ESPAÑA
Galicia

Baiona, la histórica villa marinera que primero se enteró de la llegada de Colón a América (y a la que septiembre le sienta genial)

La llegada de 'La Pinta' en 1493 desde el Nuevo Mundo puso en el mapa este bella localidad de fortalezas, faros y la playa con bandera azul más pequeña de la comunidad.

Paseo por la muralla de la fortaleza de Monterreal.
Paseo por la muralla de la fortaleza de Monterreal.SHUTTERSTOCK / ISABEL GARCÍA
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La vieron llegar antes que nadie y, por tanto, también fueron los primeros del Viejo Continente en enterarse del descubrimiento de América. Hablamos de La Pinta y de los habitantes de Baiona, la villa costera pontevedresa que el 1 de marzo de 1493 vio arribar a lo lejos la carabela comandada por Martín Alonso Pinzón, el famoso navegante de Palos de la Frontera que acompañó a Cristóbal Colón en su primer viaje. Moriría poco después, el 31 de ese mes, en su localidad natal.

La réplica de 'La Pinta', en el paseo marítimo.
La réplica de 'La Pinta', en el paseo marítimo.

Una estatua le rinde homenaje al final del paseo marítimo Alfonso IX del municipio gallego, donde también se encuentra una réplica de La Pinta. En su interior se recrea cómo era la vida a bordo durante aquellas travesías, con información sobre las mercancías que trajeron (maíz, canela, yuca, tabaco...) o qué miembros completaban la tripulación. Como Rodrigo de Triana, quien avistó por primera vez el Nuevo Mundo con su catalejo el 12 de octubre de 1492.

La llegada de la nave a Baiona casi cinco meses marcó tanto el devenir de la localidad que cada primer fin de semana de marzo celebran A Arribada, fiesta de Interés Turístico Internacional en la que se retrocede hasta el siglo XV con trajes y comida de la época, danzas y pasacalles medievales, demostraciones de tiro con arco, torneos de caballeros, combates de esgrima y un gran desfile en la entrada de la fortaleza de Monterreal, levantada en el siglo XII para ahuyentar a piratas (empezando por el célebre Francis Drake), portugueses (estamos al lado)y demás enemigos con intereses invasores (por aquí han pasado celtas, fenicios, romanos...).

Panorámica del municipio gallego.
Panorámica del municipio gallego.

Situada estratégicamente en el monte Boi, en la entrada de la Ría de Vigo, su muralla de tres kilómetros permite un agradable paseo con vistas al Atlántico y a las Islas Cíes (es uno de los puertos de donde salen los barcos para conocer este impresionante Parque Natural).

Se bordea así el complejo fortificado de 18 hectáreas que acoge, desde 1966, uno de los paradores nacionales más bonitos de toda España, el del Conde de Gondomar, comendador, regidor perpetuo, notario mayor del reino, mayordomo del rey, alférez y embajador en Londres, entre otras funciones.

Barcos atracados en el puerto de Baiona.
Barcos atracados en el puerto de Baiona.

Justo a los pies del Monte Boi también se encuentra la playa con bandera azul más pequeña de Galicia, Os Frades, con 80 metros de longitud. Se llama así porque eran los frailes del antiguo convento de la fortaleza los que se bañaban en ella. ¿Otros arenales que no hay que perderse? Los de Barbeira (también con bandera azul), América, Santa Marta, Cuncheira, Barbeira, Patos (ideal para surferos) o Nerga.

Toca adentrarse en las callejuelas empedradas del laberíntico casco antiguo, declarado Conjunto de Interés Histórico-Artístico. La ruta incluye obras como la iglesia románica y ex colegiata de Santa María, el convento de las Dominicas, la capilla de la Misericordia y bellas casas señoriales de granito como las de Lorenzo Correa, Carvajal, que alberga el Museo de la Navegación, o Ceta, conocida como la del Perdón, ya que a los presos que lograban huir y llegar a ella se les concedía el indulto.

La Casa Consistorial de la localidad.
La Casa Consistorial de la localidad.

También merece la pena subir hasta el Cruceiro de la Santísima Trinidad, del siglo XV, y al mirador de la Virgen de la Roca del monte Sansón, también de granito y firmado por el arquitecto Antonio Palacios. Concede una de las estampas únicas de la ciudad al salir de ella. Quien la recibe es, en cambio, el puente de Ramallosa con sus 10 ojos, una joya del siglo XIII y no romana, como se dice.

Y para tesoros arquitectónicos, el faro de Cabo Silleiro, con más de 100 años de historia a cuestas (se construyó en 1924) y aún en funcionamiento. Eso sí, desde hace unos meses también es un elegante hotel boutique de diseño y 17 habitaciones con las mejores vistas de la zona. Quien desee un homenaje gastro a base de pescado y marisco fresco (ojo al carpaccio de vieira, al pulpo y a los gambones)tiene Faro Pequeño, situado algo más abajo.

Piscina del Cabo Silleiro, convertido en hotel boutique.
Piscina del Cabo Silleiro, convertido en hotel boutique.

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