ELECCIONES CATALUÑA 2024
Cita con las urnas

Cataluña juzga el 'procés' tras una década de división por la causa secesionista y con el miedo a un bloqueo político

La polarización dificulta las alianzas post 12-M: ERC tendrá la llave para elegir entre Illa y Puigdemont, mientras Sánchez se juega su crédito

Los candidatos al 12-M: Carlos Carrizosa(Cs), Laia Estrada (CUP), Pere Aragonès (ERC), Salvador Illa (PSC), Ignacio Garriga (Vox), Jéssica Albiach (Comunes) y Alejandro Fernández (PP).
Los candidatos al 12-M: Carlos Carrizosa(Cs), Laia Estrada (CUP), Pere Aragonès (ERC), Salvador Illa (PSC), Ignacio Garriga (Vox), Jéssica Albiach (Comunes) y Alejandro Fernández (PP).EFE
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Cataluña acude hoy a las urnas condicionada por los lastres que deja una década de procés, que ha propiciado la división social en la comunidad, su declive económico, la merma de su nivel educativo y una fragmentación y polarización políticas que dificultan las alianzas postelectorales y favorecen un escenario de bloqueo después del 12-M.

Tras una campaña entendida como un personalista pulso entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez -convertido, de facto, en el candidato socialista-, y el líder de Junts y prófugo de la Justicia española, Carles Puigdemont, las posibilidades de no sumar una mayoría que haga viable la gobernanza de la región a partir de este domingo son reales.

Salvador Illa -el presidenciable del PSC que encabeza las encuestas a cada vez menos distancia del ex presidente de la Generalitat que organizó el 1-O- ya venció en los comicios de 2021, como la ex líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, lo hizo en 2017, sin que ninguno de ellos llegaran a gobernar. Un segundo triunfo consecutivo de Illa no le aseguraría la Presidencia, por la posibilidad de que las fuerzas secesionistas vuelvan a sumar mayoría. Sin embargo, al contrario de lo ocurrido en las dos anteriores victorias del constitucionalismo, el socialista tiene decidido presentarse a la investidura si vence, para forzar al resto de partidos a definirse y retratarse ante una eventual repetición electoral.

Una victoria de Puigdemont -tras una emocional campaña que no ha tenido más propuestas que la de su regreso a Cataluña aprovechándose de la amnistía para ser «restituido» después de haber sido cesado como president en aplicación del 155- supondría un duro revés a la estrategia de Sánchez, que se volcó en la carrera electoral tras ese periodo de reflexión que utilizó políticamente para opacar al resto de candidatos en liza.

Después de haber rehabilitado al jefe de filas de Junts y haber tramitado la anulación de las penas de los dirigentes separatistas para asegurar su continuidad en La Moncloa e impulsar una supuesta pacificación política de Cataluña, verse superado por el padre del referéndum ilegal, que amenaza con culminar la secesión por la vía unilateral si el Gobierno no permite la celebración de una votación vinculante sobre la ruptura, desbarataría todo el argumentario socialista y probaría que sus concesiones al independentismo sólo han servido para mantenerlo con vida a la espera de un nuevo envite a la unidad estatal. Sánchez afrontaría, además, la campaña de las europeas con sus expectativas notablemente ensombrecidas.

El papel de ERC tras el 12-M será determinante. Ya tienen asumido los republicanos que serán tercera fuerza y deberán elegir entre facilitar la presidencia de Illa, integrándose en un tripartito con los comunes, o investir a Puigdemont, gane las elecciones o quede en segunda posición, erigiéndose, en cualquier caso, Junts como primer partido secesionista.

El PP se impone como objetivo lograr superar a Vox en las urnas

Una debacle de la candidatura liderada por el actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, que llevara a ERC a precipitarse de los 33 a algo más de 20 escaños les dificultaría respaldar al PSC. El partido gobernante puede abocarse a una crisis de liderazgo que, al margen de acabar con la carrera de Aragonès, cuestione el mando de Oriol Junqueras, quien tomó el control del partido en 2011, justo cuando el procés debutaba.

Aliança Catalana, la formación independentista de sesgo xenófobo, puede tener también un papel clave. La demoscopia da por segura su irrupción en el Parlament y de ella podría depender la mayoría secesionista. ERC y Junts se comprometieron esta semana por escrito a no aceptar su apoyo «por acción u omisión», lo que dificultaría aritméticamente que el independentismo sume, puesto que tampoco debe darse por hecho el respaldo de la siempre imprevisible CUP a Puigdemont. Vienen advirtiendo los antisistema de que no tragarán con la receta liberal de Junts, que está experimentando un regreso a los planteamientos económicos de CDC.

En el bando constitucionalista, la incógnita es si el PP logrará sorpassar a Vox . Cuadruplicar sus actuales diputados puede no ser suficiente para los populares. Alejandro Fernández se juega su futuro y Alberto Núñez Feijóo su crédito, pues, como Sánchez, el líder del PP se ha vaciado en la contienda catalana.

La política de pactos afectará, directamente, a la gobernabilidad del Estado. Una alianza entre independentistas evitaría que el acuerdo de investidura con el PSOE se rompiese. Si ERC invistiera a Illa tras vencer el socialista, la reacción de Puigdemont pasaría por endurecer, más si cabe, sus exigencias a Sánchez, erigiéndose en contrapeso de un Govern más servil ante el Gobierno. Y cualquier maniobra al estilo Jaume Collboni en Barcelona, que impidiera a los neoconvergentes gobernar tras ganar hoy, dinamitaría la legislatura española, como ya ha advertido Puigdemont a Sánchez a lo largo de la campaña electoral.