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Irene López, psicóloga, sobre los adolescentes y las apuestas: "Hay que hablar con ellos de los riesgos igual que con el alcohol y las drogas, pero sin sermones"

Ayer se publicó un informe del Plan Nacional Sobre Drogas sobre adicciones comportamentales y otros trastornos entre chavales de Secundaria que muestra un incremento en los juegos de azar, tanto online como presencial. A los 14 años introducen dinero en la ecuación.

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Irene López, psicóloga, sobre los adolescentes y las apuestas: "Hay que hablar con ellos de los riesgos igual que con el alcohol y las drogas, pero sin sermones"
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Un estudio reciente elaborado por Unicef y la Universidad de Santiago de Compostela afirma que uno de cada 10 adolescentes españoles menores de 18 años reconoce haber apostado alguna vez. El informe, Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital, recoge también sus motivaciones y así, determina que la mitad de los chavales que apuestan (un 47%) lo hace con la convicción de poder ganar dinero.

En los últimos años, no sorprende la imagen del juego como una actividad de ocio entre jóvenes. El uso de pantallas, las plataformas de apuestas 'online' y el relato del dinero fácil alimentan esta práctica con más sombras que luces, en el que a menudo se utiliza como gancho publicitario a ídolos juveniles como famosos deportistas.

Según datos de la Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (Estudes), elaborada por el Ministerio de Sanidad y publicada ayer, ha aumentado la prevalencia del juego de azar 'online' y presencial, especialmente en varones. También dice que en 2023 se registraron 4.916 admisiones a tratamiento por adicciones comportamentales, principalmente por juego, y que la edad media de inicio en estas actividades con dinero de por medio es 13,9 años.

Esta narrativa la sostienen otros puntales, como el fenómeno de los criptobrós, supuestos gurús financieros que animan a invertir en criptomonedas augurando pingües beneficios; vendehumos del estilo Amadeo Llados y su venta de cursos para ser un rico exprés; y creadores de contenido cuyo ejemplo inspira a millones de adolescentes en todo el mundo, como MrBeast. Tiene 27 años y es uno de los youtubers mejor pagados del mundo con 466 millones de suscriptores en su canal.

Es famoso por organizar retos y premiar a los ganadores con ingentes cantidades de dinero. Para muchos, es millonario gracias a la caridad convertida en show. Para otros, regala prosperidad y punto. En un artículo como este sobre la relación de los adolescentes con las apuestas y, sobre todo, con el money, sacamos a colación a este creador de contenido que maneja cash como si fuese pipas. Mientras otras historias de éxito comienzan con un burro y dos cubos, la suya dio un volantazo meteórico con un vídeo que publicó en 2017. En él se grabó contando de 0 a 100.000 durante unas 40 horas. Un reto absurdo para el que no parece necesario estudiar ninguna carrera y que se viralizó, poniendo la primera piedra de su colosal fortuna actual.

Este caldo de cultivo es el que inspira a una parte de los jóvenes, que buscan un pasaporte a la supuesta abundancia a través de las redes, las apuestas y las inversiones financieras arriesgadas. Caminos, por cierto, todos ellos alternativos a una jornada laboral de ocho horas. Preguntamos a Irene López, psicóloga y responsable clínica terapéutica de los centros anda CONMiGO, los riesgos del binomio adolescencia-juego, la distorsión del concepto de esfuerzo y la gestión de la frustración.

¿En qué afecta el juego a los adolescentes?
En esta etapa son más vulnerables porque están desarrollando su identidad. Todos ven en redes sociales que jugar es algo divertido y que los ayuda a ser socialmente aceptados. Las redes normalizan las apuestas e invisibilizan los riesgos. Por eso para los menores es aspiracional: ven a personajes, incluso deportistas, que hablan de apuestas y se muestran jugando, en lo que es una publicidad encubierta que es muy efectiva. Después, el algoritmo detecta el interés y les mostrará contenidos similares. Los que juegan también exhiben sus ganancias y extienden la creencia alterada de que el dinero se gana sin esfuerzo.
El informe de Unicef dice, además, que el 65% de los adolescentes que apuesta lo hace por diversion. ¿Qué les ofrece?
Lo primero es que acceder a una plataforma para la que tienen que saltarse el control de edad ya les genera la adrenalina del riesgo. También les aporta aceptación en un grupo y en esta edad el componente social de estar con amigos es muy potente. Otro factor es que reciben una recompensa inmediata y el cerebro adolescente, con las áreas de control de impulsos en plena maduración, se rinde fácilmente ante estos estímulos. La emoción y adrenalina, la validación social y la posibilidad de ganar algo muy rápido les dan una gratificación inmediata.
¿Las páginas online tienen algún método de verificación de edad o puede meterse cualquiera?
No todas son iguales, pero muchas solo preguntan si eres mayor de edad, algo que se falsea fácilmente, porque no piden ninguna certificación. Algunas sí piden el nombre y otras, las más estrictas, sí requieren datos para que Hacienda fiscalice las posibles ganancias. Los chavales se van, claro, a las que tienen menos controles.
¿Qué perfiles de adolescentes se asocian a esta adicción?
Primero, aquellos con dificultades para regularse emocionalmente, que no controlan la ansiedad, la frustración, etc., y las apuestas son vías de escape y evasión para ellos. Segundo, adolescentes con TDHA u otros trastornos similares que no controlan sus impulsos ni anticipan las consencuencias y buscan estímulo constante. Tercero, chavales con baja autoestima, que no destacan en nada, ni en deportes ni en estudios y cuando apuestan y ganan, reciben sensación de éxito y euforia. Y por último, chicos expuestos a un entorno social o familiar con consumo de sustancias o donde el dinero se consigue sin esfuerzo.
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¿Cómo detectamos en casa que un adolescente puede estar apostando?
Si vemos que se aísla socialmente, que está más irritable, si hay fracaso escolar, si no cumple con horarios ni su planificación de estudio, si pasa muchas horas con pantallas y no cumplen con horarios ni planificación de estudio, etc. También suelen rechazar la comunicación familiar. Otras señales de alarma son si falta dinero en casa y si venden objetos personales.
¿Qué debe hacer la familia ante la sospecha de adicción?
Hay que hablar del tema, no silenciarlo, igual que hacemos con el alcohol, las drogas, el sexo... Tenemos que hablar de los riesgos de apostar sin sermones y sin dramatizar. También debemos supervisar lo que hacen sin invadir su intimidad: controlar qué apps tienen en el móvil, cuánto tiempo pasan en internet, en qué gastan su dinero y promover otras alternativas de ocio. No solo tenemos que decir 'esto no lo hagas', sino ofrecerles otras actividades que les den sensaciones parecidas a lo que les da el juego. Y ser modelos para ellos. Quién no ha jugado a la lotería o al Euromillón... Así transmitimos el mensaje de que el dinero se consigue por suerte y no con esfuerzo.
¿Podemos echar con ellos la típica partida de cartas en familia apostando algunas monedas?
No hay por qué dejar de tener una recompensa para hacer el juego más atractivo y dinámico, pero no si sabemos que nuestro hijo está en riesgo. Hacerlo de forma puntual añade motivación extra, pero hay que insistir mucho en que el dinero se gana trabajando y que no debe gastarse a la ligera.
Muchos adolescentes piensan que ganar dinero es fácil. Lo ven en los youtubers, a quienes creen millonarios...
Todos, no solo ellos, recibimos información no contrastada y nos perjudica la mente. Si perciben que se puede ganar mucho dinero trabajando poco creerán que no hace falta estudiar ni esforzarse. Cuando no ganan en las apuestas o no consiguen seguidores tan fácilmente como habían creído, llegan emociones como la culpa y la vergüenza, y no saben gestionarlas. Así empieza una espiral de fracaso que les lleva a volver a apostar para intentar recuperar lo perdido, por ejemplo, y eso es muy peligroso. También se desconectan de la realidad creyendo que son más listos que el propio sistema y que las demás personas, y que podrán controlar el azar. Esto a nivel psicológico es devastador, porque criamos chicos que no tienen expectativas reales y gestionan mal la frustración y el fracaso.