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La economía urgente

La AIReF: independiente, pero no tanto

Ese aroma a injerencia envuelve ya al Banco de España desde que lo dirige un ex ministro, quien por cierto ha convertido la sala en la que trabajaba el servicio de estudios del banco en un museo

María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda
María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de HaciendaÁngel Navarrete
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La apariencia de las cosas a veces es tan o más importante que las cosas en sí mismas. María Jesús Montero podría haber aplicado eso de que "la mujer del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo", pero ha preferido proponer a una de sus personas de confianza en el Ministerio de Hacienda, Inés Olóndriz, como futura presidenta de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF). Toda una provocación.

¿Será Olóndriz buena para desempeñar ese cargo? La ley exige que el posible candidato cumpla ciertos estándares, y no hay por qué dudar de su capacidad intelectual ni de su formación. Pero ¿parece buena para desempeñarlo? De entrada, resulta difícil encajar que la secretaria general de Financiación Autonómica y Local, elegida por el propio Gobierno para formar parte de él, pueda presidir una institución que ya en su nombre se define como independiente.

Se da, además, la circunstancia -nada casual- de que Olóndriz ha tenido un papel crucial en la propuesta de reforma del sistema de financiación autonómica, elaborada por el Ministerio a instancias de ERC y con una forma y un fondo eminentemente políticos. Después de haberse ocupado de ello, ¿podrá ser ahora lo suficientemente independiente como para juzgar con libertad su impacto en la sostenibilidad de las cuentas públicas? Incluso aunque lo fuera, siempre quedaría la sombra de la duda, ese aroma a injerencia que envuelve al Banco de España desde que lo dirige un ex ministro. Un ex ministro que, por cierto, ha transformado la sala donde trabajaba el servicio de estudios del banco... en un museo.

La presidenta saliente de la AIReF, Cristina Herrero, parecía temerse lo peor cuando, en una entrevista con este diario, dijo esperar que su sucesor no procediera del Gobierno, ya que sería malo para la institución y complicaría la garantía de su independencia.

La AIReF ha sido un pepito grillo al que el Gobierno ha tratado de arrinconar. Si deja de ser incómoda, le será más sencillo minimizarla. El problema de fondo son los precedentes: una vez que un partido en el Gobierno se ha atrevido a meter sus manos en instituciones independientes, ¿qué incentivos tendrá el resto para no hacer lo mismo en su propio beneficio? El tiempo dirá si el daño es irreversible.