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Nos citamos con Gisela Pulido (Premiá de Mar, Barcelona, 14 de enero de 1994) en la Terraza de Sabatini para disfrutar de uno de los atardeceres más espectaculares de Madrid como embajadora de Corona Sunset Spots, una guía de los mejores locales donde ella misma elige sus favoritos. Aunque la 10 veces Campeona del Mundo de Kitesurf puede presumir de coleccionar postales de la golden hour sobre su tabla: "Te pilla entrenando, compitiendo… y de repente te cae un regalo de la naturaleza brutal. Pero en España estamos rodeados de mar, así que tenemos un montón de sitios increíbles para ver el atardecer, sobre todo en mi casa, Tarifa", cuenta sonriente.
Cita desde El Balneario hasta el mítico Tumbao en la playa de Valdevaqueros. "Navegando se ven muchos espectaculares también, y en el pueblo. Lo único es que no hay azoteas. Eso sería épico: ver el Estrecho y África de fondo", ríe. Allí, en su lugar vitamina, lleva practicando CrossFit desde enero en El Patio Training Club, y muy enganchada a la experiencia, cuenta, mostrando su primer muscle up en su propio iPhone.
Para conseguir este ejercicio de entrenamiento de fuerza avanzado, dentro del ámbito de la calistenia, muchos atletas suelen necesitar años. Pero se nota que una deportista de élite juega con ventaja en su perfecta ejecución. Imagina que estás colgado de una barra, como si fueras a hacer una dominada (pull-up). Un muscle up es cuando no solo subes hasta que tu barbilla pasa la barra, sino que subes tanto que terminas con el pecho arriba de la barra y los brazos estirados, como si estuvieras haciendo una flexión de brazos pero... ¡encima de la barra! Por eso sonríe tan orgullosa de su tiempo récord.
El sentimiento de comunidad
Quiere que le salgan todos los movimientos, así que está persiguiendo retos constantemente: el snatch [levantamiento olímpico en el que agarras una barra del suelo y, en un solo movimiento rápido, la subes por encima de tu cabeza, con los brazos completamente estirados], el overhead squat [sentadilla con la barra por encima de la cabeza]... "Dicen que es competitivo, pero en realidad es contigo misma, con la idea de mejorar. De hecho, si alguien levanta más que yo, no me frustro, porque hay un gran sentimiento de comunidad en el que todos se apoyan. A mí el gimnasio me parece aburrido, pero entrenar así en grupo con gente tan sana es otro rollo. Todos están haciendo el mismo WOD [entrenamiento del día], cada uno a su nivel, pero sudando, luchando juntos. Eso crea un tipo de unión que no pasa en un gimnasio tradicional donde cada quien está con sus cascos a su bola".
Empezó por seguir con el deporte después de los Juegos. "Y cuando me fui a Fuerteventura busqué otro box en el campo, al aire libre, con vacas, caballos, perros... Me encanta, hasta tal punto que he adaptado todo mi entrenamiento de kitesurf fuera del agua al CrossFit", resume. En una de sus últimas competiciones se lesionó la rodilla y trata de recuperar así su masa muscular, pues hay que estar muy potente para luchar contra el viento y debido al parón perdió mucha fuerza. ¿Se plantea una fecha de caducidad en un deporte tan físico? "El kitesurf es físico, sí, pero también técnico y táctico. Si eres buena en eso, el físico importa menos. Las regatas duran 12 minutos, muy explosivas, pero no necesitas tanto físico como en el freestyle, donde hay una edad más corta. Hay regatistas mayores porque es muy mental, como jugar al ajedrez en el agua", explica.
Tiempo para una misma
La campaña anterior fue dura: tenía que coger peso, no lograba resultados... "Entré en un bucle. Para Los Ángeles quiero una campaña más tranquila, sin presión. Me encanta competir, pero también quiero disfrutar sin tanto estrés". Cuenta que su vida no tiene horarios, al trabajar para sí misma. Cada rato que no entrenes tú, lo hace tu rival. "Pero una cosa que hice con la psicóloga fue reservar cada día un rato para mí. Tengo una alarma a las 19:45 que me recuerda ese momento personal. Por eso me gusta lo de la Corona: es tu rato, con amigos, familia, mis perros... No bebo mucho alcohol, no soy de salir, soy más de planes de día. Pero si estoy en día de descanso, después de una sesión en Tarifa, me tomo una cerveza. Y no pasa nada".
Le preguntamos si no odia un poco a los madrileños, que están invadiendo cada verano este punto sur del país, frente a la costa de Marruecos, y convirtiéndolo en la nueva Ibiza. "No, al contrario. Vivo del turismo. Tengo una tienda y una escuela. Me gusta que la gente venga a desconectar. Lo único, que vengan tranquilos, sin ese estrés de ciudad. También que cuiden el lugar, porque tanta gente complica mantener limpias las playas. Un turismo más sostenible, ojalá". En sus clases ve cómo las niñas se animan cada vez más, y ella tiene mucho que ver en eso. "Sí, hay muchas chicas. Hay un boom del deporte femenino. Y el wingfoil ahora está creciendo mucho. Es más accesible visualmente que el kitesurf, da menos respeto. Hay muchos niños empezando con el wing, los padres los dejan en la escuela. Está muy guay, se divierten".
La tabla, parecida a una de surf, es más ancha, describe. En lugar de tener una vela grande como en el windsurf o una cometa como en el kitesurf, llevas en las manos una especie de ala inflable, como una mezcla entre un ala de avión y una cometa pequeña. Y debajo de tu tabla, bajo el agua, hay un hidroala (foil), que parece un avión submarino. Cuando tomas velocidad, esta ala te levanta por encima del agua, y vuelas a ras del mar, flotando como por arte de magia.
Un cambio generacional
"Ahora hay un cambio muy positivo. De pequeña, en el cole, nos decían que las niñas no juegan al fútbol. Ahora está más normalizado: niños y niñas hacen lo mismo. En la playa también. Y en el CrossFit igual, hay muchísimas chicas. Es algo que todas las deportistas hemos aportado", defiende.
Además, ve la igualdad de género en el deporte como un cambio generacional, de mentalidad. Y se muestra optimista porque mujeres como ella han desafiado estereotipos y abierto camino para las nuevas generaciones. "El kitesurf es joven, no como el fútbol, que es más antiguo y arraigado. En deportes de playa es todo más chill, más relajado. Ofrecen un espacio menos cargado de normas tradicionales y más abierto para modelos más inclusivos desde sus inicios", opina.
¿Y cómo maneja la adrenalina, la presión por resultados, las condiciones de viento que no dependen de ella? "Al final, estamos en manos de la naturaleza. Así que lo aceptas. Me gustan las condiciones duras. Me va mejor con viento fuerte, mar complicado... Me encanta la adrenalina, todos los deportes extremos: parapente, skydiving, bici, escalada... Todo, gracias a mi padre desde pequeñita".
Ahora, en vacaciones, se concederá algún capricho al lado de su gente, aunque siempre come bien. "Al final, si no le das al cuerpo lo que necesita, tira de reservas y no recuperas. Si tienes seis días seguidos de competición, tienes que estar bien alimentada. En mi caso, como tengo que coger peso, no puedo estar en déficit calórico". Por eso ha dejado de ser vegana e introdujo huevos y pescado en su menú. "Si hago más deporte, como más, si me muevo menos, me corto y me voy regulando poco a poco para volver a mi ser. Pero para mí comer no es un placer, es una necesidad y no disfruto cocinando. Soy más feliz con una ensalada", concluye.
