- Escapada La Costa del Sol fuera de temporada: el refugio de la 'jet set' al que mejor le sienta el invierno
- Enoturismo Esta bodega de la Rioja Alavesa diseñada por Norman Foster se convierte en uno los mejores destinos vitivinícolas del planeta
Si hay alguna norma no escrita en Fuerteventura es la resiliencia. La isla y su gente, los majoreros, son ejemplo de la adaptación a un medio que no es fácil: notoriamente seco, desértico y que cuenta con escasas precipitaciones. Adaptarse o morir, parece que reza el espíritu de la isla. Sin embargo, ha sabido sacar lo mejor de sí misma y definirse como un territorio paradisíaco.
El turismo es su principal motor económico con temperaturas cálidas que perduran todo el año, sus playas infinitas, sus montañas en las que se lee el paso del tiempo, una gastronomía propia robusta y unas interesantes tradiciones locales. Así, no es casualidad que en una isla con más cabras que habitantes el queso sea uno de sus productos estrella, además con Denominación de Origen Protegida; que sus escasa vegetación pueda vivir con apenas agua, como su endémico aloe vera del que todo se aprovecha; o que sus rachas de viento (de ahí su nombre, «fuertes vientos») la hayan convertido en un lugar más que apropiado para deportes como el windsurf. Adicionalmente, el clima de la isla ha resultado ser perfecto para el cultivo de espirulina, esa potente microalga, que además es la más azul que se produce en Europa y que se cultiva durante todo el año.
Pareciera que ese espíritu resiliente y adaptable de Fuerteventura hubiera servido de inspiración para la renovación del hotel Iberostar Selection Fuerteventura Palace. Este megacomplejo, que se levantó en 1997, está ubicado en un enclave envidiable: entre la pura roca volcánica, que asoma salvaje a lo largo de algunos de sus pasillos, y la impresionante playa de Jandía, donde la luz del amanecer deja sin palabras y que además es uno de los mejores arenales de todas las Islas Canarias. Aunque el resort había pasado por otras reformas, esta ha sido determinante para encaminarse con pasos firmes hacia un turismo sostenible sin renunciar a las comodidades de un cinco estrellas y sumándose al movimiento del grupo hotelero Iberostar Wave of Change con el que buscan comprometerse con el entorno y las personas.
La recogida de residuos y el consumo eléctrico condicionan directamente la sostenibilidad de Fuerteventura e Iberostar es consciente. Así, su gestión energética es eficiente: el 100% de la electricidad que se consume en el hotel es renovable, reduciendo así todo lo posible su huella de carbono. Además, para respaldar el esfuerzo de la isla en la gestión de residuos, colabora con una planta local de compostaje y hace uso de la inteligencia artificial para minimizar el desperdicio de alimentos orgánicos.
La isla está llena de paisajes infinitos. Sus sinuosas carreteras recorren dunas, parques naturales, playas interminables. Merece la pena recorrerlas y parar en cada mirador para observar la inmensidad, ver el atardecer en las cuevas de Ajuy y visitar localidades tan pintorescas como Puerto del Rosario o Betancuria, una de las primeras ciudades de Canarias, con sus perfectas casas blancas.
El resort está ubicado en la Península de Jandía, donde es de obligada visita la playa de Cofete. El trayecto hasta llegar a su cálida arena es destino en sí mismo, con carreteras sinuosas de tierra y piedras que hacen del recorrido toda una aventura, aprovechando para parar en el faro, el segundo más antiguo del archipiélago, o en alguna de las llamativas poblaciones salpicadas de pequeñas casas que hacen sentir al visitante como si estuviera en un western de nuestro tiempo y al estilo canario.
Las vistas desde el mirador de Cofete no dejan indiferente. Los ojos se pierden entre el oleaje del océano Atlántico más bravo a un lado, bañando la playa, una extensión de arena rubia de hasta 12 kilómetros que la convierte en una de las más salvajes y vastas de Canarias, y las crestas de las oscuras montañas de Jandía. El recorrido sigue hasta la playa de Cofete, donde un pequeño cementerio enclavado en la arena recibe a los visitantes. Podría haber salido en cualquier western de Sergio Leone. Un lugar de película, sin duda. Así lo atestiguan los lugareños que sonríen al recordar la visita de Gal Gadot para la grabación de Wonder Woman 1984 o al contar que participaron como extras en Éxodus: Dioses y reyes, de Ridley Scott, en el año 2014.
Si de día la vista se pierde en los paisajes, de noche lo hace en el cielo. Conducir sólo con la luz de los faros y las estrellas puede parecer un reto, pero tiene su sentido pues la isla trabaja para mantener la menor contaminación lumínica posible, convirtiéndose en un lugar excelente para la observación astronómica, tanto así que desde 2015 Fuerteventura ostenta la certificación internacional Reserva Starlight.
EL ALOE, HILO CONDUCTOR
Hasta Miguel de Unamuno logró encontrar la paz aquí tras cuatro meses de exilio por la dictadura de Primo de Rivera y acabó enamorándose de la isla y de su "eterna primavera", por eso hay un museo con su nombre. Todo ayuda a entender por qué a Fuerteventura se la conoce como la «isla tranquila», que es justo lo que se espera de la mayoría de vacaciones y de todos los resorts.
En esta línea el renovado Iberostar se presenta como la isla dentro de la isla. Un pequeño Fuerteventura dentro de Fuerteventura —si es que un hotel de 437 habitaciones puede calificarse como pequeño— pues no se han olvidado tampoco de un pilar clave hacia la sostenibilidad y el turismo responsable: abrazar la esencia de lo local y la economía circular. Ofrecen experiencias para disfrutar de eventos en la isla, como las excursiones al mercadillo de Morro Jalde, y también en sus instalaciones.
En esta línea, la planta emblemática de la isla , el aloe vera, se convierte en el hilo conductor en buena parte de la propuesta de bienestar del hotel, integrándose en talleres experienciales, tratamientos de spa y una atractiva selección de cócteles. El complejo reafirma de nuevo su compromiso con lo local y cuenta con la empresa familiar Vidaloe, fundada en 2014, que lo provee de una amplia variedad de productos elaborados a base de aloe vera —zumos, aceites, cremas y jabones— destinados a enriquecer sus distintos servicios y a poner en valor este recurso tan característico de Fuerteventura.
Visitar las instalaciones de Vidaloe es toda una experiencia: cinco mil metros cuadrados de jardín de aloe vera donde enseñan a los visitantes que de esta planta se aprovecha todo, hasta la flor, que puede comerse directamente y tiene un sabor que recuerda a la lechuga. El resto de los beneficios del aloe son bien conocidos y también sus utilidades: su jugo es altamente hidratante y se puede usar en bruto y para elaborar todo tipo de preparados. Aquí cultivan la planta de manera tradicional, transforman las hojas en jugo y fabrican sus productos.
Esta extensa plantación esconde algunas sorpresas. Plantas aromáticas, arbustos, estatuas... Y espirulina. Esta microalga de agua dulce es archiconocida en el mundo de la nutrición por ser un superalimento cargado de proteínas, vitaminas, minerales y antioxidantes y ha encontrado en Fuerteventura el lugar idóneo para poder cultivarse todo el año con una buena calidad.
El resort echa mano también de productores locales para completar su oferta gastronómica: quesos de cabra, papas arrugás con su mojo picón y su mojo verde, gofio y el 100% de su pescado y marisco. Todo esto y mucho más se puede disfrutar en sus tres restaurantes: un buffet con platos locales e internacionales y dos restaurantes, uno de ellos de cocina japonesa preparada ante el comensal en un entretenido show cooking que se convierte en toda una experiencia.
Para algunos el verdadero paraíso de la isla no se ubica en los meses estivales, sino que llega justo después. Desde Iberostar Fuerteventura cuentan que parejas, familias y personas que viajan solas eligen este destino para dar larga vida al veroño, cuando las temperaturas en la isla aún permiten una sesión de yoga en la playa a primera hora, la manga corta y darse un buen baño. Aunque también los hay, y son muchos, los que eligen pasar las fiestas navideñas. Si se les contara a los primeros majoreros, no se lo creerían. Sin duda, pura resiliencia.
Puedes seguir a El Mundo Viajes en Facebook, X e Instagram y suscribirte a nuestra newsletter aquí





