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Esa España nuestra

Mar Flores: "Mi pecado fue ser una mujer libre en una España que se creía moderna y no lo era"

Fue el rostro de los 90, la más deseada, la más perseguida, la más atacada... "Me creí todo lo que se decía de mí, que era mala madre, mala hija y mala amiga. Me creía malvada", rememora

Mar Flores: "Mi pecado fue ser una mujer libre en una España que se creía moderna y no lo era"
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Mar Flores (Madrid, 1969) llega al estudio fotográfico con una idea que ha tenido durante el sueño discontinuo de la noche previa. Quiere posar con una bolsa de basura en la cabeza, tapando el rostro de la mujer más deseada ("y odiada") de España en los años 90 para simbolizar cómo le han hecho sentir durante años. La propuesta, tan potente como fácil de malinterpretar, evoluciona hasta acabar en una imagen en la que se arranca un esparadrapo de la boca porque ha decidido contar su versión en una autobiografía, ‘Mar en calma’, que tiene revolucionado a medio país.

¿Qué tal sienta soltarlo todo tras tantos años aguantando?
Creo que el silencio cuenta cosas que no son las que una quiere transmitir y eso es lo que me ha pasado a mí todo este tiempo. No hablaba y todo el mundo sacaba las conclusiones que convenían a su versión de la historia. Una calla por circunstancias, por miedo, por sus seres queridos... Cuando al fin rompes ese silencio, sientes una gran liberación. Me he quitado un gran peso de encima.
Tu historia se vendió inicialmente como un cuento, la Cenicienta moderna, una chica de clase trabajadora de Usera que se va a París, triunfa como modelo y conquista a media docena de príncipes.
Sí, y ese inicio sí fue muy bonito porque era una mujer fresca, libre, con ilusiones y con ganas de hacer realidad sus sueños. En ese momento, con 20 años, no hay nada que se te ponga en medio y te frene, aún no has sufrido nada que te deje marcada de por vida. Al contrario, lo que tienes es una ilusión descomunal y unas ganas frenéticas de conseguir lo que quieres.
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¿Cómo se produjo ese salto que te cambia la vida?
Fue un golpe de casualidad unido a decisiones firmes. Estaba dando una vuelta con una amiga por un centro comercial, vi que había un concurso de ‘Elle’ para elegir el rostro de los 90 y en ese mismo momento decidí presentarme porque de premio había un viaje a París y yo quería conocer sitios e ir allí con mi amiga. Gané y el viaje a París acabó siendo mucho más que turismo. Fue el inicio de mi sueño.
¿Siempre fuiste una tía tan decidida?
Suelo serlo si no tengo cosas que me paren. Cuando actúo sin pensarlo, siguiendo mi instinto, sí soy muy decidida. Lo que pasa es que muchas veces me he dejado frenar por otras personas. Ha sido un error.
De golpe, te conviertes en una celebridad. ¿Estabas preparada?
No, pero es algo de lo que he sido consciente a posteriori. En el momento no me daba cuenta de lo que estaba consiguiendo, que estaba logrando lo que quería. Es algo que ves después, con la perspectiva del tiempo. Cuando eres joven no estás pensando en esas cosas, sólo las vives. Eres libre, no tienes pesos, cargas ni responsabilidades. Solamente importan tus propias decisiones. Es todo mejor, más puro. Es algo que ahora intento transmitir a mis hijos: no hay que tener miedo a tomar decisiones y perseguir lo que quieres.
¿En qué momento dejaste de sentirte libre?
Cuando volví a España y mi vida sentimental comenzó a juzgarse sin piedad. Dejé de ser libre cuando los prejuicios que sentía de la sociedad me achantaron. A partir de ese momento, que duró años, ya no soy libre y actúo de una manera bastante impostada. En esa España de los 90 había mucho clasismo y mucho machismo y cuando se juntan las dos cosas, como sucedió conmigo, es terrible.
Cada paso que dabas era carnaza de prensa rosa.
Y no rosa. Hice una mala gestión de ese momento en que todas las críticas recayeron sobre mí precisamente por mi juventud, por ser naíf y no ser consciente del todo de lo que estaba pasando. Con la perspectiva y el tiempo, he trabajado esto y me he dado cuenta de que en esa época existía un machismo tremendo y las mujeres eran más machistas incluso que los hombres, pero en aquel momento yo no estaba comprendiendo nada, no entendía que yo era más víctima que culpable. Mi sensación era que, por más que intentara hacer las cosas bien, me caían tortas por todas partes. De los hombres, de las mujeres, de los programas, de mi familia, de mi entorno... Con la inexperiencia, eso se gestiona muy mal.
Se creó la imagen de que Mar Flores era una fría cazafortunas que seducía a hombres ricos y poderosos para ascender en el escalafón social. ¿Era cierto?
No, en realidad era lo contrario, me seducían ellos a mí, pero no lograba que la gente me entendiera. Cuando alguien se siente superado por una situación, se expresa de una manera que no es la correcta, no tienes fuerza, no tienes confianza, no tienes seguridad y cualquier comentario te acobarda y te hunde. Mi gran defecto en esa época fue creerme lo que se decía de mí, que era casi todo malo. Me creía mala madre, mala hija, mala amiga, mala compañera. Resumiendo, me creía malvada, una mala persona. Me convirtieron en el personaje que ellos dibujaban.
He repasado columnas y vídeos de la época y son terribles. Mil maneras de llamarte prostituta y manipuladora. ¿Por qué esa inquina? ¿Qué hiciste mal?
Ser libre.
¿Sólo eso?
Sí. Mi pecado fue ser una mujer libre en una España que se creía moderna y no lo era, la idealización de los 90 esconde una realidad muy distinta si no eras hombre y heterosexual. Como modelo, yo había vivido fuera, en París y en Estados Unidos, desde muy joven. Vivía con mis compañeras de piso, que eran modelos también, de una manera libre, sin prejuicios y en la que todas hacíamos lo mismo que hacían los hombres. Mis amigos modelos y mis amigas modelos llevaban el mismo estilo de vida libre. Crecí en unos países donde no te juzgaban como mujer por con quién estabas o dejabas de estar y llegué a España creyendo que aquí sería igual. Bueno, pues no era ni parecido.
¿La libertad sexual de la mujer no se contemplaba?
No y, encima, me metí en el círculo de una alta sociedad donde esto estaba todavía peor visto y había una presión aún mayor por guardar las apariencias. No se permitía que yo jugara con las mismas reglas que un hombre ni que, en mi vida personal, actuará con la misma libertad con la que se movían los hombres de esa época y ese entorno.
Si ellos estaban con muchas mujeres eran héroes, pero si tú hacías lo mismo eras una golfa.
En realidad, eso sigue pasando. El objetivo de escribir mi libro no era tener unas memorias para mi ego, sino hacer reflexionar sobre lo que pasaba hace 30 años y lo que sigue pasando ahora. Cuando no puedo dormir por la noche, que me pasa a menudo, es porque parece que me he metido en una cápsula del tiempo y seguimos igual que cuando yo sufrí todas esas vejaciones. Esa es mi frustración. He hecho lo que he podido como personaje público, he contado mis vivencias por si a alguien le sirve y nada me gustaría más que que esto cambiase. Ya no por mí, porque a estas alturas me da igual si no me creen o si me vapulean, ya lo he vivido y tengo callo, pero tengo cinco hijos varones y la ilusión de que ellos vivan en un mundo mejor.

¿Eres optimista?
No demasiado. Me frustra ver que todavía hay medios de comunicación que tienen el poder de contar estas cosas de otra manera, dando una visión nueva y una esperanza a las mujeres que sufren violencia o se quieren empoderar y, en lugar de hacer eso, siguen dando voz a los mismos hombres y a las mismas posturas machistas. Desde que salió publicado mi libro, he observado un feminismo selectivo bastante castrante.
¿Crees que contigo no se aplica?
Creo que, en general, conmigo hay un punto y aparte respecto a las demás mujeres en el sentido de que, no sé muy bien por qué, se me trata de otra manera.
¿Peor?
Sí, claro. No lo quería decir yo, pero, ya que lo dices tú, es evidente.
En el libro cuentas que sufriste malos tratos reiterados por parte de tu primer marido, Carlo Costanzia y que, al ir a denunciar, la policía te ignoró. También, que en otro caso, el juez llegó a preguntarte qué esperabas "si presentas un programa de televisión y sales a la calle en minifalda".
Sí y estamos a 21 de octubre de 2025 [día en que se hizo la entrevista] y esta mañana me levantaba con una noticia de que una chica de 21 años había sido asesinada por su pareja. ¿Y por qué? Por celos. Eso sigue pasando constantemente y si esta chica hace unos días hubiera leído o escuchado testimonios similares de personas famosas a las que la sociedad escucha y ayuda, a lo mejor habría denunciado y esto se habría evitado, pero no lo ha hecho en parte porque en los platós se sigue dudando de la famosa que denuncia haber sufrido ese tipo de violencia, se la examina, se la juzga, se llega a llamar al agresor para buscar más audiencia… Y esto pasa en 2025, no en 1995.
¿Tan poco hemos mejorado?
Ha habido un avance a nivel social. Ha cambiado la ley, existe un protocolo de protección a la mujer, un número de teléfono al que llamar. Hoy en día todo eso existe, entonces es aún más grave que cómo tratan el tema ciertos medios, cómo silencian todavía a algunas mujeres porque les da la gana y como hay una tendencia a creer más a un hombre que a una mujer por el hecho de ser hombre.
Cambiando a la faceta pública y lúdica, en aquellos años eras emblema de las fiestas de la discoteca madrileña Fortuny. aquello era básicamente jet, pijerío y famosos. La chica de barrio había quedado atrás.
Me lo pasaba muy bien, fue muy divertido. Todo el mundo quería estar allí y tú te sentías estupenda estando, esa es la verdad. Lo que pasa es que, al final, cuando te mueves en unos círculos, sólo conoces a gente de esos círculos. Cuando yo volví a España empecé a trabajar en televisión [‘VIP Noche’], y me invitaban a eventos y fiestas en los que siempre estaban las mismas personas de ese perfil. Si yo hubiera sido obrera de la construcción o peluquera, me hubiera movido en otro lugar, me hubiera relacionado con otras personas y habría estado igual de cómoda. Estar ahí dentro, con la gente guapa, no es algo que yo buscase desesperadamente, es algo que me llegó y lo intenté disfrutar como mujer libre que era.
De esos círculos salieron casi todas tus parejas: Costanzia, Fernando Fernández Tapias, Alessandro Lequio y Cayetano Martínez de Irujo. Se repite el perfil de hombre mayor que tú, poderoso, con dinero y chapado a la antigua o, en varios casos, directamente machista. ¿Cómo esa mujer libre acaba en esas relaciones?
Ahí has dado en la diana, esa es la gran pregunta de mi vida. La respuesta la he descubierto después de mucha terapia. Yo era una chica muy joven que sentía muchísima inseguridad a pesar de estar viviendo en los mejores lugares y desfilando en las mejores pasarelas. Ser modelo te crea mucha inseguridad y mucha necesidad de cariño. Así que sí, he dado con un perfil de hombre muy similar, bastante machista, tóxico... Y, por supuesto, la culpa es mía, no es de nadie más.

Bueno, la culpa será de quien lo sea.
Sí, pero yo podía no haber estado con ellos. La culpa es mía en el sentido de que, como me he dado cuenta con los años, yo buscaba ese perfil de hombre. Hay un rasgo común a todas las personas narcisistas que ejercen la autoridad sobre las mujeres y es que al principio son conquistadores natos. Esa seducción me llenaba muchísimo porque me hacía sentir muy querida y una mujer espectacularmente segura y maravillosa, cosa que yo a esa edad no me sentía en realidad, pero acababa siendo una forma de enmascarar lo que iba a pasar después.
¿El qué?
Pues que no me trataran bien, el control, los celos… Ahora sé que ese es el motivo por el que elegí a este tipo de hombres, aunque seguramente no los elegí pese a que entonces creía que tenía el control. Este tipo de hombres narcisistas saben perfectamente qué víctima elegir y detectaron muy bien mi inseguridad y mi necesidad de amor.
Resulta extraño, con la visión actual, que en esas relaciones con hombres mayores y más poderosos se decidiera que la que tenía el control eras tú. Hoy, de hecho, los que estarían bajo sospecha serían ellos.
Totalmente, parece bastante obvio, pero dio igual. Se me culpabilizaba por todo. Yo he salido con personas muy ricas y con personas que no tenían dinero, pero siempre se ha encontrado algo con lo que atacarme. Mis relaciones no han sido por un objetivo, han sido porque ha ocurrido, porque me he enamorado o porque me ha apetecido. Punto. Nunca he tenido una motivación económica para estar con un hombre, pero ha dado igual. Esa etiqueta de cazafortunas, o peor, me la pusieron hace mucho tiempo y cuesta mucho quitarla
¿Te sentiste cosificada, convertida en un objeto de deseo colectivo?
Curiosamente, esa sexualización se dio, pero nunca en mi entorno profesional. Pese a que en el mundo del modelaje se cuentan tantas historias yo jamás tuve un problema ni me sentí un simple objeto. Tenía muy claro las cosas que sí y las que no, hasta dónde quería llegar y supe mantener esos límites. Tampoco me pidieron nada raro. Sin embargo, sí la he sentido siempre cuando me han tocado el corazón, cuando han sido personas con las que he intentado tener una relación de pareja y ellos sólo querían mi físico o lo que yo representaba. Eso me llevó a un punto de dolor en las relaciones personales.
¿Alguien se sobrepasó o te hizo propuestas fuera de lugar?
Eso ha pasado siempre y a lo mejor hasta sigue pasando, pero ahí el límite lo tiene que poner la mujer. Por eso hay que escuchar a la mujer, por eso hay que apoyar a quien denuncia situaciones de ese tipo. Yo, cara a cara, nunca he sentido que alguien creyera que me podía comprar y cuando me he sentido incómoda, lo he dicho y he dejado las cosas claras. Nunca he dado opción a que alguien cruzara la línea.
Hay un momento tremendamente simbólico de todo lo que te pasó. En 1998, llegas al estreno de tu primera película como protagonista, ‘Resultado final’. La Gran Vía llena de fotógrafos, te bajas del coche con Cayetano, miras al cartel con tu imagen que ocupa toda la fachada y ves una pintada en letras gigantes: "Puta".
Sí, a la vista de todo Madrid y nadie lo quitó. Esto a la gente le impacta muchísimo con los ojos de hoy y, sin embargo, en ese momento no lo viví tan humillante. Menos mal, porque si no hubiera acabado conmigo. Yo en ese momento seguía intentando defender lo indefendible, lo que a nadie le estaba interesando, y es que había hecho una película. Creía que el cartel de fuera no importaba, pero sí que importó. Avergonzó a mi pareja, a mi familia y a mí me hizo un daño que no asumí porque en esa sociedad a nadie le escandalizaba que te llamaran puta.
Cuentas en el libro que Costanzia te dejó un mensaje en el contestador diciendo que te iba a convertir en la mayor puta de España.
Tenía poder y contactos para ello. En toda esa fama hubo una cosa clave, que fue mi mala relación con el padre de mi primer hijo. Su objetivo siempre fue desacreditarme públicamente y lo consiguió en muchas ocasiones.
Mar Flores con Juan Antonio Bardem, director de 'Resultado Final'.
Mar Flores con Juan Antonio Bardem, director de 'Resultado Final'.E.M.

En 1999, tras la publicación de la célebre portada de Interviú con unas fotos de años antes en la cama con Lequio, fuiste ingresada de urgencia tras ingerir demasiadas pastillas para dormir. ¿Fue un intento de suicidio?
No, fue un accidente. Estaba tan harta de todo y sólo quería dormir. Te comentaba antes que no supe gestionar lo que me pasó y esa noche se juntó todo. Llega un momento en el que ya no tienes armas, ya no sabes qué hacer, la cabeza se aturulla y lo que necesitas es dormir y descansar sin que nada de lo de fuera te siga impactando. Eso fue todo, quería dormir cómo fuera, pero no quería irme. Eso ha pasado una vez en mi vida y jamás va a volver a ocurrir porque ya tengo herramientas para gestionar ese envenenamiento.
¿Dónde queda esa idea de que España era mejor y más feliz en los 90?
Tenía cosas buenas, pero se pasaban por alto otras muchas peores porque ni siquiera éramos conscientes de su gravedad. No se hablaban y entonces, claro, no había conflicto, pero ahí estaban. En los 90, una mujer libre era una mujer marcada. Hablar tanto del pasado está muy bien para reflexionar sobre lo que pasaba, pero ahora hay que mirar al presente para darnos cuenta de que en muchas cosas seguimos anclados en el pasado. Y creo que lo que merece de verdad un aplauso es que una mujer que ha caído 75 veces y se ha levantado 87 sigue aquí, con un par, intentando hablar. Estoy agradecida de que me han hecho una figura pública, quiero tener voz y quiero defender que a fecha de hoy, en 2025, no se puede seguir permitiendo el machismo sobre la mujer.
¿Cómo valoras la reacción al libro?
Decepcionante por parte de mucha gente. Aunque he recibido muchos apoyos, también me he vuelto a sentir muy juzgada por contar lo que sufrí. ¿Pero qué voy a hacer? ¿Voy a dejar que puedan conmigo otra vez? No. Me niego. Quiero seguir poniendo mi granito de arena porque tengo un altavoz y, a día de hoy, todavía tengo fuerza para seguir luchando contra esto. No me siento única en el mundo, hay muchas mujeres valientes, conocidas o no, que alzan su voz. Lo importante es que el discurso llegue, impacte en la gente y la sociedad mejore. Tengo que intentarlo aunque sólo sea por el futuro de mis hijos.
¿Qué tal llevan enterarse del pasado de su madre?
Bueno, los cuatro pequeños [de su matrimonio con Javier Merino, tienen entre 21 y 14 años] han vivido muy cerca de mí, cosa que es básica. No han tenido un padre que les envenene la cabeza hablándoles mal de mí y han visto cómo me muevo y cómo soy: una madre cariñosa, luchadora, a la que le revienta que no sean personas educadas o que traten mal al que es más débil. Estoy muy satisfecha de haber podido trasladarles mis valores y nuestra relación es perfecta. Con mi hijo mayor [Carlo Costanzia] la cosa es distinta. No tuve la oportunidad de educarle como yo quería porque se lo llevó su padre y ha faltado un espacio vital para que me conociera como realmente soy. Creo que he sido valiente y, a la vez, muy ingenua al intentar expresar a través de mi libro quién soy y dejar un documento de vida para mis hijos. Con el mayor no ha servido para nada, pero para todos los demás sí.
¿Por qué no ha servido con Carlo?
Leer ciertas cosas sobre su padre y lo que me hizo ha sido una carga para él que no he sabido valorar, pero también hay que pensar que la violencia se puede ejercer sobre una mujer a través de su hijo. Ahora tiene nombre, violencia vicaria, pero cuando a mí me sucedió no sabíamos ni que existía, nos era imposible detectar cuando éramos víctimas de eso.
¿Has sido realmente feliz en algún momento de todo este viaje?
He sido feliz muchas veces en mi vida, pero en fases cortas. De un modo estable lo he sido cuando he estado protegida en mi entorno, creando una familia durante 15 años en los que reduje mi exposición pública al mínimo. El dolor se quita con amor, y en ese sentido he sido afortunada. Ahora, más que feliz, estoy satisfecha. Creo que soy una persona que, pese a todos los problemas que he tenido y todas las circunstancias negativas que me han caído y me siguen cayendo, se desenvuelve bien desde el agradecimiento, el no rencor y la persecución de la verdad. Estoy bien. Visto lo visto, no es poco.