Conocí poquísimo a Vargas Llosa. Le saludé alguna vez y, por casualidad, acabé escoltándole en la manifestación de Barcelona. Ahora que ha muerto, muchos han escrito sobre —¿quién se hubiera atrevido a negarlo?— su inmensa talla literaria, «pese a sus ideas de los últimos años». Las calificaban de oscuras, derechistas, retrógradas... En ese «pese» había pesar, vergüenza; como si tuvieran que pedir perdón por que les gustase Vargas Llosa. O peor aún, cierta condescendencia. No se trataría en este caso de separar la obra del artista porque... ¿qué tenían de malo los valores que defendía el escritor peruano? ¿Acaso eran antidemocráticos, racistas? Vargas Llosa tenía una voz dulcísima que mecía un mensaje luminoso que, en Barcelona, en Lima, arropaba a quienes, sin haberlo leído, sabían que tener un libro suyo en la estantería les hacía mejores. Por lo que pensaba, además de por lo que escribía. ¿Por qué había que ponerle un pese -diferente al pero- a su literatura?
Estos días leo a muchos en las redes sociales renegando de Harry Potter por la foto que se hizo J.K. Rowling en su barco en Bahamas. La escritora, puro y güiscazo en mano, escribía: «Me encanta que los planes salgan bien». El post en X coincidía con la decisión del Tribunal Supremo del Reino Unido, que ha limitado la definición de mujer a la biología, excluyendo a las mujeres trans de las protecciones que conlleva el sexo en diferentes ámbitos. Las mujeres y hombres trans ya tienen su propia protección, como indica el escrito de la Corte. Hasta que mi madre no leyó el sábado la entrevista en LOC de Traniela, la primera comandante transgénero de Argentina, no comprendió que, en efecto, había mujeres con pene (culturista, en este caso) e hijos con otra mujer que reclaman un reconocimiento similar al que tienen las mujeres. Pensaba que era una rareza que no justificaba el cambio de definición.
En realidad, mi madre tiene razón. La transexualidad es una excepcionalidad que requiere protección, comprensión y, sobre todo, educación. A una persona que se dice mujer hay que decirle mujer. Otra cosa es que haya quien quiera meterse en los vestuarios femeninos con su membresía al aire.
J.K. Rowling me va a seguir cayendo bien. Por el millón de libras que donó para parar al nacionalismo escocés, porque no quiere que una mujer trans sin operar ni hormonar compita en boxeo femenino. Solo me leí el primer libro de Harry Potter y no me gustó. No hay nada que justificar.

