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Sin helicóptero no hay paraíso. Hay dominios esquiables completamente vírgenes solo al alcance de unos pocos intrépidos. O, lo que es lo mismo, sólo accesible a pequeños grupos de privilegiados esquiadores por aire. Sara Arias Zuger conoce bien a esta tribu coleccionista de cumbres remotas y adicta a la nieve polvo. Arias Travel & Services, la agencia que dirige, es la única operadora oficial en España, Andorra y Portugal de CMH Heli-Skiing, la compañía de heliesquí número uno del mundo.
Fundada hace 60 años por el montañero austriaco Hans Gmoser, CMH ha hecho de las montañas más recónditas e impresionantes de British Columbia, Canadá, el lugar de recreo de los esquiadores más exquisitos. La experiencia del heliesquí es el desafío perfecto. Una combinación entre deporte, naturaleza y lujo que va más allá del viaje de esquí. CMH cuenta con 21 refugios estratégicamente ubicados en las Montañas Columbia a lo largo de una extensión inmensa de terreno donde el deportista no se cruza con absolutamente ni un alma. Sólo un majestuoso paisaje de sierra y picos cubiertos bajo el manto de la mejor nieve polvo.
Suena a extrema aventura, pero Sara asegura que la experiencia es para cualquier persona que sepa "ponerse unos esquís y bajar una pista roja": "Es mucho más sencillo de lo que parece. Te metes tranquilamente dentro de un helicóptero y vuelas hasta una zona de glaciar. Una vez que el helicóptero se ha ido, recoges tus esquís y esperas a que el guía te diga por dónde bajar". Sencillísimo.
Unas 250 personas de España, Andorra y Portugal al año. Es el número de esquiadores que Sara lleva cada año a Canadá. De estas, unas 50 son mujeres. El 80% de los esquiadores repite. "Este es un producto que te engancha de verdad. Es muy adictivo. Nuestros clientes eligen su semana de heliesquí y es como su medicina". Otros números importantes: deslizarse con total libertad por uno de los paisajes más impresionantes del planeta cuesta unos 16.000 euros por semana hasta febrero, y ya en marzo, cuando la nieve es menos profunda, 6.000. No incluye los vuelos, pero sí el alojamiento en lodge de montaña y el Bell 212 aparcado en la puerta para llevarte en volandas a hacer todas las bajadas que le permita su cuerpo, acompañados de los guías de CMH.
"Al final es como un campamento de niños grandes de lujo", apunta Sara. "Confortables habitaciones, agradables salas comunes con chimeneas, un bar y una bodega estupendos. Un spa conseguidísimo y enormes ventanales para que veas el paraíso porque estás en medio de la nada", resume. Para una experiencia aún más privada se puede alquilar el lodge Valemount al completo (10 habitaciones) por 45.000 euros a la semana. Pero lo que realmente diferencia un lodge de otro es el terreno que los rodea: unos requieren mayor pericia que otros sobre las tablas.
Además de adrenalina, el heliesquí aporta otra cosa. "Cuando estás en medio de la nada, ocurre algo muy profundo que tiene mucho que ver con la meditación. Es de esas pocas actividades que te obligan a estar muy presente". El idilio de Sara con el heliesquí empezó cuando tenía 19 años. Desde entonces vuelve una o dos veces todos los inviernos. Este año será especial: "Me queda una bajada para hacer un millón de pies de heliesquí". Suena algo friki, pero para los amantes de este deporte lograr un millón de pies de desnivel en heliesquí es toda una proeza que CMH Heli-Skiing premia con un traje de esquí azul que es probablemente la prenda más codiciada de la nieve.
Conseguirlo a los 33 años como Sara no está nada mal, aunque no hablamos de una esquiadora normal. Aunque aprendió a esquiar en Courchevel con apenas dos años, lleva toda la vida subiendo a Baqueira Beret, casi su segundo hogar. Cómo no. Su padre, Miguel Arias, dirigió la estación durante 11 temporadas, y su tío Luis Arias, pionero del esquí español, fue uno de los visionarios que fundaron la estación leridana en 1964. Con tal estirpe, no extraña que Baqueira para Sara sea un asunto familiar: "Trabajo todo el año. En Baqueira es donde recargo las pilas".
Ese trabajo del que habla Sara no sólo tiene que ver con la nieve, sino con otra de sus pasiones: la gastronomía, otro asunto familiar, y con el hecho de estudiara en Le Cordon Bleu y trabajara una temporada en todo un clásico, como Zalacaín. La Venta Arias de Navacerrada, que muchos madrileños conocen, aunque ya no es parte de la familia. Sí lo es el famoso Flanigan de Calviá, Mallorca, donde "dan 400 cubiertos al día" o Café Pino, en La Moraleja, su "pequeña joya" por el que pasan "mil personas al día".
Si tiene que elegir entre una bajada de nieve polvo maravillosa o un restaurante con estrella Michelin, ¿hacia dónde se deslizaría? "Me quedo con la bajada y terminar con una tortilla en el lodge. Para mí la sofisticación está en lo sencillo y en las emociones".
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