- ÚLTIMO ADIÓS Muere Cristina Macaya, la discreta gran anfitriona de Mallorca
- RICOS Gstaad, el refugio invernal donde siguen esquiando (y escondiéndose) los megarricos
- MANSIONES Es Canyar: así es la joya inmobiliaria de Cristina Macaya que está en el punto de mira tras su muerte
Uno de los rasgos más distintivos de Cristina Macaya fue la lealtad. La gran dama de Mallorca, con permiso de Sofía de Grecia y Letizia Ortiz, valoraba el amor de sus amigos, independientemente de su cotización en la bolsa social. Algunos de ellos habían perdido su poder político e influencia económica, pero siempre tuvo las puertas abiertas de Es Canyar, su magnífica finca de 33 hectáreas en Establiments, cerca de la sierra de Tramontana.
Tal fue el caso de Mariano Rubio, el 65º gobernador del Banco de España (1984-1992) reconvertido en uno de los protagonistas del caso de corrupción Ibercorp quien, junto a su esposa, la escritora Carmen Posadas, aguantó el chaparrón en la soleada isla mediterránea tras salir de la cárcel. También Marina Castaño (68) encontró consuelo cuando enviudó de Camilo José Cela en 2002.
La protección también fue una de las veneradas virtudes de Macaya, cuyos apellidos eran López-Mancisidor Gordillo, pero socialmente usó el de su marido, el financiero José Macaya, fallecido de forma fulminante por aneurisma mientras su esposa conducía el coche.
Viuda a los 28 años, con tres hijos y embarazada de cinco meses de María, Cristina tuvo que reinventarse hasta transformarse en la dama que mejor recibía en Mallorca. La jet set internacional encontraba en su paraíso terrenal una paz y armonía que no podían comprarse con cheques en blanco.
Durante años, en Es Canyar la rancia aristocracia como los príncipes de Kent -Miguel y María Cristina- comulgaba con plebeyos venidos del cine (Michael Douglas, Jack Nicholson), la política (Bill Clinton, Adolfo Suárez, Felipe González), la literatura (Carlos Fuentes), la moda (Valentino), socialites (Isabel Preysler) y grandes fortunas como algunos de los Cisneros, entre ellos, Gustavo Cisneros y su esposa Patricia Phelps. Para ser precisos, Javier, único hijo varón de Macaya, estuvo casado en primeras nupcias con Claudia Cisneros, hija del empresario venezolano Oswaldo Cisneros y de la súper coleccionista de arte Ella Fontanals.
Esa mezcolanza hacía que las noches de Cristina Macaya se marcaran a fuego lento en el calendario vital. En una entrevista al Diario de Mallorca, la anfitriona, a quien de joven llamaban Buba, afirmó: "Me gustan mis amigos y si vienen a casa, me encanta que lo hagan y que se mezclen con otros. Después descubres que dos que no tenían nada que ver se han conocido. Y eso es bonito. Cuando la gente se encuentra surgen cosas, una visita al estudio o un negocio, lo que sea. Son conexiones ajenas a mí, pero muchas veces suceden. Siempre procuro reunir a personas con gustos afines".
Lo que ocurría en Es Canyar se quedaba en Es Canyar. La residencia principal, de inspiración toscana, es una joya sita en un valle de ensueño. Caminos empedrados, jardines diseñados por la dueña, estanques con reflejos dorados y unos bancales muy anchos poblados por 5.000 naranjos donde en alguna ocasión se llegó a perder Felipe de Borbón, quien llegó a estar muy interesado en María Macaya. En la actualidad, la benjamina de la familia está casada con Fernando Rodés, hijo de Leopoldo Rodés, apodado el Rockefeller catalán. Otra de sus hijas, Sandra, estuvo casada con Fernando Ballvé, heredero de Campofrío.
Nuestra protagonista, que fue durante 11 años presidenta de Cruz Roja España y colaboradora de Proyecto Hombre, tenía tantas ganas por agasajar, que para cuando se casó Cristina, su primogénita, con un magnate libanés, hizo construir un pabellón de cristal espectacular donde se respira el olor de aquellos naranjos. Y en lo alto de una colina se construyó 'la casita de los artistas', donde pasaban temporadas Pedro Almodóvar, Nacho Duato o Carlos Fuentes, el literato mexicano ganador del premio Cervantes que allí dio comienzo más de un relato.
María Eugenia Yagüe, íntima amiga de la mejor embajadora de Mallorca, asegura a LOC que era "noctámbula, la soledad la llevaba fatal, cuando te recibía te hacía sentir como en casa y dejaba a la gente mucha libertad. Era una joya". En Es Canyar ocurría lo inesperado. Como explicó el excepcional cronista Matías Vallés en el Diario de Mallorca, en una de sus visitas le preguntó a Cristina: "¿Qué hace ahí un helicóptero?". "Es que han venido los Kadoorie [milmillonarios de Hong Kong] y se lo han dejado aquí mientras están en el yate", le contestó.
Los paparazzi habrían hecho fortuna de haber estado en una de sus fiestas, concretamente, aquella en la que una alocada Carmen Martínez-Bordiú se sentó en las rodillas de Jesús Polanco, recién divorciado de Mari Luz Barreiros. Aquella noche estaba acompañada de Isabel Preysler.
Durante 17 años, Cristina Macaya fue pareja de Plácido Arango Arias, multimillonario hispanomexicano fundador de la cadena Vips y ex presidente de la Fundación Príncipe de Asturias. Según se hizo eco Juan Luis Galiacho, director de El cierre digital, "el empresario le dio 2.000 millones de las antiguas pesetas (12 millones de euros), la casa de las Bahamas, la residencia madrileña, el piso de Nueva York y varias obras de arte de su infinita colección".
Desgraciadamente, Cristina falleció a los 77 años en 2023. Nunca pronunció la palabra muerte o cáncer. Se bebía la vida. De hecho, un mes antes de su deceso, hizo sus maletas para irse a Marrakech. Su nombre evocaba la leyenda. Por parte de madre era descendiente del corsario francés Jean Lafitte.
