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Esa España nuestra

Belén Rueda: "Me niego a que mis hijas pasen por ciertas cosas por las que pasé yo en la televisión"

Antes del cine y los taquillazos, triunfó una tele de apariencia familiar y machismo estructural. "El sexismo era lo normal y nos llevó mucho trabajo cambiarlo. Hay que defender lo logrado", reivindica

Belén Rueda: "Me niego a que mis hijas pasen por ciertas cosas por las que pasé yo en la televisión"
Actualizado

La televisión no es ajena a la ola de idealización del pasado reciente de España. Antes de ser estrella del cine, Belén Rueda (Madrid, 1965) fue el sonriente rostro de aquella tele feliz por fuera y bastante más turbia por dentro de los años bisagra entre siglos. Su carrera es nuestro Panteón catódico, de ‘VIP Noche’ a ‘Los Serrano’ pasando por ‘Periodistas’ y hasta el ‘Telecupón’. Ahora que estrena una película, ‘El vestido’ (sí, es de terror, de mucho terror), en la que comparte protagonismo con su hija Lucía Écija es buen momento para evaluar cuánto y cómo hemos cambiado.

No se me ocurren muchas cosas que subrayen más el paso del tiempo que trabajar con una hija.
Es bonito e impresiona. ¿Cómo son tan mayores tan pronto? ¿Qué ha pasado aquí? ¿Quién me ha robado el mes de abril?, que decía Sabina. De todos modos, como las dos estudiaron fuera algún año, aunque nunca las dos a la vez, en aquellos momentos en que el núcleo familiar de tres se convertía en dos, ya pasé mi momento de miedo y me preparé para el nido vacío definitivo. Mi casa era un sitio donde se reunían mucho con sus amigas, siempre había mucho jaleo, y cuando ellas se independizan sientes un silencio que yo no he superado del todo. Les dije: "¿Os importaría grabarme un vídeo o algo y yo me lo pongo cuando necesite oíros?". Pero, bueno, es lo que toca. Siempre estamos en contacto, pero tienen su propia vida y toman sus propias decisiones.
Belén es actriz y la menor, Lucía, productora. ¿Cuánto han evolucionado el cine y la televisión desde que empezaste tú, en los 90, a ahora, que empiezan ellas?
Ha habido un una evolución real y brutal, pero hay cosas que, en esencia, son iguales, sobre todo en lo que se refiere a cómo afrontas tú interiormente la profesión. Sobre todo, la incertidumbre y las inseguridades porque, por mucho que te prepares, no es lo mismo la teoría que la práctica. Lo bueno es que para la práctica tienen la oportunidad de hablar con nosotros, conmigo y con su padre [el productor Daniel Écija], que nos llevamos muy bien y ambos llevamos muchos años en esto. En eso sí que veo que los comienzos son parecidos. Hay que aprender a digerir los noes y a vivir en un constante estado de incertidumbre. Además, cuando yo empecé no existían redes sociales y eso es un extra que hay que incorporar a tu vida laboral que puede ser muy bueno o muy malo.
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Y la industria en sí, ¿es muy distinta?
Han cambiado algunas cosas. Por ejemplo, cuando yo empecé presentando programas parecía imposible que saltases a la ficción de televisión y, una vez que logré hacer series, me decían que era imposible saltar de ahí al cine. Cada vez que he dado un paso ha supuesto un cambio para la industria, pero no para mí porque yo he sido siempre lo mismo: actriz. Antes era imposible cambiar, no te lo permitían, y eso ya no pasa. Mi primera película, ‘Mar adentro’, fue a los 40 años. Se supone que era la edad en la que ya no había papeles para las mujeres, pero a mí me ha dado para hacer toda una carrera en cine desde entonces. Esa es otra evolución clara, la del rol de la mujer. Empezó a haber más mujeres directoras, directoras de fotografía, guionistas... y a dárseles una visibilidad que antes no tenían. Aunque algunas barreras cuestan más que otras.
¿Cuáles?
Por ejemplo, en el cine de género ha sido mucho más complicado que las mujeres liderasen proyectos. A mí me encanta el terror y lo he visto muy de cerca.
¿Te encanta hacerlo, eres la actriz de terror por antonomasia, o verlo?
Hacerlo. Verlo me ha costado siempre mucho, me da demasiado miedo. De hecho, te confesaré que no he acabado nunca de ver ‘El exorcista’. Las mías sí las veo. Me gusta ver la evolución desde lo que yo he rodado al producto final y no me asustan porque ya me las sé. Lo que te iba a contar de las mujeres y el cine de terror es que a Carlota Pereda, la directora de ‘Cerdita’ y con la que hice ‘La ermita’, la conozco desde ‘Los Serrano’, porque ella era script, y ya entonces había escrito un montón de cosas que, por el hecho de ser mujer, no lograba tener la oportunidad de sacar adelante. Cuando se la dieron, tras todos esos años, mira el éxito… Que en la industria se haya normalizado, al fin, que la mujer dirija es un cambio fundamental.
En la industria y en la sociedad. Por ejemplo, hasta hace nada, en las entrevistas era muy habitual preguntarle a un actor si pensaba en ser director y rara vez planteábamos lo mismo a las actrices.
Exacto. Si eras actriz, eras actriz y punto. Ahora ya muchas han dado ese paso y tenemos actrices-directoras como Leticia Dolera, que hace unas propuestas maravillosas y no desde esa cosa tan absurda que se dice tanto de "la visión de la mujer". ¿Pero qué es eso? ¿De qué coño estamos hablando? Son problemas reales, existentes y que afectan a niños, niñas, hombres y mujeres. La no igualdad nos afecta a todos, no es cosa de tías. Conviene recordarlo ahora que parece que estamos dando un paso atrás en este sentido. Nací en el 65, he vivido mi tiempo y he tenido que ir quitándome determinadas capas de machismo que, por cultura y educación, estaban admitidas. No vayamos a retroceder ahora.
Es que empezaste, ni más ni menos, en la Telecinco de las Mama Chicho.
Aquello era… Por eso defiendo, cuando cierta gente se queja de que somos menos libres y ya no se puede hacer nada, que hay cosas que está muy bien que no se puedan hacer. Para las que vivimos aquello, ese sexismo era normal y ha llevado mucho trabajo lograr que dejara de serlo. No se está coartando la libertad de nadie, se está defendiendo el respeto. En el momento en el lo que tú dices es ofensivo para otro, tienes que empezar a mirarte tu concepto de libertad. Nos ha costado a todos ese cambio, porque había una cultura muy incrustada en la sociedad, pero mis hijas me han ayudado mucho a verlo. Y me niego a que ellas pasen por ciertas cosas que pasé yo. Hay que defender lo conseguido.
¿Qué cosas? ¿Cómo fue para trabajar en aquella televisión?
Por suerte, la televisión ha evolucionado. Sigue teniendo ciertos reductos machistas, pero se ha actualizado muchísimo. Evidentemente, la cosificación era constante. En uno de los programas en los que estaba, decidieron quitarme y la explicación que me dio un directivo fue muy clara: "Es que tú no eres el prototipo de mujer Telecinco porque te faltan tetas". Tal cual . Fue terrible. Yo era muy joven tenía 25 años, y en ese momento me entraron ganas de gritar, de llorar de todo, pero te aguantabas por no darle el gusto y porque, además, sabías que no iba a pasar nada.
Hoy un comentario así sería denunciable.
Por suerte. Entonces era nuestra normalidad. Veo que hay ahora una corriente en la que los chicos más jóvenes dicen que no saben cómo relacionarse con las mujeres sin ofender. Bueno, pues que hagan un esfuerzo por adaptarse porque va a ser la mitad de la mitad de la mitad de la mitad del que hemos tenido que hacer las mujeres soportando determinadas cosas y siguiendo con nuestra vida durante tantísimos años.
¿Viviste muchas experiencias de ese tipo?
Claro, como todas. Sin saber, además, cómo contarlo porque, encima, te sentías culpable sin serlo: "Algo habré hecho". Se quejan algunos hombres de que ahora tienen que preguntarlo todo para avanzar en una situación sexual. Pues sí, pregunta. Habrá un momento, cuando ya todo se estabilice, en el que no será necesario preguntar, pero todavía no estamos ahí y es muy importante que los padres sepamos educar en esto a nuestros hijos. Enseñarles que no pasa nada por preguntar ni porque el chico se pueda sentir incómodo por no poder actuar sin tantos límites. En serio, nunca se van a sentir tan incómodos como todas las chicas a las que nos han dicho que vas provocando por ir en minifalda.

¿Se idealiza demasiado esa España feliz de los 90?
En cuestiones de género, sin duda. Y en cuanto al mejor ambiente general, es cierto que existía, pero en parte era porque había determinadas instituciones, como el franquismo y la monarquía, de las que no se podía hablar. Entonces, como eso era tabú, te quitabas muchas discusiones. Ahora todo eso también se habla y, claro, ha generado un enfrentamiento. Antes no necesitaban tirarse los trastos a la cabeza porque nadie les criticaba, pero cuando empezó a salir todo lo que ocurría por debajo y la gente empezó a exigir conocer la verdad y debatirla, se acabó la paz. Era un buen rollo ficticio.
¿Compensaba?
Yo creo que no, que está bien que no haya temas tabú en una sociedad y que lo que tenemos que hacer es aprender a discutir, no dejar de hacerlo. Un país tiene que evolucionar y siempre que hay un cambio, hay polémica. Lo estamos viendo con lo de que los adolescentes no tengan redes sociales, que creo es bueno para todos, y no es distinto a lo que sucedió cuando se empezó a limitar en serio el alcohol para coger el coche. Ahora, prácticamente todo el mundo ha asumido que es impensable conducir si has bebido, pero entonces muchos pusieron el grito en el cielo porque era casi cultural. Yo no he bebido nunca alcohol y he visto cada cosa...
¿Llevas 35 años en la farándula sin beber nada?
Nada. No he bebido porque no me gusta perder el control y porque no me da la gana, pero está tan metido en nuestra cultura que, de joven, a veces me hacía la borracha para que no me dieran el coñazo de decir que si no bebes no eres divertida. En realidad, me gusta salir con mis amigas y cuando me pongo en modo fiesta no necesito nada para aguantar hasta las tantas y pasármelo bien, pero desde la adolescencia está esa cosa de asociar la diversión con el alcohol que no me gusta nada.
Aquella tele familiar y sin carga política en la que surgiste ya casi no se hace.
Sí, aunque también ahí se nota cómo hemos evolucionado porque en ‘Los Serrano’ que se dicen unas barbaridades tremendas. El personaje de Antonio [Resines] dice unas cosas que ahora me dan vergüenza y entonces nos parecían muy graciosas. Pero es cierto que esa tele de entretenimiento familiar casi ha desaparecido, ahora todo es política y tertulias. Hay una crispación que se ha transmitido a todo y también a la televisión. Y hay algo de dictadura de la audiencia. Quizás sea la influencia de las redes sociales, donde parece que el que más barbaridades grita es al que más se escucha, destacas aunque no tengas nada real que aportar, pero ¿sabes qué pasa? Que el tiempo deja atrás a aquellos que solamente son ruido. En un momento dado puedes tener audiencia, pero para poder mantenerte tienes que tener sustancia. Veremos cuánto dura esta moda.
Empezaste Arquitectura, vendiste pisos, entraste en la tele como azafata, te hiciste allí estrella, saltaste al cine, ya a los 40, con un Goya y aun así te ha dado tiempo a convertirte en una de las actrices más taquilleras de la historia de España. Has tenido una carrera muy atípica.
Muy rara. En realidad, para lo que yo iba es para bailarina, he hecho la carrera de danza clásica y española. Siempre he estado relacionada con la expresión artística y me ha gustado subirme a un escenario, pero no soñaba con ser actriz pese a que me hubiera encantado. Esto también ha cambiado mucho. Ahora las redes sociales parece que te permiten entrar muy rápido, pero en aquel entonces no sabías ni por dónde empezar, cómo hacer que alguien te viera. Me parecía imposible poder ser una de aquellas que participaban en una película, así que yo misma me ponía una barrera y no me preparaba para eso, pero había algo dentro de mí que tiraba mucho y llegó un momento en que decidí que no me iba a poner los límites yo, que ya me los ponía el mundo.
Te salió bien.
Sí. Hay mucho trabajo que hacer para poder vivir de ser actriz y de cualquier otra cosa. Para ser bueno en lo que sea hay que currar mucho, pero yo creo que trabajé el doble o el triple que otras personas por la cosa del qué dirán. Eso me pesó muchísimo en determinadas etapas de mi vida porque la etiqueta de venir de la tele era como la letra escarlata. Pero, mira, al final es el público el que decide. Esto es como un deporte; todos opinan, pero tú ponte a jugar al fútbol y ya veremos qué pasa. Al final lo hice y mira.
Belén Rueda, en el centro, junto a Antonio Resines y el resto del reparto de 'Los Serrano'.
Belén Rueda, en el centro, junto a Antonio Resines y el resto del reparto de 'Los Serrano'.

Esto también ha cambiado. Ahora mismo, habría tortas en el cine por la actriz protagonista de una serie con la audiencia que tenía ‘Los Serrano’.
Sí, pero entonces eso fue un impedimento. Existía el prejuicio de que solamente podía hacer este personaje. Pasas por varias fases cuando te dicen: "No te podemos coger porque se te va a ver como Lucía, de ‘Los Serrano’, y nosotros queremos que se vea el personaje que hemos escrito". Hay un momento de sorpresa, luego otro de cabreo y un último de ignorarles. Dije: "Voy a trabajar, voy a ir a cada prueba y, si después del trabajo pensáis que esto no puede ser así, ya me iré a otro lado, pero no voy a tirar la toalla". Al final, Alejandro [Amenábar] sí vio más allá y gané esa batalla. Es importante ignorar los comentarios ajenos cuando empiezas. Ahora todos los chavales están continuamente mirando lo que se dice sobre ellos en las redes y en los medios. Es humano, pero es un error. Yo ya no los leo porque siempre hay alguien al que no le gusta tu trabajo y otro al que sí, pero te quedas con el malo. A veces de determinadas críticas constructivas se aprende, pero, en general, sólo te machacas.
La serie os dio una popularidad desmesurada que fue muy dura para los actores más jóvenes como Víctor Elías, Verónica Sánchez y Fran Perea, ¿cómo la llevaste tú?
Mal, pero ya desde antes de ‘Los Serrano’ porque la tele de entonces daba una fama impensable hoy. No se lidia bien porque, además, cuando estás en los momentos más frágiles de tu vida es cuando más te persiguen. Cuando están ocurriendo cosas muy dramáticas personales [la segunda hija de Belén falleció siendo un bebé en 1997] es cuando más quieren saber de ti y te están persiguiendo los paparazzi. Quieres gritarles: "¿Vosotros no tenéis corazón, no tenéis hijos, no sabéis de qué va esto o dónde se coloca el dolor?". O hay una separación [su relación con Écija acabó en 2003] y continuamente te están colocando parejas en los medios cuando sólo es un amigo o una amiga. Yo que sé, es una cosa muy loca. En esos años, lo que más deseaba, y se ha cumplido, es que esto se diera la vuelta y las cámaras enfocasen hacia otro lado.
Sigues siendo famosa, pero de otro modo.
Claro, ahora es sólo por mi trabajo y es muy diferente. Hubo un momento en que mi profesión era ser famosa y es una profesión horrible. Cuando alguien joven me dice que quiere ser famoso, siempre le corrijo: "No. Tienes que ser cantante, actriz, deportista o ingeniero. Ser sólo famoso es una condena".
En 2018 sufriste un ictus del que te has recuperado al 100%. ¿El susto ha cambiado tu forma de ver la vida?
No. Por desgracia, tanto el papá de mis hijas como yo tuvimos una época muy bestia de pérdidas siendo muy jóvenes y eso te hace colocar tus prioridades y tus valores. Luego te vuelves a perder, pero cuando tienes otro momento malo más adelante en la vida, te recolocas ahí con rapidez. Todos en bloque sufrimos una cosa parecida con la pandemia y salimos reforzados, valorando más el contacto humano y a la gente que queremos. Eso aguantó un año y medio y ya estamos todos enloquecidos otra vez.
Creíamos que saldríamos mejores y hemos salido a tortas.
Sí, pero quiero creer que lo que aprendimos entonces sigue dentro de nosotros para cuando sea necesario. Por lo menos a mí me ha pasado con lo que aprendí en aquellos años tan duros. Hay momentos en los que entro en locura y el cuerpo me vuelve a decir: "Belén, ¿qué está pasando aquí? Para, ya sabes qué es lo importante". Y me lo tomo todo de otra manera. Yo sí creo que salimos mejores de la pandemia, otra cosa es que olvidemos lo aprendido.
¿Dramatizamos demasiado los problemas de España?
Es que es muy curioso porque aquí parece que es el Apocalipsis y nada funciona, pero sales fuera a trabajar y a España se la mira como referencia en muchas cosas. Es impresionante el respeto que se nos tiene, muchísimo más que aquí. El fatalismo se utiliza en beneficio de determinados intereses políticos y es peligroso.
¿Qué es lo que más te preocupa?
Hablábamos antes de ese antifeminismo de un gran número de hombres jóvenes. Lo que pasa es que si nuestra reacción es la simple crítica a estos jóvenes, mal vamos. Hay que saber qué les está pasando para que consideren que eso es lo que está bien. Hay que ir a la raíz del problema porque no se cambia nada regañando y despreciando.
¿Cuál es esa raíz?
Una sociedad se cambia desde la educación y la información y ahí es donde más ha fallado este país. Hemos sido muy tibios al educar e informar sobre según qué temas y esa ignorancia provoca estas reacciones. De eso no tienen la culpa los chavales. Si no tienen una información veraz, sólo lo interesado de cada parte, es hasta normal que se monten películas con lo que cualquiera suelta en redes. No les estoy justificando, pero sí pidiendo que reflexionemos antes de que sea tarde.