La repetición forja el hábito, y desde pequeños se nos dice que es indispensable para aprender. Pero también puede ser un arma de doble filo: si siempre repetimos los mismos patrones y nos contamos las mismas historias, nunca podremos preguntarnos por qué nada cambia. La psicóloga Laura Polo (Huelva, 22 de septiembre de 1997), autora de Lo que se permite se repite (Ed. Vergara), explica que este enrocamiento se debe a las heridas no resueltas de la infancia, que se arrastran a la edad adulta.
"Cuando de pequeños no hemos sido validados emocionalmente, nos falta seguridad interna. No desarrollamos esas herramientas", explica. Por ejemplo, si de niña sentiste que tu padre prefería a tu hermano y lo viviste como "no soy suficiente", cuando una pareja te deja, se activa esa misma creencia. "El cuerpo recuerda más la sensación que el hecho en sí, y muchas veces reaccionamos a lo que ocurre desde el pasado", dice Polo.
Tú eres la persona más importante de tu vida
El cerebro repite lo que le resulta familiar porque le aporta seguridad. Salir de la zona de confort da miedo porque es incierta. "Además, creemos que los límites se ponen hacia los demás. Pero, en realidad, tienen que ver con lo que nosotros permitimos o no. En consulta veo a muchas personas que no se conocen, ni saben lo que quieren", profundiza.
Según la psicóloga, muchas veces sabemos desde el principio que algo no encaja (en una relación de pareja o en el trabajo), pero ignoramos al cuerpo, que ya nos está avisando de la incomodidad. Entender la causa de lo que sientes es el primer paso. "Pasarás toda tu vida contigo. Si esa relación es hostil, cada día será una batalla. Estar en conflicto interno genera un malestar constante", reflexiona.
Un diálogo interno dañino
Vamos tan en automático que no procesamos. Polo siempre les dice a sus pacientes que se pregunten: "¿Cómo me hace sentir este pensamiento?". "No es lo que pasa, sino lo que te dices sobre lo que pasa. Es más fácil culparte a ti mismo que aceptar que hay cosas que no dependen de ti".
Además, el diálogo interno es la voz de las personas que nos criaron. "El modo en que te hablaron en la infancia se convierte en cómo te juzgas de adulto". Si te repitieron que eras un torpe de crío, sigues verbalizándolo al crecer. "Por eso es tan peligroso etiquetar a los niños: les cuesta diferenciar una creencia de una certeza, su cerebro no está maduro".
No toda culpa es igual, explica Polo. La culpa legítima es una brújula interna: "Te señala que actuaste contra lo que realmente valoras". La culpa impuesta es ruido externo: "Te castiga por no estar a la altura de lo que otros esperan de ti".
Tu valor no está en lo que haces
Se nos ha enseñado a valorar el rendimiento olvidando la inteligencia emocional, opina la psicóloga. "Nuestro valor no está en todo lo que hacemos, sino en lo que somos y en cómo hacemos sentir a los demás. La autoexigencia nace de creer que valemos por hacer más". Por eso es tan importante parar al menos unos minutos durante el día, aunque no sea fácil: "Al ser humano le cuesta enfrentarse a la incomodidad".
En general, las mujeres exteriorizamos más, mientras los hombres se hacen los fuertes. Pero a ambos sexos nos afectan estos patrones, asevera la psicóloga. "A veces nos quedamos en lugares donde sabemos que no es por miedo al rechazo o al conflicto. Vemos el enfado como algo malo, pero si no conectas con esa emoción y la rechazas, vivirás situaciones muy injustas y no sabrás poner límites", advierte la psicóloga, que ve mucha falta de autoestima. "Si no sabes quién eres, te crees lo que dicen de ti. Hay que parar y preguntarse: ¿quién me lo dice?, ¿desde dónde? No todo depende de nosotros".
Hay una gran dificultad para identificar emociones, cree la profesional. "La terapia no es sólo para calmar un malestar, también sirve para conocerse". Hoy se habla e investiga más sobre salud mental, pero sigue habiendo estigmas. "Algo tan simple como usar las notas del móvil o enviarte un WhatsApp a ti mismo puede ayudarte en un momento de bloqueo". También aprender a decirle al pensamiento: "Ahora no, luego hablamos". Otras herramientas útiles son salir a pasear sin móvil y hacer deporte en la naturaleza: "Desconectar para volver a conectar contigo".
Lo que se permite se repite. Cómo deshacer los bucles mentales
Está editado por Vergara y se puede comprar aquí.
