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Marbella es ese famoso coto de lujo de la jet set que, a ritmo noctámbulo bien regado de champán, pululaba de fiesta en fiesta entre Gunillas y jeques árabes, deportistas multimillonarios y actores de Hollywood, folclóricas nacionales y cantantes de ópera coreanas... Y en medio de todo eso, un príncipe alemán, Alfonso Hohenloe, artífice de esa mítica edad de oro que floreció aquí en los años 80 y 90. Pero este exclusivo enclave de la Costa del Sol también es la churrería Ramón ("la auténtica" reza su lema en el toldo), ubicada desde 1941 como "primer despacho" de este manjar de la ciudad en la plaza de los Naranjos.
Epicentro de Marbella, la plaza destila aroma a geranios, buganvillas y azahar, desde cada costado capitaneada por el excepcional trío arquitectónico de los siglos XV y XVI, el Ayuntamiento, la Casa del Corregidor y la ermita de Santiago, aupada sobre una mezquita y el edificio cristiano más antiguo de la urbe. Y es que antes fue musulmana. Y visigoda. Y romana. Y fenicia.
Marbella es igualmente la sede nacional de los hoteles de cinco estrellas por antonomasia, un rol que sabe conjugar con los higadillos de pollo, la ensaladilla rusa y el pescaíto frito del bar Guerra, un clásico con más de 70 años. También es la fuente de La Pila del Paseo de la Alameda, levantada en 1762 y cobijada por las araucarias y los plataneros centenarios que dan sombra al parque, donde los niños corretean cada tarde entre los 22 bancos de azulejos con estampas de lugares emblemáticos del municipio.
Y la ristra de las boutiques más caras del planeta (léase Dior, Prada, Louis Vuitton...), cuyos escaparates de diseño se alternan entre yates, cafés, galerías y bistrós en Puerto Banús, el más caro de Europa, a razón de 4.289 euros el coste del amarre al día. Y todo, por obra del constructor José Banús, que en 1968 se empeñó en cambiar la fisionomía de la Costa del Sol creando el puerto más célebre y lujoso de España, a cuya fiesta de inauguración (en la que actuó Julio Iglesias) acudieron personajes tan dispares como Rainiero y Grace Kelly y el fundador de Playboy, Hugh Hefner.
Hay más combinaciones imposibles que cobran vida en Marbella, ya que aquí también se dan la mano los chiringuitos más glamourosos (del Marbella Beach Club del legendario resort Puente Romano al Trocadero Arena o el Nikki Beach, con sus hermanos calcados en Miami, Santorini o Ibiza) y las tiendas con solera donde te venden cucuruchos de almendras garrapiñadas recién cocinadas, como antaño, en un gigantesco perol de cobre delante de tus ojos.
"Es el producto estrella junto a las pipas, las manzanas caramelizadas o el coco deshidratado en láminas; a la gente le recuerda su infancia, la feria, los días de fiesta...", señala Isabel Urrestarazu, empleada de Sabor a España, local especializado en delicatessen tradicionales patrias.
Todo eso es Marbella. Y durante todo el año, ya que el microclima de esta metrópoli de 160.000 almas a 45 minutos de Málaga capital luce una media de 20 grados y 325 días de sol de enero a diciembre. Por eso, no se descarta un chapoteo en el mar en pleno invierno (hay 2,7 kilómetros de playas). La temperatura fue clave para ser elegido el mejor destino para visitar según European Best Destinations, la organización dependiente de la UE que fomenta el turismo en el Viejo Continente. Su propuesta "cultural, de eventos, sensorial y culinaria" destacó entre la de 500 candidatos, de los que se seleccionaron 20.
"El galardón consolida a la ciudad como uno de los enclaves más completos y atractivos para disfrutar todo el año", resume su alcaldesa, Ángeles Muñoz. De ahí que en 2004 batiera su récord de visitantes (719.151), con 2.584.174 pernoctaciones. "A la oferta gastronómica, de ocio, de salud, de naturaleza, de deportes o de compras se suma una planta hotelera renovada y moderna", agrega.
Este apartado es una de sus señas de identidad, con referentes de las cadenas más reputadas del globo. Tomamos como base de operaciones uno de los últimos en llegar, el Hard Rock Hotel, gestionado por el grupo Palladium en España y que sigue la estela de los más de 300 alojamientos, cafés y casinos repartidos por todo el mundo.
Es decir, que la música lo es todo, lo que se advierte en la colección de artículos únicos de personajes como Elvis Presley, Lenny Kravitz, Madonna, Rihanna, David Bowie o Lady Gaga, cuyos trajes, guitarras, chaquetas, pantalones o cartas manuscritas salpican las instalaciones desde el lobby a algunas suites. Quien quiera, además, puede pedir tocar una guitarra en la propia habitación.
La apertura de los hoteles durante todo el año (no sólo en temporada alta) es una muestra de lo viva que está Marbella en los supuestos meses más flojos para el turismo. Se ve en un simple paseo por el centro, cuando las terrazas al caer la tarde están a rebosar (sin necesidad de estufas la mayoría de las veces) y no dan abasto en espacios como DOliva, en la calle Nueva, a unos pasos de la iglesia de la Encarnación y de los restos del antiguo castillo y la muralla árabe.
Allí se dan cita los aceites virgen extra más premium de nuestro país, además de patés, confituras, sales, mieles y productos cosméticos derivados. "Hasta hace poco envasábamos en Antequera, pero ahora también lo hacemos aquí, por lo que todo queda en casa", comenta Sergio López, encargado de este concept-store.
Además de dispensar delicias locales organizan catas de vinos. Eso sí, sólo andaluces. "Los extranjeros las disfrutan mucho, pero los españoles siempre aprenden algo nuevo", añade mientras recoge las copas de la degustación que acaba de guiar para un grupo de turistas suecos.
Seguimos la ruta por las entrañas el casco antiguo con una visita a la tienda de Pacy, madrileña de nacimiento, pero marbellí (o marbellera, como prefieren decir por estos lares) por vocación. Es la culpable de que en las fiestas ochenteras se llevara la moda adlib ibicenca, ya que la introdujo ella en la ciudad. "Siempre quise vivir aquí y cumplí mi sueño abriendo hace 30 años mi primer negocio [hoy tiene tres] especializado en esta vestimenta tan libre, natural y atemporal", recuerda la empresaria rodeada de sus criaturas blancas de algodón ecológico.
Lo hace en su refugio de la calle San Juan de Dios, cerca del antiguo hospital homónimo creado por los mismísimos Reyes Católicos. Sara Montiel, Isabel Preysler, Carmen Thyssen, Gunilla von Bismarck y la reina Sofía han sido algunas de sus clientes y, aunque aquellos eventos de la jet set ya no se estilan, sigue conservando la amistad con muchas de ellas.
La siguiente parada nos lleva al taller de cerámica de Ana Ortiz en la calle Huerta Chica, donde esta escultora contagia su pasión por las piezas artesanales creadas aunando la tradición andaluza con la filosofía oriental wabi sabi, que rinde culto a la imperfección. Ella fue la elegida para idear las papeleras de diseño de la localidad, una apuesta por trasladar el arte a la calle, además de promoverlo en espacios únicos como el Museo del Grabado Español Contemporáneo, ubicado en el Palacio Bazán; el de Fred Friedrich, centrado en las vanguardias; o el de Ralli, con una de las mayores colecciones de arte latinoamericano y europeo del mundo y sucursales en Uruguay, Chile e Israel.
Sin olvidar las infinitas galerías que salpican cada esquina: Paintings cats and dogs, Sin Studio Gallery, Isolina Arbulu, JoGist ARt, Libertad Couso...La mayoría presenta actividades inmersivas durante estos meses, cuando la programación cultural bulle. Del Festival Internacional de Cine, que ya va por su XX edición, al de Flamenco (21 de noviembre) u Órgano Bach, que tendrá lugar en la iglesia de la Encarnación el día 23. Sin olvidar las obras del teatro Ciudad de Marbella como la clásica Coriolano, ambientada en el imperio romano, o el ballet Romeo y Julieta, los últimos estrenos.
Quedaría disfrutar de algún plan al aire libre, empezando por eventos como el Iron Man o el Global Champions Tour de Salto de Obstáculos. El buen tiempo da para más, ya sea una jornada de golf —con 21 campos, ha sido elegido varias veces el mejor destino de este deporte de Europa— o de senderismo para ascender el Pico de la Concha, la icónica silueta de Sierra Blanca que cobija el municipio.
También se puede recorrer la Pasarela de las Dunas de Artola o subirse a un kayak en el Lago de las Tortugas, lugar ideal para un pícnic entre acebuches, alcornoques y ánades reales. Los fans de las bicis tienen la Senda Ciclista que une Marbella con San Pedro de Alcántara a través del paseo marítimo.
Como punto final nos apuntamos a una inmersión histórica en el pasado visitando la basílica paleocristiana de Vega del Mar, la villa romana de Río Verde —famosa por sus mosaicos y por desarrollar la salazón de pescados— y las termas de Las Bóvedas del siglo II d. C.
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR
Marbella se encuentra a 45 minutos en coche de Málaga capital, a la que se puede llegar en avión o tren de alta velocidad desde muchos puntos de España, como los de Ouigo (ouigo.com), que ofrece billetes desde nueve euros el trayecto para viajar desde el 14 de diciembre hasta el 2 de agosto de 2026 a todos sus destinos de España, 15 en total, entre los que se encuentra Málaga. De hecho, su ruta desde Madrid es una de las últimas que ha aumentado el número de frecuencias y plazas ofertadas.
DÓNDE DORMIR
Hard Rock Hotel Marbella (hotelhardrock.com). El 'retoño' malagueño de la mítica cadena combina lujo, diseño, bienestar y gastronomía (tiene tres restaurantes y dos bares)con experiencias musicales durante todo el año como conciertos, sesiones tecno, djs, flamenco y fiestas temáticas. Su colección de memorabilia incluye guitarras de Elvis Presley, trajes de Lady Gaga y chaquetas de Michael Jackson.
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