliación es una gran asignatura pendiente, al menos en España. Hemos ido logrando mejoras, pero queda mucho por hacer. Necesitamos mayores políticas de bienestar que favorezcan el equilibrio entre la vida laboral y personal y que nos permitan disfrutar de un tiempo libre de calidad. A la dificultad para conciliar por incompatibilidad de horarios tenemos que sumar otro gran desafío: la desconexión digital, una quimera para muchas personas. Estar disponible 24/7 no debería ser una medalla ni un síntoma de éxito.
- Tú lo llamas astenia eterna. ¿Nos hemos acostumbrado al cansancio permanente?
- Sí. El ser humano es maestro en supervivencia y hemos normalizado el agotamiento como estilo de vida. Lo peor de todo es que hasta lo hemos validado. Parece que si te metes en la cama agotada, con la sensación de haber sido hiperproductiva, vas por el buen camino. Y aún así, viviendo varias vidas a la vez, tendemos a veces a poner el foco en lo que no hemos hecho. Y todo ello sin dar valor en ningún caso a lo importante y productivo que es descansar.
- ¿Cómo has logrado bajar esos niveles de autoexigencia y tener un diálogo más compasivo contigo misma?
- Es uno de los grandes retos en los que sigo trabajando. Muchas veces intento pensar que la relación más duradera que voy a tener en la vida es la que mantengo conmigo, así que dedicar más esfuerzo a cuidarla y mantenerla sólida es fundamental. Por eso creo que es importante revisar cómo nos hablamos. Nada de lo que nos decimos cuando nos equivocamos se lo diríamos a una amiga. ¿Por qué a nosotras mismas sí? Estoy intentando perdonarme más los errores, no exigirme tanto y recordar la recomendación que me dio una amiga hace tiempo: pensar en mi yo de los cinco años. Visualizar que llevo ese yo de la mano cuando el día a día (y el cansancio) se me va de las manos, me ayuda a cuidarme más.
- Estamos llevando el cansancio al tiempo libre. ¿El ocio productivo también genera ansiedad?
- Sí, diría que mucha. El famoso FOMO está empezando a ser una carga mental más. Somos seres sociales y como tales queremos formar parte del grupo. Si a eso sumamos el factor Instagram, TikTok y la sobredosis de información que tenemos, es fácil llevar el cansancio al tiempo libre. Es importante hacer un ejercicio de autorregulación en este sentido e, incluso, hacer una especie de ayuno informativo y de tendencias, dejándonos llevar por lo que de verdad nos apetece hacer, aunque no esté en la conversación. Debemos empezar a reivindicar la vuelta a los placeres de toda la vida.
- Hablas de trucos tan simples como preparar la ropa de la semana. ¿Hay tareas silenciosas que nos roban la energía?
- Hay estudios que confirman que tomamos unas 35.000 decisiones al día, la mayoría de ellas de forma inconsciente. Para aliviar la fatiga de decisión puede ayudar automatizar ciertas acciones previsibles del día a día: en mi caso he encontrado alivio con la ropa, pero hay personas que les da mayor paz mental automatizar y planificar la compra, los menús... Y algo que siempre funciona: las buenas rutinas de mañana empiezan por la noche. Intentar dejar preparados ciertos básicos matutinos como el tupper de la comida que vas a llevar a la oficina facilita mucho el arranque del día. E intentar no mirar el móvil hasta salir de casa: esto cuesta pero cuando lo he conseguido, no solo he estado más relajada, sino que he evitado llegar tarde por las distracciones.
- ¿Cuál es el mejor consejo que te han dado los expertos en bienestar, y el que más implementas en tu vida?
- Lo resumiría en hacer cambios amables, pequeños, de esos que acabas convirtiendo en hábito porque son sostenibles en el tiempo. Por ejemplo, puede resultar un detalle sin importancia, pero estoy intentado encontrar la manera de hacer las cosas con mayor presencia en el día a día, fijándome en las pequeñas alegrías que a veces pasan desapercibidas porque vamos en piloto automático. Por ejemplo, he cambiado la cafetera automática por la italiana de toda la vida para tener más presencia y calma en ese primer café de la mañana; intento separarme físicamente del móvil cuando saco a pasear a mi perro.
- De hecho, dices en el libro que te peleas por sacarlo tú para ganar ese tiempo a solas...
- Lo dice la experta en hábitos Mel Robbins, un paseo puede solucionar el 93% de los problemas. Pero claro (añado yo) para que eso suceda no hay que mirar el móvil. También me ayuda reservarme las tardes de los domingos para ver un capítulo de mi serie favorita y no dejar tareas pendientes para las últimas horas del fin de semana.
- Un dato curioso en tu libro, que las mujeres necesitamos dormir más. ¿A qué se debe?
- Lo sugieren algunos estudios como el llevado a cabo por el Centro de Investigación del Sueño de la Universidad de Loughborough, que afirma que necesitamos una media de 20 minutos más. Los expertos con los que he hablado al respecto confirman que, aunque no hay razones científicas fisiológicas que justifiquen estos datos, se debe más bien a una cuestión de dar el descanso que necesita a un cerebro hiperestimulado como el nuestro al que hemos acostumbrado a la multitarea (aunque en realidad no debería ser así). La realidad es que el 90% de los adultos, sean hombres o mujeres, necesitamos dormir entre siete y ocho horas cada noche.
- Cuentas que eres del club de las 5 de la mañana. ¿Por qué crees que es importante agendar un tiempo para ti, aunque sea para un café tranquila?
- Estoy abandonando un poco este club porque siempre que me he sumado a él ha sido robándome horas de sueño. Y la esencia trata de madrugar para hacer actividades de desarrollo personal, intentando acostarse pronto, pero yo no lo he logrado. Efectivamente apuntar las cosas y darles un espacio en nuestro día ayuda mucho a que se cumplan. Si dejamos el autocuidado para el final del día sin agendarlo, es probable que la rutina y la vida nos lleve por delante.
- Todos los expertos hablan del ejercicio físico como motor de longevidad e incluso para mantener una buena salud mental. ¿Cuál es la manera más sana de cumplir con esos entrenamientos sin que se convierta en una obligación más de la larga lista?
- Cada persona tiene que encontrar su manera, siendo realista de su situación. En los primeros años de crianza de mis hijas, ir al gimnasio era materialmente imposible para mí, así que intentaba hacer algo de ejercicio en casa, siempre procurando que fuera alguna disciplina que me motivara para poder convertirlo en hábito. Y ahora que tengo más facilidad para ir al gimnasio, si algún día no puedo ir, intento no lamentarme ni reprocharme nada, simplemente busco una alternativa: volver del trabajo andando o buscar la manera de poder dar un paseo a un buen ritmo para moverme.
- ¿Por qué deberíamos reconquistar los domingos por la tarde?
- Cambia la manera en la que te enfrentas a la rutina. Si los llenas de tareas, cosas pendientes... empiezas la semana agotada e, incluso, de mal humor. Para mí siempre han sido una antesala incómoda pero con ciertos hábitos pueden ser un buen momento para reconectar. Se puede dedicar un ratito del domingo a planificar la semana (eso también da paz mental), pero es importante reservarse un tiempo para algo que te guste hacer y, sobre todo, para descansar sin culpa.
- ¿Cuál es tu rutina de belleza minimalista ideal para que el autocuidado tampoco se eternice con miles de pasos y herramientas?
- Creo mucho en la escalera cosmética: la limpieza y la fotoprotección son innegociables, y luego se trata de ir sumando peldaños: en mi caso protección antioxidante por la mañana y activos renovadores por la noche. Y, sobre todo, intento recordar una frase que dicen mucho los expertos en cuidado de la piel: el mejor cosmético es el que se usa. Soy bastante minimalista para poder cumplir con los pasos básicos pero últimamente he descubierto que estoy generando más adherencia a mi rutina si añado alguna herramienta de masaje como un rodillo frío para el contorno de ojos, por ejemplo. El caso es encontrar cada una la manera de cumplir y sentirse bien, sin que sea una carga más.
- ¿Qué haces tú para no basar tu valor en lo productiva que eres?
- Siempre intento tener en mente las consecuencias que tiene a todos los niveles la hiperproductividad que conduce a una extenuación mantenida en el tiempo. Como dijo el experto en sueño Neil Stanley, "una persona que duerme poco es una persona poca atractiva con la que convivir". Y no hablamos de algo físico, sino emocional. Intento tener presente la metáfora de la máscara de oxígeno: ponerse la máscara en los aviones antes de ayudar a los demás nos recuerda que con el autocuidado pasa lo mismo, no podemos cuidar sin cuidar de nosotras mismas.
- La teoría está clara. ¿Y la práctica?
- Está claro que parar la rueda es complicadísimo, pero procurar tener pequeños momentos al día para trabajar la presencia y el autocuidado. Puede ser convirtiendo el momento de la comida o la cena en una pausa consciente o concediéndome el permiso a mí misma de cancelar un plan si lo necesito. Es una manera de iniciar el cambio.
- ¿Qué podemos hacer como sociedad para contribuir a parar esta locomotora infinita del hacer?
- Algo que está en nuestra mano es cambiar la conversación. Y no me refiero solo al autodiálogo que mantenemos con nosotras mismas. Tenemos que reivindicar más el descanso como algo positivo. En lugar de poner el foco en todo lo que tenemos que hacer, hablemos más de lo bien que nos sienta leer un libro o tener un ratito de soledad buscada. Hablar del descanso como algo valioso puede ser el primer paso para empezar a priorizarlo y puede tener un efecto dominó.
Estado civil: cansada
Está editado por Roca y se puede comprar aquí.
