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¿Cuánto pesa una medalla olímpica? Adriana Cerezo, Lydia Valentín, Gemma Mengual y Estela Giménez hablan de las 'secuelas' del éxito deportivo

Mientras Adriana Cerezo casi hace las maletas para los Juegos de París, Lydia Valentín planea sus primeros vistos por la tele tras su retirada. Tanto ellas como Gemma Mengual y Estela Giménez conocen el sabor e impacto de los éxitos olímpicos.

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De izq. a dcha. y de arriba abajo, Lydia Valentín, Esteña Giménez, Gemma Mengual y Adriana Cerezo.
De izq. a dcha. y de arriba abajo, Lydia Valentín, Esteña Giménez, Gemma Mengual y Adriana Cerezo.XIMENA Y SERGIO

Algo más de dos kilos y medio, en concreto dos kilos y 662 gramos, pesan todas juntas las medallas olímpicas (dos de oro, cuatro de plata y una de bronce) ganadas por las protagonistas de este reportaje. Pero hay otro peso mucho más difícil de determinar, el que esas mismas medallas obtenidas en la que para muchos deportistas es la competición más importante del mundo, tiene sobre la vida. ¿Cuánto pesan en la autoestima, en la actitud frente a los retos, en la medida del éxito y el fracaso? ¿Dónde quedan en el recuerdo? ¿Qué valor tienen en el relato autobiográfico? De hecho, ¿qué se hace con una medalla olímpica? ¿Se esconde en un cajón o se exhibe en una vitrina?

Estela Giménez, una de las niñas de oro

Quien más lejos tiene la suya en el tiempo -eso sí, una medalla absolutamente histórica- es Estela Giménez (45 años), miembro del equipo de gimnasia rítmica que sería conocido como las niñas de oro a raíz de su paso por Atlanta '96, donde con sus compañeras Marta Baldó, Nuria Cabanillas, Lorena Guréndez, Tania Lamarca y Estíbaliz Martínez consiguió el galardón más alto en la modalidad de conjuntos, un hito que no ha vuelto a repetirse para España en esta disciplina.

Estela Giménez lleva vestido con capa de raso de seda, de Stella McCartney, y pulseras en oro y piedras naturales, de Aurelie Bidermann.
Estela Giménez lleva vestido con capa de raso de seda, de Stella McCartney, y pulseras en oro y piedras naturales, de Aurelie Bidermann.XIMENA Y SERGIO

«Yo me retiré muy joven, a los 18. Ahora las gimnastas pueden tener más recorrido, lo que les permite vivir la gimnasia de otra manera, con mayor madurez. Antes no era así», explica hoy Estela sin un ápice de nostalgia en la voz; «lo bueno es que con 18 años puedes empezar tu vida desde cero, estudiar lo que quieras. Cuando la carrera deportiva es mucho más larga, sales muy desubicado. Eso se está gestionando mucho mejor ahora, se está trabajando mucho más la retirada del deportista».

La vida después de la gimnasia

En los 27 años que separan su vida actual de aquel momento ha habido tiempo para mucho y muy diverso. Digamos que Estela Giménez está acostumbrada a los saltos mortales. Ha sido entrenadora, modelo publicitaria, presentadora de televisión. Ahora, en una nueva cabriola, se dedica a los eventos, en el marco de una fundación.

Porque Estela Giménez puede con todo. Menos con el deporte. «Soy muy vaga. Después de Atlanta me tomé un año sabático que se convirtió en años. Ahora intento hacer deporte y al cabo de una semana me digo: 'Pero para qué, si ya he hecho lo que tenía que hacer'», se ríe. De Atlanta le queda, dice, una amistad inquebrantable («tenemos un grupo de Whatsapp, te distancias, pero luego retomas, es algo que nos va a unir de por vida») con sus compañeras de equipo. Y alguna anécdota para enmarcar: «La visita al McDonalds en la villa olímpica después de la victoria. O el momento en que Almudena Cid, que ya había terminado lo suyo, vio desde la grada cómo caían las rusas y vino corriendo hasta donde estábamos nosotras al grito de '¡han fallado las rusas! ¡Vais a ganar!'».

La medalla de oro está hecha de plata pura chapada en oro (seis gramos para un peso total de 556). A Estela Giménez parece pesarle la suya lo que una pluma. «En mi caso la medalla no supuso ninguna presión posterior. Aunque todo el deporte de élite tiene su lado oscuro -son duros, no se recompensan como debieran...-, yo siempre he intentado gestionarlo de forma positiva. Cuando me retiré, tenía claro que aquello era el final. Del éxito olímpico lo que quedan son las personas que vivieron contigo ese momento, la vida, no el postureo».

Adriana Cerezo, rumbo a París

Adriana Cerezo está en el otro extremo de esa cuerda de acontecimientos, tan cerca de unos juegos olímpicos que casi los puede tocar con los dedos. De momento, el presente es suyo. Ganó la plata en taekwondo (categoría -49 kg) en Tokio 2020 y hace nada, a sus 20 años, se ha hecho con el oro en los campeonatos de Europa. En cuanto al futuro, el más inmediato se llama París 2024, donde debutará el 7 de agosto. Traerla al estudio para fotografiarla ha sido casi un milagro, porque a unos 70 días del evento se imponen la rutina y las mínimas complicaciones posibles.

Adriana Cerezo con crop top y pantalón de Emporio Armani, sandalias de Hereu y pendientes con baño de oro de Alhaja.
Adriana Cerezo con crop top y pantalón de Emporio Armani, sandalias de Hereu y pendientes con baño de oro de Alhaja.XIMENA Y SERGIO

¿Cuánta presión se soporta con la cita olímpica a la vuelta de la esquina? «No, al contrario, ahora es un momento de disfrutar», dice convencida, «empiezas a ver que todo el entrenamiento va fluido, que te llega la ropa del Comité Olímpico, ves a gente de otros deportes que también está emocionada por ir a los Juegos y toda esa energía se transmite entre nosotros. Creo que este es, de hecho, el mejor momento de todo el ciclo».

El ímpetu ante unos Juegos

Las medallas pasadas, dice, más que suponer una presión extra lo que hacen es «respaldar un poco más tu proyecto, lo que quieres hacer. Nosotros a lo que vamos a París es a ser campeones olímpicos. Tener una medalla detrás dice que estamos haciendo las cosas bien. Los títulos que he conseguido desde Tokio, más que añadir presión lo que hacen es confirmarte que vas por el camino correcto y que los retos que te planteas son posibles».

En breve, con su equipo, Adriana Cerezo pondrá rumbo a Tenerife («porque en Madrid hace mucho calor para entrenar»), donde habrá entrenamientos muy duros pero también «un ambiente muy sano y en equilibrio (porque no somos masoquistas)».

Hablando del futuro

De momento, en su cabeza sólo cabe el presente. Pero es consciente de que el futuro existe: «Es evidente que practico un deporte minoritario. No es de esos que te permiten vivir el resto de tu vida con el dinero que has ganado hasta los 35. Mientras estás en el alto nivel puedes vivir de esto, porque hay becas, está el ADO [Asociación de Deportes Olímpicos, otorga a los deportistas becas basadas en los resultados], pero más allá de eso no hay nada, por eso es muy importante que te vayas creando una base de estudios, de trabajo, e ir viendo opciones, pero no porque mañana se vaya a acabar tu carrera deportiva, sino porque tú también te puedes cansar, decidir un buen día que hasta aquí has llegado y adiós. Y, claro, en ese momento empieza un poco el precipicio. Compañeros que ya han pasado por esa situación te aconsejan que te abras puertas de cara al futuro, que estés preparado».

Ella, de momento, estudia Criminalística, Ciencias Forenses, en Alcalá. Le queda un año para acabar. Y le atraen, como destino, los Cuerpos Especiales del Estado. «Yo en realidad no iba a estudiar esto, sino Bioquímicas», comparte, «pero el día de la preinscripción mi madre me dijo: '¿Pero tú te ves en un laboratorio?', y yo dije: 'Pues mira, la verdad es que no'. Y existía esta carrera, me llamaba la atención la policía y aunque no sé qué ocurrirá en el futuro, al menos sé que puede ser una puerta abierta».

Sueños por cumplir

Cosas aparcadas por el deporte tiene pocas, dice: «Irme algún año a vivir fuera, por ejemplo, aunque es verdad que viajo mucho por el deporte». Como cualquier deportista, «como cualquier persona en su vida», añade, «tienes que hacer elecciones en ciertos momentos. El que quiere ser el mejor de su carrera tiene que elegir dedicarle más tiempo a estudiar. Pues nosotros, igual. Pero no me parece ningún drama. Cada uno elegimos por nosotros mismos y hacemos lo que queremos hacer».

Y una vez hecho, adiós. «Las medallas ganadas dejan de tener importancia porque lo importante es lo que tienes por delante, lo que está por venir», explica Adriana Cerezo, «lo que ya ha pasado no nos lo va a quitar nadie». La suya olímpica estuvo guardada en un cajón, bastante olvidada de hecho, hasta que su padre tomó cartas en el asunto: «Un día me dijo: 'Vamos a sacarla, para que la veas de vez en cuando', porque también está bien recordar lo conseguido».

Esa medalla, la olímpica de plata de Adriana Cerezo, está hecha de plata pura y pesa unos 550 gramos. Sorprende, como sus hermanas mayor y menor, por su gran tamaño (85 mm de diámetro y 9,2 mm de grosor). Resulta que la menos agradecida de las medallas (te deja sólo a las puertas de ser el ganador) es la más abundante en el palmarés español olímpico. Setenta y tres hemos conseguido los españoles desde París 1900 (donde, por cierto, nos estrenamos con un oro gracias al equipo de cesta punta por parejas, la nuestra formada por José de Amézola y Francisco Villota).

Gemma Mengual, reina de la sincro

Dos medallas de plata atesora Gemma Mengual (47 años), retirada de la natación sincronizada (ahora llamada artística) desde 2016. Detrás queda una vida deportiva larguísima y exitosa (19 medallas en el Mundial, 15 en los europeos de natación) que dio, entre muchas otras cosas, para participar en cuatro juegos olímpicos de verano.

Gemma Mengual posa con vestido de Sportmax y pendientes de Swarovski.
Gemma Mengual posa con vestido de Sportmax y pendientes de Swarovski.XIMENA Y SERGIO

No deja de ser curioso que la convoquemos para hablar de las medallas que ganó en Pekín 2008 y sus secuelas cuando ella acaba de terminar el rodaje de la próxima edición del reality 'Pekín Exprés', del que no podemos hablar por exigencias del guion. Aun así, colamos preguntilla: «Ha sido una experiencia muy intensa y reveladora para mí, he vivido cosas que nunca antes había vivido, me he tenido que buscar la vida partiendo de cero, ha sido muy duro, pero también muy guay. Se lo recomiendo a todo el mundo».

Si lo anterior, en vez de referirse a un programa televisivo, lo hiciera a su carrera deportiva, o a su experiencia en los juegos olímpicos, seguro que no sería muy diferente.

Recuerdos de Pekín

Sus dos medallas, conseguidas en Pekín, dice, «las recuerdo como un sueño, eran la culminación, las primeras de la sincro española, todas en el equipo éramos conscientes de que era nuestro momento». Gemma Mengual se retiró por primera vez con 31 años, para ser madre, luego regresó, ya con dos hijos, y tras algunos titubeos volvió a competir. Cuando ya no se lo esperaba surgió la oportunidad de participar en los Juegos de Río de Janeiro, en 2016, y se puso el mundo por montera: «Sabíamos que era muy difícil, yo no había estado en todo el ciclo olímpico, sólo lo había preparado durante 11 meses, pero lo disfruté mucho, de una forma distinta».

De esos, sus últimos Juegos -«porque con 40 años dije 'hasta aquí, ¿no? Tampoco voy a seguir toda la vida compitiendo, ¡too much pal body!'», se ríe- se queda con el «¡mama!» que su hijo Jou, que entonces tenía 3 años, le gritó desde la grada cuando, en la final, ella estaba a punto de lanzarse al agua: «En medio del silencio oí su voz, todo el mundo la escuchó y se oyó un '¡ah!' emocionado del público. Fue precioso».

La mente clara

Mucho antes de ese adiós, Gemma Mengual ya había puesto en marcha toda la maquinaria para la vida después del deporte de competición. «Antes de retirarme tenía ya ideas de cosas que quería hacer. Ahorré, y lo que fui ganando lo invertí después en mis pequeñas empresas. La primera vez que me retiré, con 31, ya tenía el restaurante [el Sugoi, en San Cugat]. Ahora estoy, entre otras cosas, colaborando con la Federación Nacional de Natación, entrenando al dúo mixto, que ha hecho muy buenos resultados en los campeonatos del mundo. También soy socia de la empresa de asesoramiento deportivo Así Está el Patio, desde donde ayudamos a los deportistas a gestionar temas que les afectan pero que no son el entrenamiento, las esponsorizaciones, por ejemplo».

En su caso, la ruptura con la competición, cuenta, fue «tranquila y sin traumas». En todo caso, el deporte y las medallas, los éxitos, dice, «te hacen fuerte, más valiente. El deportista lleva dentro ese punto de valentía. Incluso con el mayor disgusto que lleves encima sales ahí a competir. Eso te prepara para la vida, porque no siempre vamos a estar bien, al cien por cien, pero el deportista sabe que aun en las peores circunstancias tiene que dar todo lo que tiene. Lo aprende desde el principio».

Gemma Mengual, en cualquier caso, sigue muy vinculada a su deporte. «Con lo que más disfruto es entrenando. No es con lo que mejor me gano la vida, eso es así, pero lo disfruto mucho. Transmitirle a otras personas lo que yo he aprendido en mi carrera... La pasión por este deporte ahora la vivo así». Al final, dice, «mis medallas son mis dos hijos. Los retos que he ido consiguiendo. Cada uno de mis pequeños logros es una medalla. Las experiencias buenas que han aportado aprendizaje a mi vida son medallas».

El descanso de Lydia Valentín

Las de Lydia Valentín (39 años) aún no han encontrado un sitio donde quedarse, una vitrina o un marco, y de momento van de un lado para otro. A nuestra sesión llegan en una caja, su oro de Londres 2012, su plata en Pekín 2008 y su bronce de Río 2016. Se retiró ayer por la tarde como quien dice, en septiembre del año pasado, «y la prioridad, una vez fuera del alto rendimiento, fue recuperarme de mi lesión de cadera, que llevaba mucho tiempo con dolor. También me he tomado un tiempo de tranquilidad, de descanso, ¡la mía ha sido una vida entera dentro del alto rendimiento!, y ahora quiero enfocar el presente y el futuro, casi todo relacionado con deporte, obviamente».

Lydia Valentín lleva crop top y falda de Hervé Leger y anillos de Cleopatra's Bling.
Lydia Valentín lleva crop top y falda de Hervé Leger y anillos de Cleopatra's Bling.XIMENA Y SERGIO

Porque para ella no hay un punto y aparte. De hecho, detesta la expresión exdeportista: «Me he retirado del alto rendimiento, pero sigo entrenando todos los días que puedo (ahora lo hago, eso sí, mucho más relajada y sin ningún tipo de exigencia), me encanta el deporte, y sobre todo me gusta fomentar el estilo de vida deportivo, saludable, ayudar a la gente que quiere iniciarse en esto». El deporte es una savia, y la savia va por dentro: «Me siento mejor cuando entreno, por eso enfoco el entrenamiento desde la salud, me parece importantísimo estar bien física y mentalmente».

Las medallas de la mejor atleta de halterofilia española de todos los tiempos tienen una biografía singular. En 2008, en Pekín, Lydia Valentín quedó quinta, pero la descalificación de las tres medallistas por dopaje la aupó hasta la plata, que recibió 10 años después. En Londres 2012 también se quedó fuera del podio inicial, la cuarta. Y la historia se repitió, los tres podios dieron positivo por dopaje (que se descubrió cuatro años después) y ella se hizo con el oro, que recibió en 2019. Sólo pudo disfrutar del momento podio en unos juegos olímpicos, los de Río 2016, donde logró la medalla de bronce (que, por cierto, pesa unos 450 gramos y lejos de ser de bronce, está hecha con una aleación de un 95% de cobre y un 5% de zinc). Aunque tal vez su mayor gesta haya sido la de coronarse campeona del mundo en 2017 tras su lesión de 2015, que le impidió participar en el mundial.

Las medallas como consecuencia

A las medallas no les da demasiada importancia, y a estas alturas empezamos a preguntarnos si la célebre modestia femenina no tendrá algo que ver en esta actitud tan reiterada entre las deportistas. Un estudio realizado en 2020 por Christine L. Exley (Harvard Business School)y Judd B. Kessler (The Wharton School, Universidad de Pennsylvania) titulado 'La brecha de género en la autopromoción', desvelaba que, con las mismas condiciones, los hombres tienden a evaluar su desempeño un 33% por encima de cómo lo hacen las mujeres. Pero como no hemos entrevistado a hombres para este reportaje, nos vamos a quedar sin saber si, a la hora de evaluar las medallas ganadas, ellos le dan más peso que ellas.

Para Lydia Valentín, por ejemplo, son sólo una consecuencia, «la de todo el trabajo que has hecho. Lo importante es el camino y todo lo que has tenido que superar para conseguirlas. Es verdad que cuando las miras ahora, a posteriori, te puede venir un flash de cuando las lograste. Pero para mí, desde luego, no han sido un peso».

Darlo todo

Esta claro que las cosas no se ven igual desde la grada o el sofá que desde la pista donde se compite, por eso nos recuerda, a quienes no estamos ahí, intentando levantar 147 kilos sobre nuestras cabezas que «esto es deporte, no una ciencia exacta. Durante una competición pueden pasar cosas que no te esperabas, por muy bien preparada que vayas. Y tienes que intentar que no te afecte nada. Tú tienes que rendir cuentas sólo contigo misma. Porque sólo tú sabes si lo has dado todo. Y cuando lo has dado, la gente podrá opinar lo que quiera, pero tú sabrás lo que has pasado. Yo siempre he intentado no presionarme. Cargar con esa mochila, con la presión de conseguir una medalla, no es algo que juegue a tu favor. Me atrevería a decir que el deportista excelente no carga nunca con esa mochila, tú no fluyes cuando cargas con algo. Cuando disfrutas, cuando sabes que lo importante es dar tu máximo, la cosa sí fluye. Si lo que te atenaza es la preocupación por el tengo que ganar, la cosa no puede funcionar».

¿Cómo encara sus primeras no-olimpiadas? «La gente me pregunta si no voy a sentir nostalgia y yo le digo que no. He cerrado el ciclo del alto rendimiento, y lo he hecho de forma muy meditada. Ahora toca disfrutar: de lo que hagan las nuevas generaciones, de cómo ganan ellos las medallas. Hay que dejar paso al futuro».

REALIZACIÓN

Anaïs Ibáñez

MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA

Mara Fervi (Another Artist Agency)

ASISTENTE DE FOTO

Celia Espinosa

ASISTENTE DE ESTILISMO

Paloma Gutiérrez

PRODUCCIÓN

Asha Martínez.

AGRADECIMIENTOS Hotel Villa Real Madrid