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Los 40 y tantos golpes

Señor Trump, esta es la mejor frase escrita jamás en español y es tan hermosa como la Declaración de independencia de su país

Hasta a Maduro le habría gustado que se la leyeran como una dación de los santos óleos cuando los Delta Force le pillaron en el escusado boliviariano

Nicolás Maduro, en Manhattan.
Nicolás Maduro, en Manhattan.REUTERS
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Hace siete años me mandaron a entrevistar a Walter Isaacson (Nueva Orleáns, 1952), el gran biógrafo de los visionarios (Franklin, Jobs, Musk...), que no de Estados Unidos, honor que descansa todavía en Gore Vidal. Antes de hablar con él le pregunté a Rafael Borràs, director literario de Planeta durante décadas y creador de la colección Espejo de España, por qué a los españoles nos gusta tan poco este género literario.

«Creo que escribimos pocas memorias por culpa del pudor y porque nos gusta mentir» -respondió con sabiduría Borràs-. «Ya lo dijo Unamuno, la envidia es el pecado nacional. Una biografía es una forma de consagrar a un personaje y eso lo llevamos mal».

Isaacson, que entonces promocionaba su libro sobre Leonardo, fue encantador, si bien el titular que puse en la entrevista hoy suena infladísimo: «El Da Vinci de hoy es el dueño de Amazon». Jeff Bezos, como cualquiera de nosotros, no soporta dignamente la hemeroteca, que representa las arrugas de la posteridad, aunque a él le guste mucho el bótox, el chute celular y se haya echado una pareja siliconada.

Esto no quiere decir que Isaacson no sea un gran biógrafo; su acceso a fuentes vivas del máximo nivel -especialmente cuando trata asuntos de la industria tecnológica- es realmente envidiable. Su último libro, no publicado aún en español, es muy breve y tiene un afortunado título: La mejor frase jamás escrita. Está dedicado a la segunda línea de la Declaración de independencia de los Estados Unidos.

Isaacson cuenta cómo intervinieron en su redacción Thomas Jefferson, Benjamin Franklin y John Adams. Más allá de su contexto -este documento es, en realidad, una declaración de guerra- su hermosura es incontestable. Hasta a Maduro le habría gustado que se la leyeran como una dación de los santos óleos cuando los Delta Force le pillaron en chandal en el escusado boliviariano.

«Sostenemos como evidencias estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».

En política, España ha tenido algún líder coronado de talento o con el respeto de Dios (Cisneros está a la altura de Richelieu aunque no tenga tanta prensa). Pero carecemos de representantes geniales de la sociedad civil de la talla de los que disfrutaron, por ejemplo, ingleses (Disraeli, Gladstone) y estadounidenses, como los citados Jefferson, Franklin y Adams. Tras descartar letras de bolero -eso sería competencia desleal por nuestra parte con los anglosajones-, sólo nos queda recurrir a un personaje de ficción, único capaz en rivalizar con la brillante frase americana a la que Isaacson rinde homenaje.

«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres».

Isaacson seguro que firmaría el empate.