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A SIMPLE VISTA

José Luis Rodríguez Zapatherian

Los zapatherian monitorean, sientan a hablar a unos y otros, pagan la cuenta, huelen la trufa enterrada antes que nadie, se disfrazan de lo que haga falta.

José Luis Rodríguez Zapatero.
José Luis Rodríguez Zapatero.ALBERTO DI LOLLI
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No me digan cómo funciona el cerebro humano -y más concretamente el mío-, pero al ver una imagen alucinante de un chaval acuclillado y disfrazado de zorrito en el centro de Madrid, me he acordado al instante no de los que salían en El hombre y la Tierra de Félix Rodríguez de la Fuente. Ni de los que entran con nocturnidad a las granjas de Zamora para hincharse de gallinas y huevos. Ni de Antonio Banderas marcando con una zeta a sus enemigos en aquella película. Sino del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

Si todos sabemos ya lo que son los therian que empiezan a popularizarse en nuestro país (personas que se identifican, en un plano psicológico o espiritual, con un animal no humano), aquí hemos venido a aportar nuestro granito de arena zooantropológico hablando de los más antiguos zapatherian.

Los zapatherian son conocidos en política desde que empezó la democracia y tienen un valor incalculable. Los hay a derecha y a izquierda. No tienen precio. En su época daban muchas entrevistas y hoy casi ni las dan. Operan mejor en silencio y en segundo plano. Saben cosas que jamás se desclasificarán. Ningún mandatario (o mandataria) tiene posibilidad alguna de consolidar su poder si no tiene un zapatherian en chiqueros, al que ha de engordar y cepillar lo mismo que hacía Revilla con el toro Sultán, que le iba a repoblar Cantabria entera.

Lo mejor que le puede acabar pasando a un hombre de poder es terminar de zapatherian en la sombra.

Los zapatherian monitorean, sientan a hablar a unos y otros, pagan la cuenta, huelen la trufa enterrada antes que nadie, se disfrazan de lo que haga falta. Y, si llega el caso, le dan una puñalada por la espalda a quien toque.

Zapatherian es Miguel Ángel Rodríguez aunque él no lo sepa, pongamos. Zapatherian fue Felipe González, por ejemplo. Zapatherian es el propio Zapatero, claro, quien se doctoró en el oficio con un maniobrar mutante, zorruno y posibilista. Le dio la matraca a Eduardo Madina entre 2011 y 2014 para que diera un paso al frente. Cuando aquel se decidió, apoyó a Susana Díaz; luego, al dar marcha atrás esta, respaldó a Pedro Sánchez. Dos años después, regresó con Susana y perdió. No pasa nada, calma. ¿Qué hizo a continuación? Retornar a muerte con Pedro.

Me cae bien Zapatero, a pesar de lo que pueda parecer: creo que su primera legislatura ha sido lo mejor de la democracia (las leyes del matrimonio homosexual, de Dependencia, de Igualdad, de Memoria Histórica). No puedo con Zapatherian.

Hace más de diez años, le entrevisté. Entonces, le pregunté por su tijeretazo de 15.000 millones en el sector público: pensionistas, familias humildes, madres carabancheleras.

-¿Hay ética en la traición, como dice Cercas?

-[Serio] No hay traición. Y sí mucha ética: la de la responsabilidad. Asumí que tenía que tomar una decisión. Eso es gobernar... Nuestra vida todo es un explicarnos a nosotros mismos. Y yo me explico a mí mismo diciendo que no eludí aquello. Quiero que mis amigos, mis hijas, sepan que no eludí los momentos más duros.