INTERNACIONAL
INTERNACIONAL

Merz asegura que defendió a España en privado después de las críticas públicas de Trump

"Le dije muy claramente: no puedes cerrar aquí un acuerdo aislado con Alemania o con toda Europa, pero no con España", explica el canciller alemán

Donald Trump conversa con el canciller alemán Friedrich Merz este martes en la Casa Blanca.
Donald Trump conversa con el canciller alemán Friedrich Merz este martes en la Casa Blanca.Ap
Actualizado

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha intentado corregir la imagen que dejó su encuentro con el presidente estadounidense, Donald Trump, después de que la comparecencia conjunta en la Casa Blanca provocara perplejidad en varias capitales europeas. Durante aquella escena, retransmitida en directo desde el Despacho Oval, Trump lanzó duras críticas contra España y el Reino Unido mientras el jefe del Gobierno alemán —líder del país más poderoso de la Unión Europea— escuchaba sin intervenir. Horas después, ya fuera del foco de las cámaras, Merz aseguró en entrevistas a medios alemanes que sí defendió a ambos socios europeos durante su conversación privada con el presidente estadounidense.

"Le dije muy claramente: no puedes cerrar aquí un acuerdo aislado con Alemania o con toda Europa, pero no con España", explicó el canciller. Merz se refería a una de las amenazas más contundentes pronunciadas por Trump durante la comparecencia pública, cuando el presidente estadounidense insinuó la posibilidad de adoptar medidas comerciales contra España.

Según el canciller alemán, ese fue el argumento que trasladó durante la reunión a puerta cerrada: que la política comercial europea no puede fragmentarse país por país y que cualquier negociación económica con Estados Unidos debe hacerse con la Unión Europea como bloque. Esa fue, sin embargo, la única línea de defensa que Merz explicó haber planteado. Porque las críticas de Trump no se limitaron al terreno comercial.

Durante la comparecencia ante los medios, el presidente estadounidense dirigió primero sus reproches hacia España en términos especialmente duros. "España ha sido terrible", afirmó Trump antes de lanzar una advertencia que resonó inmediatamente en Europa: «Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España».

El presidente estadounidense explicó que ya había pedido a su equipo estudiar posibles medidas y mencionó directamente al secretario del Tesoro. "Le dije a Scott Bessent que corte todas las relaciones con España".

Trump insistió además en que Madrid no estaba actuando como un aliado fiable en el contexto de la crisis con Irán y vinculó su crítica a la posición adoptada por el Gobierno español respecto al uso de las bases militares de Rota y Morón en operaciones relacionadas con ese país. «No quieren ayudar. No quieren permitir el uso de las bases», afirmó.

El presidente estadounidense fue todavía más lejos al sugerir que España carecía de peso estratégico para Estados Unidos. "España no tiene absolutamente nada que necesitemos", dijo antes de añadir: "Todo negocio con España tengo derecho a pararlo. Embargos... lo que quiera. Y puede que lo hagamos".

Las declaraciones se produjeron delante de las cámaras del mundo. Sentado a su lado, Merz escuchaba sin intervenir. La incomodidad aumentó cuando la conversación derivó hacia el gasto militar dentro de la OTAN. En lugar de contradecir el discurso de Trump, el canciller alemán recordó que España sigue entre los países de la alianza que todavía no han alcanzado los niveles de inversión en defensa acordados.

En otras palabras, mientras el presidente estadounidense amenazaba con represalias comerciales y criticaba la posición estratégica de Madrid, el jefe del Gobierno alemán añadía un argumento que situaba a España entre los socios rezagados dentro de la alianza atlántica.

España no fue, en cualquier caso, el único objetivo de las críticas del presidente estadounidense. Trump dirigió también sus reproches al Reino Unido y a su primer ministro, Keir Starmer.

"No estoy contento en absoluto con el Reino Unido", afirmó el presidente estadounidense ante los periodistas, reprochando a Londres la falta de claridad sobre el uso de bases militares británicas en el contexto de la crisis con Irán. «Hemos tardado tres o cuatro días en aclarar dónde podemos aterrizar», dijo.

El presidente estadounidense remató su crítica con una comparación que rápidamente se convirtió en titular en Londres: "Esto no es Winston Churchill con quien estamos tratando", añadió, invocando al histórico primer ministro británico, símbolo del liderazgo británico en tiempos de guerra.

Según explicó posteriormente el canciller alemán, durante la conversación privada también defendió el papel del Reino Unido dentro de la arquitectura de seguridad europea. "Gran Bretaña está haciendo una contribución realmente muy grande y muy valiosa para poner fin a la guerra", afirmó Merz.

La escena en el Despacho Oval tuvo además otro elemento que llamó la atención de los observadores europeos. Mientras Trump criticaba a España y al Reino Unido, el tono del presidente estadounidense cambiaba al referirse al propio canciller alemán.

Trump dedicó varios elogios a Merz, al que presentó como un dirigente fuerte y eficaz, e incluso lo comparó favorablemente con Angela Merkel, cuya relación con el presidente estadounidense durante su primer mandato estuvo marcada por la distancia política.

El canciller alemán escuchó esos comentarios con visible satisfacción. Su actitud, receptiva a los halagos del presidente estadounidense, contrastó con el silencio que había mantenido frente a las críticas dirigidas contra otros socios europeos.

La comparación con Merkel no es casual. Durante los años de la primera presidencia de Trump, la relación entre ambos dirigentes estuvo marcada por una evidente frialdad política.

Cuando Trump ganó las elecciones de 2016, Merkel lo felicitó públicamente, pero acompañó ese gesto con una advertencia poco habitual entre aliados: Alemania estaba dispuesta a cooperar con Estados Unidos sobre la base de los valores democráticos que unen a ambos países, incluido el respeto al Estado de derecho y a la dignidad de las personas independientemente de su origen o religión.

Los desencuentros entre ambos dirigentes continuaron en los años siguientes. Merkel criticó el veto migratorio decretado por la administración Trump al considerar que no se podía sospechar de grupos enteros de personas por su origen o su religión, y respondió públicamente cuando el presidente estadounidense acusó a Alemania de ser "prácticamente un rehén de Rusia" por su dependencia energética.

En sus memorias, la ex canciller describe además hasta qué punto ambos hablaban lenguajes políticos distintos. "Hablábamos en dos niveles diferentes", recuerda sobre su primer encuentro con Trump en el Despacho Oval en 2017. Según su relato, el presidente estadounidense abordaba las relaciones internacionales con la lógica de un empresario inmobiliario, donde el éxito de un país implicaba necesariamente la pérdida de otro.

Algunos analistas en Alemania recuerdan además que durante años la relación entre Merz y Merkel estuvo marcada por una fuerte rivalidad política dentro de la CDU, el partido conservador alemán.

La reacción de la prensa alemana tampoco tardó en llegar. Varios medios subrayaron el contraste entre la dureza de las críticas de Trump a socios europeos y la ausencia de una respuesta inmediata por parte del canciller alemán durante la comparecencia pública. Algunos análisis destacaron además que el presidente estadounidense dominó prácticamente toda la conversación ante los periodistas, mientras el jefe del Gobierno alemán intervenía solo de forma puntual y evitaba confrontar directamente las acusaciones dirigidas contra España.

La explicación posterior del canciller —según la cual defendió a España y al Reino Unido durante la conversación privada— fue interpretada por parte de la prensa alemana como un intento de matizar la impresión que dejó la escena pública.

La escena reflejó además una dinámica conocida en la diplomacia transatlántica: la presión pública del presidente estadounidense frente a la cautela de los líderes europeos, que suelen reservar las discrepancias para conversaciones privadas.

Ese episodio ha reabierto en Berlín una cuestión incómoda para la política europea. Durante años, Alemania ha sido considerada el actor que fija los límites cuando Washington presiona a alguno de sus socios. La escena del Despacho Oval dejó, sin embargo, una imagen distinta: el presidente de Estados Unidos criticando abiertamente a dos aliados europeos mientras el líder de la mayor economía del continente prefirió guardar silencio.