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Solemos pensar que, cuando un deportista de élite se baja de la competición, pierde su propósito vital. En el caso de Sandra Sánchez Jaime (Talavera de la Reina, 16 de septiembre de 1981) cada día hay más razones para levantarse con ganas por las mañanas. No hay miedo ni dudas sobre qué hacer para emplear bien su tiempo.
La campeona olímpica, del mundo y de Europa en la modalidad de kata no sólo sigue profundamente enamorada del kárate -confiesa que entrena alrededor de unas tres horas-. Tras retirarse en lo más alto en el año 2022, preside la Comisión de Atletas de los Juegos Mundiales, buscando que su voz sea escuchada en la toma de decisiones. "Hemos logrado la reivindicación de que las madres puedan viajar con sus bebés y alojarse en la villa durante los Juegos, favoreciendo la conciliación familiar", explica.
Además, ha terminado un máster en Gestión Deportiva. "Como trabajo final, creé una aplicación para poner en contacto a marcas con deportistas, facilitando colaboraciones y acceso a servicios, porque muchas veces esa conexión falta", cuenta. También escribe libros infantiles para inspirar a las nuevas generaciones a través del deporte y la lectura. Por si esto fuera poco, la considerada la mejor karateca de todos los tiempos está finalizando el rodaje de un biopic sobre su vida, Karateka, dirigido por Aritz Moreno y producido por Atresmedia Cine. Andrea Ros y Patrick Criado interpretan a Sandra Sánchez y a Jesús del Moral, su entrenador y compañero de vida. Nos colamos en sus últimos coletazos, en la Residencia Joaquín Blume de Madrid, donde se dobla en las escenas de acción.
- Qué extraño debe ser doblarse a una misma, ¿no?
- Solo es para algunas escenas. Está siendo una aventura increíble. Van a hacer una película sobre mi vida, pero con su parte de ficción. No es el enésimo documental, como los que se están haciendo. Es una película basada en hechos reales. La verdad es que ni lo hubiera imaginado ni soñado. Ahora que veo que se hace realidad es muy bonito de vivir y, al mismo tiempo, me genera un montón de sentimientos, porque tengo que transitar por todos los acontecimientos que he pasado en mi trayectoria: los bonitos y los difíciles. Eso remueve muchas emociones…
- Una terapia de choque. ¿Hay fecha de estreno?
- Tengo muchas ganas de ver el resultado. Me ilusiona que haya una película de kárate contada a través de mi vida, que se esté tratando todo con tanto respeto y profesionalidad. Quiero que la gente disfrute de esto. Será en 2026, pero aún es pronto para concretar. Esto va a otro ritmo, un mundo aparte. Andrea lleva más de un año entrenando con nosotros y se ha entregado en cuerpo y alma. Es una persona muy especial: observadora, sensible, luchadora, empática… y sé que va a transmitir todas las emociones que esta película requiere de una forma única.
- ¿Y cómo es un día de tu vida ahora?
- Una locura. Pensaba que después de retirarme sería más tranquilo, pero tengo muchos proyectos que desarrollar. Me mantengo muy activa, tanto en el mundo del kárate como a nivel personal. He creado una nueva empresa, sigo estudiando, he lanzado la plataforma online Chikara Club, para dar seminarios de kárate alrededor del mundo, estamos terminando de rodar la película, recientemente he grabado el pódcast Una caña con... de Mahou y sigo entrenando todos los días. Estar tan activa ha sido un puente muy bueno para que el paso de la retirada a esta nueva vida haya sido positivo y yo siga feliz.
- Muchos deportistas sienten un vacío al dejar atrás una rutina tan marcada. ¿No ha sido tu caso?
- Es probable que suceda. Sales de una burbuja: tu mundo deportivo, la competición, tu rutina, tus horas de entrenamiento… y de un entorno muy controlado. Si llegas a la élite, la gente valora tu trabajo. Luego sales a "otro" mundo y tienes que volver a encontrar quién eres en esa nueva perspectiva, manteniendo la misma motivación.
- Has dicho que entrenas todos los días, ¿tantas horas como antes?
- No tantas. He bajado el ritmo, claro. Hay compañeros que, al retirarse, hacen mucho menos. Yo sigo entrenando bastante porque soy una enamorada del kárate. Creo que me sigue formando como persona y quiero seguir creciendo como karateca. Antes entrenaba para competir prácticamente todo el día: de seis a siete horas físicas más todo lo que conlleva vivir en el Centro de Alto Rendimiento. Ahora entreno unas tres horas diarias y el resto del tiempo lo dedico a mis otros proyectos.
- ¿Crees que un deportista lo es toda la vida?
- Sí, al menos en mi caso como karateca. Depende mucho de cómo vivas el deporte y lo que te transmita tu maestro o entrenador. Puede convertirse en parte de tu filosofía de vida. El kárate me sigue enseñando cómo afrontar momentos de la vida, no sólo como deportista. No puedo separar quién soy de mi parte karateca.
Dos veces Campeona del Mundo de Kárate, siete de Europa, oro olímpico en Tokio y muchos más títulos riegan una carrera coronada con el Premio Nacional del Deporte en 2019 de manos de la Reina Letizia. Pero Sánchez sigue siendo esa chica sencilla, humilde y trabajadora. Forjada a fuerza de hábitos. En el poco tiempo libre que le queda, le gusta leer, ver películas románticas y, simplemente, estar con los suyos.
- Después de tanta disciplina, ¿hay un efecto rebote?
- Cuido mi alimentación como parte de la calidad de vida, no solo por rendimiento. Algún loco hay que se desata al dejarlo, pero yo siempre he buscado el equilibrio. Después de ganar, mi premio podía ser un postre de chocolate. No podemos prohibirnos todo. La clave es un estilo de vida saludable que no suponga un esfuerzo diario.
- ¿Qué parte es talento y qué parte trabajo?
- Hay una predisposición genética. Yo tenía facilidad para el deporte. Pero, sin currártelo, la genética no basta. Lo que determina la élite es el trabajo y el control mental.
- ¿Algún otro deporte te ha conquistado ahora?
- Disfruto de todos. De niña jugué al baloncesto, aunque no era lo mío. Estudié Ciencias del Deporte y toqué muchos: fútbol, surf… Si me dicen "vamos a probar", ahí estoy.
- ¿Tienes referentes o frases que te inspiren?
- Me inspiro de frases o conversaciones, no siempre de gente famosa. A veces hablas con tu vecino y te deja algo que te hace clic. Las grandes inspiraciones pueden venir de cualquier momento cotidiano.
- ¿Cómo cuidas tu salud mental?
- Mi ancla es Jesús: mi entrenador, pareja, amigo y, a veces, enemigo. Vivimos juntos todo el proceso olímpico. Y mi familia: cuando necesitaba escapar, me bastaba un abrazo, reír con mis sobrinos, estar con mis padres o mi hermano.
Precisamente, la película le ha hecho poner en perspectiva todo lo vivido. "En el momento, tiras para adelante, cargando con lo bueno y lo difícil". Ganó su primer oro olímpico a los 39 años, dando el golpe maestro al edadismo. "Si cuando entro en el equipo nacional ya era el momento de retirarse, imagínate luego a lo largo de las de los años", confiesa. Pero los sueños no tienen fecha de caducidad, advierte.
- Cuando miras atrás, ¿qué lecciones te has llevado?
- Agradezco que el kárate me enseñara a gestionar emociones y momentos complicados… y también el éxito, porque cuando empiezas a ganar tienes que ser consciente de su importancia, pero saber que no lo es todo. La vida se sostiene en varias patas: familia, equipo, amistades… no sólo en una medalla. Aprender a perder es difícil, pero es parte de la vida. No sólo pierdes en una competición: pierdes en el trabajo, en la escuela, en un juego… Lo importante es reinventarse. Y cuando ganas, igual: si piensas que ya has llegado al máximo, las derrotas vuelven. Ganar sólo significa que hasta ese momento has hecho un buen trabajo, pero hay que seguir.
- ¿Cómo se gestiona la presión?
- Yo viví muchos años perdiendo, pero disfrutaba entrenando. La competición era el fin de semana, pero yo era feliz en el día a día, disfrutaba del proceso. Cuando ganas, también tienes que gestionar eso: pensar dónde estás, hacia dónde vas y seguir manteniendo la ilusión aunque ese momento pase.
- ¿Qué te ha dado y qué te ha quitado el deporte?
- No me gusta llamarlo sacrificio. Volvería a vivir mi vida una y mil veces, con derrotas y lágrimas incluidas. Es cierto que en el alto nivel te pierdes fechas importantes: cumpleaños, días señalados… pero encontraba el equilibrio. Cuando estaba con la familia, era tiempo de calidad. Al final, si no es el deporte, es el trabajo el que te quita tiempo. Lo importante es aprovechar al máximo los momentos con los tuyos.
- ¿Sentiste presión por la edad alguna vez?
- Sí. Desde el día uno que entré en el equipo nacional, con 32 años, me decían que ya era mayor. Tenía claro que si conseguía ganar los Juegos Olímpicos, el Europeo y el Mundial, me retiraría en lo más alto. Lo logré, pero mentalmente no estaba preparada. No había público ese último año y no quería despedirme así. Seguí un año más y me despedí poco a poco: último Campeonato de España con toda mi familia, último Europeo con el equipo, Juegos Mundiales con mis mejores rivales… Fue un adiós paso a paso. Ahora, aunque siento nostalgia, me despedí como quise y me siento afortunada.
- ¿Sigues ligada a la competición?
- Sí. Veo campeonatos, entreno a nivel mundial, doy seminarios y training camps en mi ciudad... Incluso entreno a antiguas rivales. Disfruto mucho de la competición desde el otro lado.
- ¿Sientes que has abierto camino a otras mujeres?
- Al principio no era consciente. Luego, al leer mensajes de gente que volvió al kárate, lo vi claro. No solo niñas han empezado en este deporte por mi historia, también gente de 40 y 50 años ha vuelto al tatami. Vi el repunte de licencias femeninas tras los Juegos Olímpicos. Ahora sé que puedo influir y trato de transmitir algo positivo.
- ¿Crees que tu ejemplo de que nunca es tarde le sirve a otros perfiles?
- Sí. Me hace feliz hacer felices a otros a través del kárate. Comparto pautas que me han servido: alimentación, descanso, filosofía de trabajo… He perdido mucho más de lo que he ganado, necesité 20 años para ganar, así que hay que disfrutar del camino. Siempre con el ejemplo.


