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La sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente y las personas parece la única opción posible para poder disponer de un futuro medianamente vivible. En el mundo de la moda observamos ya ciertos comportamientos y estrategias que parecen dar pasos (demasiado lentos, eso sí) al frente. Pero el mundo de la joyería también lleva años inmerso en una transformación hacia la sostenibilidad.
Hablamos de un sector en el que la extracción de recursos naturales ha estado cuestionada históricamente desde el punto de vista de la ética y la sostenibilidad. La película Diamantes de sangre (2006), protagonizada por Leonardo DiCaprio -quien, por cierto, ha invertido en una enorme planta de creación de diamantes sintéticos en Trujillo (Extremadura)- es una muestra de que, afectivamente, no siempre se han hecho las cosas bien en este sector.
Diamantes de laboratorio o cultivados: una opción sostenible y ética
Los diamantes sintéticos ya son una opción real para poder lucir joyas exactamente iguales a las que cuentan con diamantes naturales, pero con el plus de tener la seguridad de que esa gema no procede del extractivismo sino de un laboratorio. Además, los lab diamonds son considerados auténticos. No son fakes o imitaciones como la circonita o la moissanita. Tienen la misma composición química (carbono puro cristalizado) y la misma dureza (10 en la escala de Mohs).
Ya sean naturales y extraídos de la tierra o creados en laboratorio, ambos tipos de diamantes se crean según el mismo proceso: primero se forman como átomos de carbono a alta temperatura y una inmensa presión, y luego se unen para formar una estructura reticular cristalina. Con las piedras ya formadas en bruto, en ambos casos se cortan y pulen para lograr su máximo brillo.
El resultado son diamantes idénticos en apariencia y composición, y se evalúan según los mismos estándares de calidad internacional y que responden a las famosas 4Cs: color, claridad, corte y carat (quilate).
Ante los más escépticos -aquellos que solo confían en los diamantes naturales- sirva un ilustrativo ejemplo. Se pueden comparar con el hielo: el que se forma a la intemperie y el que se forma en el congelador. Ambos son hielo real, pero se producen de modos diferentes.
De los anillos de compromiso a la Reina Letizia y la alfombra roja: los diamantes de laboratorio triunfan
El éxito de los lab diamonds es una realidad. Incluso en el tradicional mundo de los anillos de compromiso, donde según la plataforma norteamericana especializada en temas nupciales The Knot Worldwide, los engagement rings elaborados con diamantes sintéticos superan ya en ventas a de gemas naturales. Y es que, repetimos: los de creados de forma artificial son considerados, al igual que los naturales, diamantes auténticos.
En España, firmas como PDPAOLA, creadora de los diamantes de laboratorio que la Reina Letizia ha lucido ya en varias ocasiones, otorga un lugar especial a estas gemas artificiales en su colección Alta Joyería, la más sostenible y consciente (precios entre 650 y 1.200 euros aprox.).
Tous también se adentra en el mundo de los lab diamonds con Lio, una nueva colección que hace una interesante aportación: propone que sus piezas se luzcan en el día a día, sin tener que esperar a ocasiones especiales como un compromiso, una boda o una fiesta. Por eso, las imágenes de campaña presentan las joyas con diamantes artificiales en situaciones tan cotidianas como la ducha, comiendo un sándwich o combinadas en looks casuales con sudaderas. (precios entre 230 y 1.100 euros aprox.).
Swarovski, la firma austríaca conocida mundialmente por sus cristales de brillo único e inimitable, cuenta con created diamonds. La colección Octogon, diseñada por Giovanna Battaglia Engelber, directora creativa global de la firma, es un ejemplo. Y sus piezas con diamantes de laboratorio engastados en metales precisos como el oro y la plata son realmente increíbles (precios entre 1.800 y 6.300 euros aprox.).
Otra firma conocida, la danesa Pandora, incluye lab-grown diamonds -otra denominación más- en pulseras, anillos, pendientes y collares con diseños sencillos y siluetas finas. Y los ha llevado a la alfombra roja con modelos y celebrities como Iman, Alexa Chung, Helena Christensen, Paloma Elsesser o Georgia May Jagger, quienes los lucieron sin prejuicios en los Fashion Awards 2025 celebrados en Londres. Y confirmando que este tipo de diamantes comparten lujo, glamour y poder de statement con los naturales (precios entre 220 y 1.700 euros aprox., en España aún no están a la venta).
Origen de los diamantes de laboratorio
Los diamantes naturales se crean a decenas de quilómetros bajo tierra y a altísimas temperaturas y presiones. Y su proceso de formación puede tardar millones de años. Después, y gracias a la actividad volcánica y a la minería, salen al exterior y son extraídos. Pero en 1950 comenzó a investigarse la idea de crear diamantes de forma artificial. Y se descubrió el sistema HP HA (Alta Presión y Baja Presión) que, si bien funcionaba creando gemas artificiales, requería un enorme consumo de energía para crear tan solo pequeños diamantes.
Hacia los primeros años 90 del siglo pasado fue cuando, gracias a la incorporación de una nueva técnica denominada CVD (Chemical Vapor Deposition), la creación de diamantes en laboratorio arrojó mejores resultados a todos los niveles. Ahora sí, las piedras obtenidas tenían un tamaño suficiente para poder ser útiles en el sector de la joyería. Y aunque al principio los costes de producción eran muy elevados, y por tanto el precio final del lab diamond también, con el paso del tiempo y el desarrollo en las tecnologías aplicadas, el precio final ha bajado considerablemente. Pero que nadie piense que son baratos porque, insistimos: los diamantes artificiales también son diamantes auténticos.




