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"Pon bien claro lo que dice cada uno". Cristina del Valle (Oviedo, 1960) y Alberto Comesaña (Vigo, 1961) insisten una y otra vez en que remarque que, básicamente, no están de acuerdo en nada, imponiendo la difícil tarea de encontrar un titular que les represente a ambos. Es la historia de Amistades Peligrosas, tanto durante sus años de gloria en los 90, cuando también fueron pareja sentimental, como en sus posteriores reencuentros profesionales. A él, tendente a la derecha, siempre le interesaron más la performance y el cachondeo; a ella, abiertamente de izquierdas, el activismo y la política. Entre rupturas y broncas, ambos vieron el filón de las letras y coreografías subidas de tono en aquella España que se abría y, 35 años después y pese a sus diferencias, siguen trabajando bien juntos. Tal vez tengan algo que enseñarnos.
Pregunta. ¿Cuántas veces os habéis reconciliado?
Alberto: No han sido tantas idas y venidas, han sido tres temporadas de la serie: del 91 al 98, del 2002 al 2005 y esta, que empezó en 2020 y ya veremos hasta dónde llega. No sé si continuará mucho o poco, pero lo cierto es que hay una tendencia según la cuál no aguantamos como pareja, no nos parecemos en nada, discutimos por todo... pero funcionamos de maravilla como dúo artístico.
Cristina: Es evidente y nos ha pasado siempre. Somos dos personas absolutamente transparentes, con lo bueno y con lo malo, y siempre hemos dejado muy claras nuestras diferencias por honestidad con el público y con la gente que nos ha querido, ha trabajado con nosotros y, a veces, nos ha sufrido. Todo eso que nos costó la relación sentimental, en la parte profesional funciona de un modo brutal. Subíamos a los escenarios embroncados con cualquier problema y, de pronto, la gente se involucraba como si estuvieras representando tu vida constantemente en un escenario. Eso es insoportable como pareja, pero un imán para el público y esa magia tiene que ver precisamente con lo diferentes que somos.
P. Sois un ejemplo contra la polarización: izquierda y derecha funcionando juntas.
C: Claro, si nosotros podemos entendernos, ¿cómo no va a poder Españas?
A: Eso es [risas]. Yo lo entiendo como aquella historia matemática de la intersección entre dos círculos. Cristina tiene su círculo y yo tengo el mío, que son muy distintos, pero hay una pequeña zona común en que convergen y a los dos nos gusta la misma cosa, ya sea una canción, una letra o una temática. Y ahí es donde creo que tiene que trabajar esta sociedad: buscar los puntos en común porque, centrándonos en las diferencias, vamos mal.
P. ¿No habláis de política?
A: Cada vez menos. Discutimos mucho hasta que llegó un momento en que dejó de tener sentido. Hablar para discutir como los cuñados en la cena de Navidad, no me compensa. Si sé que es un punto de fricción y no voy a convencerla de lo que yo pienso, mejor me callo y miro para otro lado.
C: Nuestra relación la definió muy bien Poli, la mujer de Alberto, que ha tenido mucho que ver en nuestro regreso, un día que estaba ya cansada de escuchar cómo nos quejábamos el uno del otro. Y ella decía: "Sois mucho más parecidos de lo que pensáis, no de ideas, pero sí de forma de ser". Creo que hemos dado el paso de convertirnos en familia. Alberto tiene cuatro hijos y, cuando nos volvimos a juntar, le decían: "A ver, papá, llevamos educados en el odio todo este tiempo y, ahora, ¿cómo hacemos querer a Cristina?" [risas]. Nos unen los años y la admiración y el respeto mutuo como profesionales, aunque a veces se dé ese pique sobre el escenario.
P. ¿Es parte del show? ¿Exageráis vuestras peleas para darle al público lo que espera?
A: Nosotros somos muy teatrales. Yo, de hecho, nunca me sentí músico al 100% y si estoy metido en este rollo es porque quise ser actor. Me gustaba mucho la música, pero nunca me imaginé cantando ni viviendo de ello. Entonces, siempre me planteé subir a un escenario como una representación teatral, no musical, y cada canción tiene ese punto de interpretación, sea de amor, de odio, de rencor o de política. Así que en nuestras discusiones en el escenario, aunque ha habido un porcentaje de verdad importante, esa parte interpretativa ha existido. En realidad, somos Pimpinela en moderno. Fueron un referente para nosotros porque, cuando nos hicimos dúo, pensé: "¿Y ahora, a quién nos parecemos?". Podía ser a Víctor Manuel y Ana Belén, a Ana y Johnny, a Cómplices, a un montón de dúos que había en esa época, pero a mí Pimpinela me hacía mucha gracia porque planteaban un diálogo hombre-mujer muy real, con su amor, su cotidianeidad, su despecho... Todo eso existe en Amistades junto a una parte mucho más erótica.
C: Pero siempre hemos tenido mucha personalidad. Un grupo que se mantiene en el tiempo, como nosotros, es porque generas algo. Puede gustar o no, pero si tienes una identidad propia, es inimitable e irrepetible. Amistades hizo una cosa que fue huir de la parte más estereotipada de la música. Parece que la música es un campo para la libertad y el aperturismo, pero a veces también es un mundo muy cerrado y el concepto de ser un artista pop significa que tus discos tienen que seguir unas pautas muy marcadas. Nosotros jugamos a romper todas esas reglas porque éramos tan diferentes musical e ideológicamente que lo mismo hacíamos canciones hablando de la inmigración, la eutanasia, del aborto o de la violencia contra las mujeres que otras claramente sexuales como ‘Estoy por ti’ o ‘Me haces tanto bien’. Eso no lo había hecho ningún grupo y, además, con una chica que no era la típica chica mona que está ahí para sonreír y hacer de corista del hombre, que era lo que pretendía de mí mucha gente del negocio. No, éramos dos personalidades que luchábamos por mantener nuestra identidad y no hacer ninguna concesión.
A: Cristina era una chica mona, pero nunca nadie en ningún sitio la doblegó. Desde el principio, dejó bien claro que la que mandaba en este grupo era ella.
P.¿Lo asumiste bien?
A: Bueno, es que el éxito de Amistades Peligrosas tiene mucho que ver a nivel organizativo con la labor de Cristina. Es una headhunter de primer orden, una cazatalentos tremenda. De hecho, yo me considero un cazado por ella y, si vas viendo sus relaciones, todos sus ex novios, por ejemplo Hevia, han sido lo mejor de lo mejor en sus campos tras ser cazados por ella.
P. Al hablar de la escena musical de los 80, siempre se centra todo en la Movida madrileña, pero Galicia fue un vivero inmenso.
A: Ocurrió un fenómeno que tengo ya muy estudiado. Galicia no dejó de ser una sucursal de Madrid por las conexiones que hizo muy pronto Julián Hernández, de Siniestro Total, y lo exóticos que les parecíamos a los periodistas de la capital, pero eso mismo ocurría en San Sebastián, en Zaragoza, en Sevilla, en Valencia... En todos los sitios había su Movidilla, pero la gallega causó cierta gracia porque los Siniestros eran muy simpáticos, muy rebeldes y tres de los cuatro del grupo inicial montaron un grupo paralelo: Germán [Coppini] salió con Golpes Bajos, Miguel Costas con Aerolíneas Federales y Alberto Torrado con Os Resentidos. Ellos solos generaron un gran ruido a nivel mediático y, como la moda gallega también fue muy importante, se creó la sensación de que había mucho más de lo que había. En realidad, no fue para tanto..
P. Al final, casi todos acabasteis en Madrid.
A: Yo me vine a Madrid porque noté que había tocado techo en Galicia. Mi única salida profesional como actor era TVG y mi gallego era bastante mediocre, con lo cual esa puerta se cerraba. Lo que pasa es que con la música me ocurría lo contrario: Semen Up era un grupo censurado completamente a nivel nacional. Llegó un momento en que me empecé a deprimir y, cuando conocí a Cristina, decidimos dar ese salto que ella tenía muy claro.
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P. La canción que todo el mundo conoce de Semen Up es ‘Lo estás haciendo muy bien’, cuya letra no es precisamente sutil. Sé que la pregunta fácil es si una canción así se podría hacer hoy, pero lo cierto es que tampoco en 1985 fue tan sencillo.
A: Para nada, estuvo censurada y nunca se emitió en Televisión Española. Eso de que en los 80 había más libertad que hoy es muy relativo. Todo vino por el tema de Las Vulpes cantando ‘Me gusta ser una zorra’ y el terremoto a nivel mediático que supuso. A raíz de eso, a mí me metieron en el mismo cajón que a ellas o que a La Polla Récords, a todo lo que sonaba a sexo. No había Antena 3, no había Telecinco, TVE no nos ponía y sólo nos quedaba la gallega, así que éramos el grupo número uno en Galicia y unos apestados fuera. Con todo lo que no nos guste del presente, recordemos que entonces, ya en democracia, había censura real.
C: Creo que reinterpretar ahora el pasado es interesado y se usa con ligereza la palabra censura. No es censura, es evolución y tomar conciencia de las cosas. Cuando tú estás componiendo una canción o cantando en un escenario, expresas unas emociones y un pensamiento y tienes una responsabilidad como artista, como ciudadano y como ser humano. Todo lo que intervienes en el mundo es política y tenemos que tener unas reglas a partir de las que funcionar. Eso que algunos artistas llaman ahora censura es una evolución como sociedad en la que se ha entendido que la base de nuestros textos tiene que ser el respeto a los derechos humanos. Que se erradique una canción que contiene racismo, homofobia o hace apología de la violencia contra las mujeres, no es censura, es evolución porque son temas que, como sociedad, no podemos permitir.
A: Aparte de que se dice mucho eso de "esto ahora no se podría hacer" y no es verdad. Hablábamos antes de ‘Lo estás haciendo muy bien’ y, comparada con las letras del reguetón, era una chorrada o nosotros seguimos cantando sin ningún problema nuestros temas más sexuales. Lo que sí pasa es que hay cosas que entonces te parecían bien y ya no. Por ejemplo, cuando canto esa canción ya no digo la palabra mágica ("chúpala") porque a mí mismo no me gusta, pero si quisiera seguir usándola sería totalmente factible, una cosa más entre las muchas que se dicen en las canciones actuales.
C: Nosotros siempre hemos sido sexualmente explícitos, pero con una diferencia fundamental respecto al resto de grupos de pop que hacían canciones sexuales en esa época. Sus canciones eran muy, muy, muy machistas y las nuestras, no porque yo era, y soy, una persona profundamente feminista y hablábamos de una sexualidad compartida e igualitaria entre hombre y mujer. Es decir, la libertad sexual de decir "hoy voy a ir al grano, te voy a meter mano", pero te la voy a meter yo a ti y tú a mí, porque los dos tenemos el mismo derecho a una sexualidad satisfactoria en la que yo elija tener relaciones con un tío desde la libertad y no desde la utilización o la cosificación. Esa diferencia era muy clara respecto al resto y que una mujer hablara abiertamente de que le apetecía sexo era bastante revolucionario entonces.
A: Por ejemplo, cuando Mecano cantaba algo sexual, era Ana Torroja diciendo lo que en realidad pensaban los hermanos Cano. De hecho, cantaba en masculino esas escenas.
C: Y en el lenguaje usábamos mucho, por ejemplo temas de la Biblia y la reinterpretábamos para dar siempre el mensaje de un hombre y una mujer portadores de los mismos derechos.
A: Bueno, eso es cosa de Cristina que todo lo lleva a sus políticas de izquierdas. Yo no le doy tanta trascendencia a eso, para mí es todo más normal, más natural y más llano. No me hago sus planteamientos, simplemente escribo una canción. Ella tiene derecho a decir que hacíamos eso y yo a decir que nunca lo viví así.
P. ¿Cómo conviven dos visiones tan distintas de un mismo grupo... de dos personas?
A: Bueno, fuimos combinando dos corrientes. Yo venía escaldado de intentar ser demasiado provocador en Semen Up y Cristina tenía ese punto revolucionario y social que poco tenía que ver conmigo. Confluyó y se generó una doble vertiente en el grupo: por un lado, los temas sexuales y por otro, los sociales. Una amalgama de formas de escribir y comunicar que funcionó.
C: Eso fue a más, además, según se deterioró nuestra relación personal. Los dos últimos discos los hicimos casi por separado y se nota perfectamente qué canción pertenece a mi equipo y qué canción pertenece al de Alberto.
P. ¿Cómo fue seguir trabajando juntos tras romper?
A: Eso no fue nada fácil, yo lo recuerdo como lo peor de mi vida. Cuando éramos pareja y estábamos juntos, no fue bueno, pero cuando ya dejamos de ser pareja y éramos rivales en todo, fue insoportable [Cristina se ríe: "Ahí sí que éramos Pimpinela total"]. Fue una lucha de egos muy tensa hasta el punto de que dejara de compensarme: "No me compensa aguantar esto por vender 200.000 discos ni tener 60 galas al año. La salud por delante".
C: Sí, totalmente. Ahí ya se rompió el grupo y fue lo mejor.
P. ¿Es verdad que seguisteis viviendo los dos en el mismo piso, pero pusisteis un muro en medio?
A: No...
C: Esto es verdad.
P. ¿En qué quedamos?
A: Es todo más sencillo. Siendo pareja, compramos una casa que eran el A y el B juntos y unidos por una puerta corredera. Vivíamos juntos, pero escrituramos el A para ella y el B para mí.
C: La idea era buenísima porque cada uno tenía su propiedad si aquello no funcionaba, porque fíjate la de parejas que siguen juntas sólo porque no saben cómo coño dividir el piso. Era perfecto y en cuanto lo vimos, nos lanzamos. Lo que hicimos siempre con cabeza, fue invertir bien los ingresos que tuvimos al principio, que fueron muy importantes.
P. Pero, entonces, ¿en qué queda lo del muro?
A: Pues que sí, que vivíamos en la misma casa y había un muro, pero ya estaba de inicio. Lo que sí hice cuando rompimos fue cerrar la puerta corredera y atarla con una cadena para que no se pudiera abrir.
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P. Vendisteis cerca de tres millones de discos. Eso es mucho dinero.
A: Hicimos pasta, pero hay que ponerlo en contexto. Con los dos primeros discos, como éramos nuevos, la compañía nos exprimió, el manager nos timó y todo el mundo se aprovechó de nuestro éxito. Ganamos dinero, pero no el que nos correspondería con un contrato razonable, pero con el tercer disco la compañía ya nos puso en órbita y lo controlamos nosotros más. Ahí sí notamos ese subidón, pero antes se quedó mucha gente mucho dinero que nos correspondía.
P. Os hago la pregunta clásica de esta sección. ¿Fue tan feliz como se pinta la España de los 80 y los 90 o la nostalgia no es justificada?
A: Para mí, sí. Imagínate haberlo vivido desde dentro. Como espectador en la primera mitad de los 80, cuando mi hermano Miguel vivía en Madrid y me iba informando de cada grupo que salía, de Alaska, de Radio Futura, de Nacha Pop, de Mecano, de Mamá... Yo estaba muy atento a todos los movimientos que contaba Radio 3 y lo viví muy intensamente. Y en la segunda mitad de la década, ya lo viví desde dentro, como actor, y para mí no se puede ser más feliz de lo que fui en aquella época y creo que era algo generalizado en todo el país.
C: Yo lo viví distinto porque no estaba en ese ambiente al principio. Era una chica de provincias que llegaba de Asturias a Madrid para estudiar Criminología y, mientras, trabajar como funcionaria del Estado. No podía ser más seria. Además, trabajaba con la Asociación Pro Derechos Humanos de Enrique de Castro, el famoso cura rojo de los barrios más luchadores de Madrid. De ahí pasé a conocer Rock-ola y empecé ya a meterme en la Movida. Era funcionaria de día, rockolera de noche. Salía de Rock-ola, con los pelos rojos, las cadenas y mi ropa punky, me cambiaba de vestuario y me iba a trabajar sin dormir. Divertido fue. Eso está claro.
A: Además, tuvo una cosa buena y es que en esa felicidad cabía todo el mundo, no estaba todo contaminado de política y se ve en la música. Había una variedad tremenda y había grupos abiertamente de derechas, algo que ahora mismo sería impensable, como Los Nikis, Hombres G, Modestia aparte o Aviador Dro. No era todo izquierda revolucionaria y esos grupos no eran tampoco los que mejor funcionaban. Nacha Pop o Mecano no eran grupos políticos y, además, casi todos eran chavales adinerados, porque comprarse una guitarra o un teclado en aquella época no era tontería. Lo revolucionario acabó quedándose sólo en el tema vasco con la kale borroka aquella que tenían, pero en Madrid la gente estaba a otra cosa, a disfrutar de la libertad recién adquirida. De hecho, quitando Sabina con La Mandrágora, el cantautor murió en los 80.
C: Es cierto que fue un movimiento con mucho niño bien, pero hubo una cosa bonita. Yo estaba todas las noches en Rock-Ola y la mezcla era total. Ese elitismo que suele haber en Madrid, esos años desapareció. Se mezclaban los diseñadores de moda con los directores de cine con los estudiantes y con quien pasara por el bar. Había mucha interacción y mucha ilusión por crear, tanto arte como un país nuevo, y todas esas ideas se exponían constantemente en la televisión y en los medios de comunicación. Estaba todo el país en lo mismo: abrirse, crecer, modernizarse...
P. ¿Ni un poco de polarización?
A: Sí, pero a través de las tribus urbanas. Los rockers contra los mods, los heavies contra los babosos... Había piques y algunas peleas, pero no era el espíritu del país. En general, reinaba la concordia y el propósito de entendimiento.
P. Casi como ahora.
C: Yo estoy espeluznada. Estamos en un nuevo desorden mundial y todavía no entiendo cómo hemos llegado a este punto. Tenemos que reflexionar como sociedad porque esa violencia se está trasladando a la vida cotidiana, a las relaciones humanas. Ya no son la clase política y la clase empresarial con sus peleas, es que en tu barrio, en tu día a día, hay un conflicto y una incomprensión constantes porque han calado unas ideas que nos están dividiendo y deshumanizando.
P.¿Qué ideas?
C: Nos estamos comiendo ese discurso terrible del neoliberalismo y la dictadura del mercado. La gente ha asimilado eso y nos hemos ido haciendo cada vez más individualistas: "Mientras a mí me vaya bien, los demás me importan una mierda". Ese círculo del miedo, que es el instrumento más poderoso que existe, ha calado en la sociedad y estamos en un momento crítico.
P. Alberto, te veo mover la cabeza y sospecho que no estás de acuerdo.
A: A ver, yo creo que estamos en un tema pendular. Venimos de una larga época con dominio mundial de la izquierda y hay una sensación extendida de que hemos vivido bajo una dictadura del buenismo y de lo woke. Yo discrepo con ese pensamiento único que intenta imponer la izquierda respecto a cómo deben ser mi feminismo o mi visión del tema LGTBI, que son cuestiones de las que se ha apoderado la izquierda siendo transversales. Llega un momento en que ese discurso buenista y ese intento de imponer una determinada ideología se le está volviendo en contra a la izquierda, especialmente con los jóvenes, hartos de que les digan cómo deben sentir y pensar, que son los que están votando mayoritariamente a VOX. Es una reacción lógica porque ser revolucionario y contestatario cuando quien marca las normas es la izquierda, es votar a VOX. Si mandara la derecha, muchos de estos chavales serían de izquierdas, pero el péndulo ahora va al revés. No lo veo tan grave.
P. ¿No sientes que el ambiente es peor que nunca en estos 50 años de democracia?
A: Sí, está disparado, pero se pasará.
C: Hay una cosa en que coincido con Alberto y es que es cierto que hay una reacción. El feminismo ha transformado tanto el mundo y hemos dado una hostia tan grande al sistema, que nos están devolviendo una ola de tsunami. Lo que pasa es que a mí sí me parece muy grave. Hemos avanzado en cosas tan importantes que quienes no quieren que eso avance se están revolviendo y está saliendo a cara descubierta con todo su poder. Hasta hace nada era políticamente incorrecto y a nadie se le ocurría decir en público que era machista, racista, xenófobo u homófobo. Ahora, no sólo se dice, sino que en las instituciones lo respaldan y cada vez están más en manos de esa gente que quiere volver hacia atrás.
P. Dadnos un consejo de convivencia, a ver si...
A: ¿Sabes dónde veo yo la esperanza en este país? Cuando Carlos Alcaraz gana un Open de Australia o la selección española, una Eurocopa. Ahí sí ves un país unido o sea que somos capaces de sentir orgullo de lo nuestro, lo que pasa es que se nos olvida muy rápido.
C: Yo creo que somos un país comprometido, que España es ahora mismo un oasis de derechos sociales porque en los demás países está habiendo una involución terrible. España está siendo ejemplar en cosas fundamentales como es la acogida a la inmigración, el amor de la gente y la ternura con que recibe en Canarias sin pensar de qué color eres... No lo intelectualiza ni lo politiza, va y abraza al débil. España es un país solidario.
P. No sé si Alberto estará muy de acuerdo en esto.
A: En lo político, no, pero sí creo que España es un país maravilloso para vivir. De clima, de gastronomía, de seguridad... Somos unos privilegiados por haber nacido en esta época en este país que tiene una Historia llena de guerras, de hambre, de miseria y de atraso cultural. España, hasta finales de los 70, era un país subdesarrollado. Somos unos privilegiados y creo que ahí sí tendríamos que hacer una reflexión común para entender que esta polarización te puede llevar a lo que ya pasó al 36, que nuestro guerracivilismo viene de atrás. La base de país que hemos construido durante estos casi 50 años de democracia es buena y deberíamos luchar por defenderla.
C: Y por reivindicarla. Ahí estamos completamente de acuerdo
A: Nosotros hemos hecho ese ejercicio de decir: "Oye, somos muy distintos, pero somos capaces de trabajar juntos y sacar un proyecto común". En este país echo de menos una gran coalición. Es decir, si tú te quejas tanto de que entre la ultraderecha y tú, de la ultraizquierda, coño, dad ese paso. PP y PSOE no lo dan por interés personal, por el "no es no", porque yo soy el salvaguarda de los valores tradicionales... pero se podía haber hecho como en Alemania o en Portugal. No les interesa el bien común porque con eso tienes mayoría suficiente para gobernar, no esto de ahora sin presupuestos. No se ponen de acuerdo y, por más que me cuenten sus historias y sus motivos, no lo voy a entender. Los políticos actuales, desde el primero hasta el último, son un auténtico desastre, unos inoperantes que van a lo suyo, a convertirse en casta como Pablo Iglesias con su chalet. La mayoría son unos indocumentados que no han estudiado, no han trabajado, no han generado un puesto de trabajo en su vida y seguirán viviendo a nuestra costa mientras se lo consintamos. En ese sentido, nos merecemos la clase política que tenemos.
C: Mi opinión sobre los políticos es radicalmente distinta. A lo largo de la Historia, ha habido algo que ha funcionado muy bien para el poder y es alentar esa desafección política que tiene Alberto. Decir que todos los políticos son igual de malos, que dan igual unos que otros, irte alejando del espacio público, no votar, pensar cada vez más en lo tuyo y pasar de todo. Al final, la clase política se desprestigia y entran avasallando las multinacionales y el neoliberalismo. Yo milité en la Liga Comunista Revolucionaria, pero he trabajado con políticos de todos los partidos y sé que no son todos iguales. Conozco gente extraordinaria, con mujeres excepcionales que han hecho que hoy tengamos una ley integral contra la violencia de género, con muchos políticos comprometidos con el trabajo de calle que sé lo que han sufrido dentro de su propio partido y de las instituciones. Nos han educado en esa desafección para que la gente rechace la política y triunfe el individualismo. Ahí es donde acampa la extrema derecha.
A: Una cosa pequeñita. Esa ley integral contra la violencia de género tiene un punto que al hombre le hace ser culpable preventivamente y eso es una cosa a la que los chavales jóvenes se están agarrando para ir contra el feminismo. Por eso creo que el feminismo llevado al extremo, la ecología mal entendida y este tipo de cosas de la izquierda woke, han desbordado y se les vuelven en contra, provocando más daños que beneficios.
C: Mejor dejamos aquí este tema, que mañana nos vamos de viaje juntos a Chile.
P. ¿Os seguís divirtiendo o ya es sólo trabajo?
A: Yo puedo estar muy enfadado con el mundo, pero me subo al escenario y, si suena bien y el público conecta contigo, es la mejor sensación de la historia.
C: Estamos viviendo nuestra segunda juventud.
P. No os peleéis.
C y A: ...






