- Bego Prados, madre de una niña autista: "Mi hija no es un ser de luz, no me ha hecho mejor persona ni soy una heroína"
- Nadja Manjón, la historia de los deportistas que se quedan en el camino y nunca se cuenta: "Nadie te prepara para lo habitual, no llegar a nada"
- ¿Por qué la depresión afecta tres veces más a las mujeres que a los hombres? Los expertos responden
A partir de los 40 años el cuerpo de la mujer cambia, la energía no es la misma y aparecen molestias que a menudo se normalizan o se viven con pudor. Son las primeras señales, habitualmente silenciadas, del inicio de una nueva etapa que en muchos casos no se manifiesta plenamente hasta bien cumplidos los 50, pero que para ese momento lleva ya años instalada en la vida de cualquier mujer. Con ello se encontró de golpe Asun Arias, cuando le tocó vivirlo en carne propia y de una manera "casi feroz", asegura. Farmacéutica de profesión y especializada en patologías de la mujer durante el climaterio, la vida de Asun también cambió de forma radical, y a peor, cuando la menopausia comenzó a trastocarlo todo e, incluso con su formación, fue consciente del desconocimiento sobre esta fase de la vida de una mujer. "La salud femenina no es algo de lo que avergonzarse ni que deba vivirse en privado, sino que hay que entenderla y poder contarla", asegura.
En definitiva, sacarla del armario para que no suponga un problema: "Hoy día vivimos muchos años, así que las mujeres pasamos buena parte de nuestra vida sin regla. Necesitamos normalizarlo y hablar claramente de ello", afirma. Y en esa misión se embarcó: lleva años formando -con masterclass y cursos específicos- a los profesionales de las farmacias para que éstas se conviertan en un lugar de referencia al que la mujer pueda acudir en una primera instancia. De hecho, algunas de sus alumnas han creado el club Guerreras de la Menopausia, que aglutina a varias farmacéuticas con el objetivo común de ayudar al bienestar de la mujer y compartir conocimientos prácticos sobre salud hormonal.
Vivir la menopausia es un grado
Asun aborda los problemas del climaterio y la menopausia sin dramatismo ni banalización. "Más allá de la formación, vivir esta etapa es un grado", asegura, "he tenido todos los síntomas conocidos y más, y sé que la mayoría de lo que nos ocurre a las mujeres en este periodo se debe a una cuestión fisiológica, pero esto no quiere decir que sea sano", explica.
Como primeros síntomas de la menopausia es inevitable apuntar a los sofocos y las sudoraciones. "Un 85% de las mujeres los tienen, y dentro de este porcentaje, hay quien sufre sólo uno al mes y quien, como me ha pasado a mí, puede contar 19 a la hora. Cuando los síntomas son leves o moderados, no tienes tan buena calidad de vida como antes, pero puedes vivir. No es el caso si tus síntomas son severos, como los míos; resulta literalmente imposible, ni de día ni de noche. No pegas ojo, ¿y en qué estado te levantas por la mañana?", pregunta Asun. Los sofocos es lo más común y temido, pero no lo único que llega. Según constata el Barómetro de la Menopausia, un reciente estudio promovido en 2025 por STADA en colaboración con la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), en esta etapa por las mujeres pueden verse afectadas significativamente por más de 200 síntomas que incluyen cambios físicos, emocionales y de peso. "Hay que saber que en un 10% de los casos estos síntomas no cederán y te acompañarán hasta la tumba. Es más, para un 25% de nosotras serán severos", añade Asun.
No estás loca
Cuando llegan esas primeras señales de menopausia, hace tiempo que los cambios han comenzado en el cuerpo de la mujer. "Durante el climaterio, que tiene lugar en torno a los 40 años, empezamos a notar cosas que no sabemos muy bien a qué se deben, pero que sí reconocemos como distintas. Y no pasan sólo por la alteración de los estrógenos, también responden a los cambios que se producen en las sustancias químicas que genera nuestro cerebro", explica. Una de ellas, la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad, precursora de la melatonina y la que influye directamente en nuestros cambios de humor y nuestra capacidad para conciliar el sueño. "Estás irritable, lloras de repente y al momento siguiente ríes... Te sientes mal, pero no sabes qué te pasa y tienes una inestabilidad que te genera cargo de conciencia. Estás fuera de control y parece que estés loca, pero de eso nada. De hecho, ahora tengo un orden mental como nunca antes en mi vida; es lo único que mejora con los años", confiesa Asun Arias, "pero si vas al médico con esos síntomas, que son los de una depresión en toda regla, únicamente consigues un antidrepresivo".
La revolución de los bajos fondos
Aunque el síntoma evidente de la menopausia sean los sofocos, no es el que más afecta a las mujeres. "El más habitual es también el que más se oculta, un gran tabú: la atrofia vaginal", asegura la experta. Y es lo que cambia por completo la vida sexual. "La bajada de los estrógenos sube el ph de la vagina y provoca una sequedad tremenda. Puede afectar también a nivel urinario, aumentando las infecciones, y lo que siempre produce es mucho dolor a la hora de mantener relaciones. Se trata de una cuestión fisiológica que nos obliga a afrontar la sexualidad de manera diferente. La mujer a los 50 quiere hacer el salto del tigre, pero no puede ser. Por mucho que exista deseo, es algo que depende de los estrógenos y sobre todo de la testosterona, una hormona que también nos afecta mucho y que en nuestro caso es un tema muy mal resuelto. ¿Cómo te va a gustar el sexo con penetración si duele?", apunta. De todo ello habla Asun sin tapujos en su cuenta de Instagram en lo que ella llama 'la revolución de los bajos fondos', y también bajo el prisma de su propia experiencia. "Donde más sufrí yo no fue a nivel vaginal, sino vulvar, con una sequedad horrible. Para mí el tratamiento hormonal resultó fundamental", asegura.
Vibradores para mejorar el suelo pélvico
Aunque todos los síntomas asociados a la menopausia hacen perder calidad de vida, el más preocupante en su opinión es el aumento del riesgo cardiovascular. "En este periodo sube muchísimo debido a la bajada de estrógenos. Ocho años después de tener la menopausia, se equipara al de un hombre", apunta la experta. Algo que está directamente relacionado con la gran preocupación de las mujeres en esta etapa: el aumento de peso que parece instalarse en el cuerpo independientemente de la dieta que se siga. "Se debe a que cambia la forma en que se distribuyen los depósitos de grasa, que deja de acumularse de la forma habitual en nuestros glúteos, las caderas y el pecho y pasa a quedarse en el abdomen: empezamos a tener grasa visceral. Y aunque con un esfuerzo titánico consigamos mantener el peso de siempre, hay que olvidarse de vestir la ropa que llevábamos a los 30; no nos sirve, porque aunque estemos delgadas la forma del cuerpo ya es otra. Y contra eso no se puede luchar", explica.
El otro gran tabú incluye a todos los problemas relacionados con el suelo pélvico, "que se normalizan en muchos casos, aunque nunca debe hacerse. ¿Por qué justificamos esa gota de orina que se nos escapa con el hecho de partirnos de risa? Es injustificable, y si pasa, aunque sea una sola vez, hay que ponerse sin tiempo que perder en manos de ginecólogos, sexólogos y fisioterapéutas especializados", advierte Asun Arias. "Es fundamental contar con una valoración profesional. Además de los famosos ejercicios de Kegel, hoy día hay muchas cosas que se pueden hacer para recuperar el suelo pélvico: aparatología que funciona muy bien, masajes y, sobre todo, una gran variedad de vibradores que utilizados por fuera mejoran mucho la zona, porque la vibración es muy buena", asegura.
En el mismo sentido, Asun avanza los otros dos temas que una mujer no puede normalizar cumplidos los 40. "Debemos hacernos dos preguntas: ¿cómo duermo? y ¿cómo hago la digestión?", apunta. "Si algo no va bien en las respuestas, tenemos que pensar que estamos ante los síntomas iniciales de la menopausia. Y en ambos casos son las primeras cuestiones que necesitamos arreglar, porque nuestra salud depende de evitar el estrés, que es el mayor enemigo del sexo, y de cuidar nuestro aparato digestivo; es decisivo para nuestro sistema inmune", explica.
Cambiar el cuento
Aunque el panorama pueda parecer desolador, tiene solución. Así lo asegura la farmacéutica, con conocimiento de causa porque ella lo ha probado consigo misma: "Me ha cambiado la vida", afirma. ¿Y cuál es? "En primer lugar, debemos hacer ejercicios de fuerza, cambiar la alimentación y comer mucha más proteína, nos guste o no. ¿Desayunas una tostada con aceite? Pues fatal, necesitas incluir también atún, aguacate, jamón o algo similar", insiste.
En los casos más graves, la experta recomienda recurrir a la terapia hormonal. "Gracias a ella yo tengo calidad de vida. Es cierto que aumenta el riesgo de cáncer de pecho, pero recibimos dosis mínimas que no tienen que amedrentarnos, porque equivalen al mismo incremento que supone tomar un vaso de vino al día. Bien controlada por un médico, permite tener vida", apunta.
Además, recomienda una buena suplementación. "Es decisiva para marcar la diferencia. Resulta indispensable tomar magnesio y vitaminas D y K, que ayudan a nuestros huesos, nuestras neuronas y al sistema inmune. Además, Omega 3 y espino amarillo, para reducir la inflamación de bajo grado y favorecer la hidratación de la piel y las mucosas. Y extracto de azafrán, que mejora el estado de ánimo", apunta. Por último, recomienda coenzima Q10 con niacinamida y acetil-L-carnitina, "para ganar energía y reducir el estrés", concluye.

