MADRID
Sociedad

Ovejas, cabras y corredores toman el centro de Madrid con la vuelta de la Fiesta de la Trashumancia y siete carreras populares

A diferencia de ediciones anteriores, en esta ocasión no fue el alcalde quien recibió a la comitiva, sino Borja Carabante, delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad

El rebaño, a su paso por el centro de Madrid.
El rebaño, a su paso por el centro de Madrid.JAVIER BARBANCHO
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Jadeos, balidos y cortes de tráfico marcaron la mañana del domingo en Madrid, convirtiendo la almendra central de la capital en una zona vetada a los vehículos a motor. Por sus calles y avenidas circularon cientos de corredores -participantes en tres carreras benéficas distintas- y 1.000 ovejas merinas junto a 400 cabras guisanderas y de Guadarrama. Las primeras, originarias de Ávila, son apreciadas por su leche aromática; las segundas, de pelaje oscuro y cuernos retorcidos, forman parte del patrimonio ganadero madrileño. A su paso dejaron un inconfundible olor a lana, tierra y hierba seca, fruto de la lanolina que impregna su vellón.

El peculiar desfile, que obligó a desviar más de 30 líneas de la EMT, atrajo a miles de curiosos y turistas sorprendidos por la estampa rural en pleno centro. Los rebaños partieron de la Casa de Campo, guiados por pastores de la Fundación Trashumancia y Naturaleza, una entidad sin ánimo de lucro que desde 1994 promueve esta práctica ecológica y cultural.

Muchos visitantes confundieron la escena con una manifestación de trabajadores rurales. «¿Por qué marchan los ganaderos?», preguntó un grupo de turistas argentinas junto a la Puerta del Sol, mientras grababan y fotografiaban la escena. Desde Carabanchel, Sara acudió con su hija de seis años para ver de cerca a las ovejas. Le explicaba cómo su lana sirve para hacer jerséis y su leche, para elaborar quesos. «En lugar de llevarles a la granja escuela, hoy la granja ha venido a nosotros», bromeaba.

JAVIER BARBANCHO

A diferencia de ediciones anteriores, en esta ocasión no fue el alcalde quien recibió a la comitiva, sino Borja Carabante, delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, acompañado por los concejales José Antonio Martínez Páramo y Carlos Segura. «Esto es una oportunidad no solo para poner en valor el papel ecológico de la trashumancia y las vías pecuarias, sino también para disfrutar de un acontecimiento turístico y familiar», declaró Carabante. «Hemos visto cómo los más jóvenes, junto con sus abuelos y padres, han disfrutado de la singularidad de ver 1.400 cabras y ovejas por las calles de Madrid», añadió.

Como cada año, se leyó la Concordia de 1418 entre los Hombres y Mujeres Buenos de la Mesta y el Concejo de la Villa, y se realizó el simbólico pago de 50 maravedís por el paso del millar de cabezas de ganado por la ciudad. Carabante recitó la fórmula tradicional ante el público, renovando el compromiso con una tradición que remonta sus raíces a tiempos de Alfonso X el Sabio.

Tras la ceremonia, el rebaño emprendió el camino de regreso a la Casa de Campo, seguido por numerosas familias. Los niños trataban de acariciar a los animales, que sustituían con sus balidos el habitual ruido de los motores de los vehículos que llenan cada día las concurridas calles del centro de la capital.

El rebaño, a su paso por el centro de Madrid.
El rebaño, a su paso por el centro de Madrid.JAVIER BARBANCHO

La Fiesta de la Trashumancia, celebrada en Madrid desde 1994 -aunque sus orígenes documentales se remontan al año 923-, reivindica la conservación de las vías pecuarias como corredores ecológicos y pone en valor la ganadería extensiva por su papel en la biodiversidad y la prevención de incendios. Este año, además, la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, anunció que la Comunidad de Madrid declarará la trashumancia Bien de Interés Cultural (BIC) como Patrimonio Inmaterial.

Mientras tanto, el resto de la capital hervía de corredores. Además de la Carrera de la Ciencia, una ruta impulsada por la policía y otras pruebas populares interrumpieron el tráfico en Tetuán, Salamanca y Chamartín. En el Retiro, miles de participantes se sumaron a la carrera benéfica Corre por el Niño, organizada por el Hospital Universitario Niño Jesús.

En total, siete carreras populares y un rebaño de ovejas transformaron Madrid en un circuito sin coches y sin tregua para quienes pretendían acudir al centro en coche o en taxi. Un mosaico de zapatillas de running, cencerros y banderas que, por unas horas, convirtió a la capital en un escenario copado por hombres y bestias que reivindicaban distintas causas.