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Género: varón. Edad: veintitantos. Contexto vital: abandono infantil, maltrato, exclusión social severa. Motivo de consulta: conductas violentas, obsesión, venganza, duelo patológico. Síntomas: ira crónica, rencor persistente, incapacidad para regular las emociones, amor obsesivo, vacío existencial, relaciones instrumentales, control, dominación, abuso físico y psicológico, miedo extremo al abandono, fusión emocional patológica, venganza sistemática, manipulación, conductas sádicas, crueldad hacia humanos y animales, secuestro, coacción, explotación financiera, pensamiento dicotómico, rumiación obsesiva, ideas de persecución, deseo explícito de morir, fantasías post-mortem. Diagnóstico: trastorno de estrés postraumático complejo con rasgos límite y antisociales, agravado por un duelo patológico.
Y pese a todo, el hombre al que acabamos de hacer pasar por el diván del psiquiatra, Heathcliff, alma masculina de Cumbres Borrascosas, sigue siendo percibido hoy, 179 años después de que Emily Brontë escribiera su única y magistral novela, como un héroe romántico. Tanto es así que prácticamente siempre aparece en los primeros puestos de las encuestas sobre grandes amantes románticos de la literatura.
No es de extrañar en ese sentido que Hollywood, de la mano de Margot Robbie, que no sólo protagoniza la nueva versión, sino que también la produce, haya decidido rescatar la novela y darle el papel protagonista masculino alsexy mandel momento: Jacob Elordi. Y ello, por mucho que haya quien presente al respecto las mismas suspicacias que mostró en 2015 la escritora Anne Tyler en un artículo para el New York Times: "De alguna forma llegué a la adultez sin haber leído Cumbres Borrascosas, pero entonces descubrí que varias de mis amigas consideraban a Heathcliff su héroe romántico favorito de todos los tiempos. Así que me leí unas tres cuartas partes del libro. E inmediatamente desarrollé serias preocupaciones sobre la salud mental de mis amigas".
De la película que viene tenemos de momento un par de tráilers que ya han desatado la polémica, aunque esto es decir nada en una época en que cualquiera monta un pollo por cualquier cosa. Por una parte, porque Jacob Elordi es demasiado blanco (en el original, se lo caracteriza como agitanado). Por otra, por su falta de fidelidad histórica (la ropa se ha dejado a la imaginación de la diseñadora de vestuario, Jacqueline Durran, que prima efectismo sobre verosimilitud). Y también por los indicios de que más que Cumbres Borrascosas vamos a ver una especie de Cincuenta sombras de Grey en clave decimonónica.
Esto no es inane. En la novela, entre los protagonistas hay muchas pasiones desatadas... pero no sexo. De hecho, esa falta de relaciones físicas es clave en la novela. Porque el amor entre los protagonistas no es carnal, sino metafísico (Catherine no dice "te deseo", dice "yo soy Heathcliff"). Además, el deseo reprimido alimenta la violencia, ingrediente central del relato, ya que genera la obsesión de Heathcliff. Bueno, pues en la nueva versión sí habrá mucho deseo, y de alguna forma satisfecho (ver tráiler).
En cualquier caso, lo que aquí nos trae es Heathcliff, uno de los personajes más fascinantes de la literatura universal. En el cine le han dado vida muchos, los más importantes Lawrence Olivier (1939), Timothy Dalton (1970) y Ralph Fiennes (1992) en la que, según la crítica, es la versión más fiel al original (le daba la réplica en el papel de Cathy una muy acertada Juliette Binoche. Fiennes estaba tan tremendo que su interpretación convenció a Steven Spielberg para ofrecerle al sádico oficial nazi de La lista de Schindler).
Para los neófitos en Cumbres... Heathcliff es un niño vagabundo que es adoptado por el patriarca de una familia terrateniente, los Earnshaw, y que a la muerte de éste es despojado de los privilegios familiares y convertido en un sirviente embrutecido. Enamorado hasta las trancas de su hermanastra Catherine, la boda de ésta con el heredero de una familia de postín lo enloquece. Escapará y cuando regrese, ya con cierta fortuna, lo hará con (mucha) sed de venganza.
El caso es que, visto desde nuestra óptica actual, Heathcliff no debería ser un héroe sino un demonio... Pero ¿qué digo? Ésa también fue la óptica con que lo vieron sus contemporáneos. De hecho, a la publicación de la novela (que Emily firmó con pseudónimo masculino) nadie entendió toda esa violencia desplegada por Heathcliff en sus páginas. Más. Charlotte Brontë escribió en el prólogo de la obra: "Heathcliff muestra un único sentimiento humano y no es su amor por Catherine, que es un sentimiento fiero e inhumano... No; el único vínculo que conecta a Heathcliff con la humanidad es su afecto por Hareton Earnshaw, a duras penas reconocido [...]. Sin estos rasgos, podríamos decir que es, no el hijo de un gitano o de un láscar, sino un espítitu maligno animado por un demonio-genio demoníaco".
Entonces, ¿por qué nos atrae Heathcliff? ¿Por qué le perdonamos su maldad sistemática? ¿Por qué cuando declama en el páramo su icónico monólogo -"Catherine Earnshaw, ¡que no encuentres descanso mientras yo viva! (...) Quédate conmigo siempre, adopta cualquier forma, ¡vuélveme loco! Pero no me dejes en este abismo donde no puedo encontrarte. ¡Dios mío, es insoportable! No puedo vivir sin mi vida. ¡No puedo vivir sin mi alma!"- aún se nos pone la piel de gallina?
Para Sara Martín Alegre, profesora de Literatura Inglesa y Estudios Culturales en la Facultad de Filosofía y Letras de la Autónoma de Barcelona, la respuesta está bastante clara. En su trabajo El reflejo borroso de Heathcliff: Hareton Earnshaw y la reproducción de la masculinidad patriarcal en Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, escribe: "Hay que maravillarse del modo en que la crítica literaria ha confundido su egoísmo [el de Catherine] y la desesperada parálisis de Heathcliff ante éste con una defensa del amor romántico" y advierte cómo las sucesivas adaptaciones han tendido a leer la novela de Brontë como el relato "de la victimización de Heathcliff por parte de una mujer ambiciosa socialmente que traiciona su amor". Eso sí, subraya, los lectores victorianos no tenían duda alguna de que Heathcliff era "un monstruo, un villano gótico", y desvela cómo "las modernas lecturas interesadas de Heathcliff como héroe joven, apuesto y misterioso destruido por una joven caprichosa y manipuladora aparecen en la década de 1930". Martín se muestra exasperada al "comprobar que Heathcliff recibe gran simpatía por parte de lectores y críticos pese a la evidencia innegable sobre su crueldad, que Brontë acumula". Y añade: "No podemos en modo alguno por razones éticas seguir celebrando el supuesto romanticismo heroico de Heathcliff cuando él no es sino un villano maltratador, muy parecido a los que emponzoñan nuestra actual sociedad patriarcal".
La experta también nos da una clave importante para entender nuestra atracción por el personaje: Emily Brontë no calculó bien el impacto que el atractivo físico y las palabras de Heathcliff en ciertos momentos de la novela iban a tener sobre los lectores. Éstos, arrastrados "por la elocuencia emocional» de sus palabras «a desear que un amante sintiera lo mismo por ellos, quedan incapacitados para simpatizar con quien más lo merece: las víctimas de la terrible venganza que Heathcliff desata, una vez perdida Cathy, a lo largo de la extensa pero ninguneada segunda parte de la novela». Sencillamente, nos gustaría saber qué se siente cuando te aman de forma tan desmedida. Eso sí, sin la parte mala de la historia...



