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Ciudad abierta

La trampa del antiayusismo

La trampa del antiayusismo
Alberto Di Lolli
Actualizado

Los partidarios de Sánchez llevan años burlándose del «antisanchismo». A estas alturas, les aprovecharía más reflexionar sobre su propio «antiayusismo», y sobre los errores a los que conduce. Por ejemplo: el martes, cuando se conoció la sentencia que condenaba al ya ex Fiscal General del Estado, Sánchez reaccionó diciendo que «quien tiene que pedir perdón es la señora Ayuso». Aquello no tenía sentido -ni siquiera aclaró por qué, exactamente, debía pedir perdón la presidenta madrileña-, y sin embargo era un mensaje deliberado. El daño político que debía provocarle al Gobierno haber nombrado y defendido a García Ortiz -es decir, al primer fiscal general juzgado y condenado en medio siglo de democracia- se conjuraba presentando el episodio como una nueva pugna contra la malvada Ayuso. ¿Cómo iba nadie a pedirle que asumiera responsabilidades, si esto implicaría rendirse ante el Mal?

Así, la animadversión que genera la presidenta madrileña entre los afines a Sánchez permitiría mantener prietas las filas, incluso ante reveses tan serios como este. Pero a estas alturas deberían estar claros los límites de esta estrategia. Para empezar, conduce a lugares muy poco edificantes. Es difícil imaginar, por ejemplo, que el oficialismo se habría implicado tanto en la defensa de García Ortiz si el caso no se hubiera planteado desde el principio como un pulso entre Moncloa y la Comunidad de Madrid. Las presiones a Lobato para que utilizara la filtración en la Asamblea muestran hasta qué punto el presidente y sus asesores consideraban que este caso les beneficiaría. De haberse producido lo mismo con otro presidente autonómico, es de suponer que habrían sido más prudentes. Pero ahora ya no tienen manera de encajar la condena a García Ortiz que no pase por una corrosiva e irresponsable deslegitimación de la justicia. Lo que conduce a otro problema: confundir la burbuja que se ha generado con un estado de opinión auténticamente popular. La distancia entre lo primero y lo segundo quedó clara en la modesta concentración ante el Supremo de hace unas semanas. Puede que en Moncloa sigan viendo la carta antiayusista como una estrategia ganadora, pero la imagen que queda de estos días es la de un sanchismo que dice cosas cada vez más irresponsables ante un público cada vez más reducido.