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Ciudad abierta

Después de Mazón, ¿quién?

Siempre fue inverosímil sostener que fue el único responsable del desastre de la gestión de la dana, aunque sí está claro que su papel resultaba más visible y estrepitoso que otros

El president de la Generalitat en funciones,  Carlos Mazón.
El president de la Generalitat en funciones, Carlos Mazón.Manuel BruqueEFE
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Carlos Mazón anunció su renuncia como presidente autonómico hace poco más de una semana. Ahora que el ambiente se está llenando de reminiscencias de 1975, no se puede decir que el abandono del presidente valenciano suscitara un «después de Mazón, ¿qué?», pero sí planteaba un «después de Mazón, ¿quién?». Pregunta que no se refería a la identidad de su sucesor como presidente de la Comunidad Valenciana, sino a la de la próxima persona que debía asumir su parte de responsabilidad en la gestión de la riada.

Estaba claro que el abandono de Mazón, reclamado con una transversalidad nada habitual en nuestra época -y que dice bastante sobre el criterio propio de los medios cercanos al PP-, supondría un cambio en la presidencia autonómica. Pero este era un aspecto secundario, o así se presentaba cuando se debatía este asunto. Lo importante era desbloquear el proceso de asunción de responsabilidades por la catastrófica respuesta tanto el día de la dana como en las jornadas posteriores. Porque siempre fue inverosímil sostener que Mazón era el único responsable de aquel desastre -o, por ser más concretos, de su parte humana-. Lo que sí estaba claro era que su papel, por distintos motivos, resultaba más visible y estrepitoso que otros, y que al aferrarse al cargo invalidaba la petición de responsabilidades más amplias que buena parte de la sociedad exigía, y que su propio partido intentaba proyectar sobre algunos ministros o agencias gubernamentales. Por ello, su renuncia debía ser el principio, y no el final, de un proceso en el que se señalaran de forma seria -y con consecuencias- unas negligencias que no se identificaron en el momento con una sola persona, sino que fueron sentidas, y denunciadas, como un fallo de todo el sistema.

Sin embargo, buena parte del debate público de la última semana y media se ha centrado en las especulaciones sobre la identidad del sucesor de Mazón, las peticiones de Vox para apoyar su investidura, las preferencias de Génova... En ocasiones ha parecido como si lo más relevante que quedase por resolver fuese una mera quiniela política, cuando si a algo obliga la magnitud de aquella tragedia es a rehuir los cierres en falso. En algún momento se investirá a un nuevo presidente en Valencia, pero la pregunta seguirá siendo: después de Mazón, ¿quién?