Pocas procesiones y mucha lluvia, más del triple de lo normal en casi toda España. La Semana Santa que acabamos de despedir ha deslucido las celebraciones y ha complicado los desplazamientos pero ha aportado una buena inyección de agua a los embalses, lo que ha supuesto "un alivio temporal de la sequía en el oeste de la península", en palabras del portavoz de Aemet, Rubén del Campo, que advierte que hay cuencas que aún no han salido de la situación de sequía de larga duración.
Pero hoy toca celebrar que ha llovido mucho y bien: "Han sido muy abundantes en la mayor de España, con más de 100 litros por metro cuadrado en muchas zonas del sur, y en puntos del centro, en Galicia y los Pirineos", según detalla Del Campo. "Entre el 23 de marzo y el 1 de abril, áreas del sur de la península han superado ampliamente los 200 litros por metro cuadrado: Grazalema (Cádiz) no ha quedado muy lejos de los 500 litros por metro cuadrado, y localidades de Sierra Morena se han acercado a 300 litros por m2", precisa el representante de Aemet.
"Han sido lluvias muy buenas debido a la situación tan crítica que había sobre todo en Andalucía y Cataluña, aunque no exclusivamente, porque han sido muy mantenidas en el tiempo, han durado varios días y no han sido especialmente intensas. Y esto tiene beneficios muy altos en la recarga de acuíferos, dan un alivio a todos los cultivos de secano, a la vegetación silvestre y ayudan a recargar embalses que estaban al límite", repasa el investigador Jesús Vargas Molina, portavoz del Observatorio Ciudadano de la Sequía. Aunque considera que estas lluvias "son una buena noticia", el también profesor de la Universidad de Málaga considera que "son insuficientes porque llevamos arrastrando una sequía bastante larga, así que hay que seguir siendo muy cautos porque sólo nos han dado un respiro".
Sumando lo que ha caído en la Semana Santa a los datos globales de marzo, que ha sido muy lluvioso en casi todo el país, con 120 litros por metro cuadrado (el doble de lo normal en el conjunto de España, aunque con diferencias geográficas) llegamos a ese esperanzador aumento del agua embalsada. La reserva hídrica española estaba el martes al 63,1% de su capacidad (el 26 de marzo estaba al 57,8%), aunque eso sí, por cuencas sigue habiendo grandes diferencias incluso entre las dos regiones más afectadas por la sequía actualmente, Cataluña y Andalucía, y hasta dentro de la misma Andalucía. En el Valle del Guadalquivir están al 42,9% (frente al 30,3% de la semana pasada) mientras que en la Cuenca Mediterránea Andaluza ha subido del 22,3% al 26,9% en una semana.
En las cuencas internas de Cataluña el nivel de agua ha subido levemente su capacidad, del 15,5% al 16,4%, un porcentaje que supera sólo en 0,4 puntos el límite que se fija por decreto para declarar el estado de emergencia por sequía.
Como explica María José Polo, catedrática de ingeniería hidráulica en la Universidad de Córdoba (UCO), "estas lluvias han venido en un momento oportuno porque en febrero habíamos tenido alguna semana con bastante precipitación, de modo que el suelo ya no estaba tan seco como a finales de 2023, y eso permite que esta lluvia ya sí genere capacidad de escorrentía superficial, que es la que nos llena los embalses y hace que los ríos crezcan y que se generen arroyos".
"Por ejemplo, aquí en la sierra de Córdoba hemos tenido muchos manantiales que se habían secado del todo, y ayer algunos estaban como si no hubiéramos pasado los meses anteriores. El nacimiento de ríos como el Segura o arroyos que se habían secado son ahora caudalosos y en algunos tramos de río han causado alertas por riesgo de inundación", resume.
Las reacciones no se han hecho esperar. En Andalucía, la consejera de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural, Carmen Crespo, ha adelantado que se prevé suavizar las restricciones actuales a riegos en el campo, al uso en el sector industrial y al consumo medio de agua por habitante, mientras que el presidente de la Junta, Juanma Moreno, ha anunciado que los barcos para traer agua desalada a Andalucía "están descartados" salvo avería.
Para el investigador Jesús Vargas, "la solución de llevar agua en barco es una medida de urgencia casi crítica y extremadamente cara que se usa para salvar el abastecimiento urbano porque por ley se debe proteger". Se trata, añade, de una medida que se planteaba para Málaga, porque para Sevilla parece que con estas lluvias el abastecimiento del área metropolitana está resuelto", señala.
Desde su punto de vista, "estas lluvias nos van a ayudar a que el verano no sea tan dramático en algunas zonas porque se espera un verano seco y bastante caluroso, así que no podemos pensar que está solucionado y empezar a consumir agua o levantar restricciones por encima de nuestras posibilidades". Y es que como subraya Vargas, "los meses críticos van a ser abril y mayo porque las precipitaciones en el Mediterráneo descienden mucho a partir de junio, sólo el 6% de la lluvia anual se produce en los meses de verano. Y necesitamos más lluvia para solucionar esta situación".
En ese sentido, el investigador de la Universidad de Málaga recuerda que "la previsión estacional apunta a que la primavera podría ser más húmeda de lo habitual pero esperamos un verano caluroso. Y cuando aumenta la temperatura, la disponibilidad de agua disminuye y crecen las necesidades de cultivos porque hay más evapotranspiración".
La pérdida de agua de los suelos es uno de los factores que favorece los incendios y se espera que estas lluvias puedan mejorar el estado de las masas forestales. Sin embargo, Francisco Lloret, catedrático de Ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) e investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), afirma que es demasiado pronto para estimar qué van a suponer estas lluvias para los árboles, pues es necesario hacer estudios. "Bienvenida sea esta lluvia porque veníamos de un periodo muy seco. En Andalucía ha llovido más. En Cataluña han sido precipitaciones primaverales normales y son fantásticas pero no podemos decir que estemos bien", apunta.
Aunque con diferencias, describe así situación de los bosques en Cataluña: "Sabemos que ha aumentado la superficie forestal con signos de marchitamiento. Hemos visto zonas con signos evidentes de pérdida de hojas, árboles que pueden terminar muriendo aunque hasta la época de brotada no lo sabremos. A veces ocurre que estos episodios de sequía dejan fisiológicamente tocados a los árboles y mueren al cabo de unos años. Y hay zonas en las que hay árboles que aguantan mejor o tienen mejor suelo", repasa Lloret.
Según este ecólogo, "hay que contextualizar este episodio en la tendencia general que hay en nuestras latitudes asociada al cambio climático. Hay un incremento de las temperaturas y una irregularidad en las precipitaciones, y cuando se combinan las dos cosas, los árboles, que necesitan más agua que una planta pequeña, sufren estrés hidríco".
En lo que respecta al fuego, señala que "vamos a tener temperaturas más elevadas y dado que se sigue acumulando combustible porque los bosques siguen creciendo, el riesgo de incendios va a continuar". Sin embargo, destaca que "el problema no es sólo que el bosque se queme, sino que esa mayor aridez del suelo va a dificultar que los bosques se recuperen. Y a eso se añaden los episodios de lluvias torrenciales propias de la región mediterránea, que entrañan mayor riesgo de erosión del suelo".
"El año pasado el inicio de la campaña de incendios fue muy complicado pero al final no fue tan acusada como en un principio presumíamos, en parte gracias a los servicios de prevención y extinción que hacen muy bien su trabajo, pero año tras año la situación es cada vez es más complicada, y ya ocurre que hay incendios que no se pueden apagar", sostiene Lloret.
También estos días se presta especial atención a Doñana, uno de los espacios naturales más sedientos y amenazados por la sobreexplotación de los acuíferos. Este ha sido el más lluvioso en los últimos años en el Parque Nacional de Huelva, al contabilizar 145,3 litros por metro cuadrado aunque, según la Infraestructura Científico-Técnica Singular de Doñana (ICTS). Sin embargo, las lluvias han llegado algo tarde, sobre todo para la invernada de aves, que ha sido la más baja de la historia, pues normalmente las lluvias caen allí en otoño e invierno, informa Jorge Molina.
La incertidumbre climática también tiene su impacto en las previsiones económicas. Según el Observatorio Regional de BBVA Research del pasado marzo, en Castilla-La Mancha, Andalucía, Extremadura y Murcia la producción agraria sigue afectada. Por ello, aunque la previsión de crecimiento del PIB en 2024 se ha revisado al alza en todas las CCAA por el buen comportamiento del empleo y el consumo, y el cambio de escenario en los tipos de interés, entre otros factores, en esas comunidades del sur, esas revisiones son menores que la media y los crecimientos esperados para este año están por debajo del conjunto del país.
No obstante, según este mismo informe, "la progresiva normalización de la situación climatológica debería permitir a las regiones con más peso del sector agrario un fuerte rebote en 2025".






