Acaba de arrancar la temporada oficial de calçots. Como todos los años, el pistoletazo de salida se produjo en Valls, donde tuvo lugar el pasado 25 de enero la 44ª Gran fiesta de la calçotada, una jornada en torno a este producto con catas, concursos, talleres y demostraciones en las calles de la ciudad catalana.
La localidad está en el corazón del Camp de Tarragona, la región más importante para el cultivo de esta variedad de cebolla tierna, una auténtica joya gastronomía en la zona que cuenta con el sello de Indicación Geográfica Protegida. Y es hasta finales de marzo cuando este alimento está en su mejor momento para comerlo (largos, dulces y carnosos) y cuando se hace la mayoría de las calçotadas, un festín culinario en el que el protagonista es el calçot hecho a la brasa, que luego se sirve acompañado de una salsa especial, la salvitxada, aunque también es muy popular la romesco.
Para los amantes de esta verdura, El Rourell, pequeño municipio situado a tan sólo diez kilómetros de Valls de 385 habitantes, es el lugar ideal para vivir toda una experiencia en torno al calçot, que incluye paseos por el campo, el asado del producto en directo, preparación de la salsa... y una interesante visita (y comida) por el castillo que preside la localidad.
Todo ello de la mano de El Fortí de Rourell, un complejo especializado en la celebración de eventos gastronómicos que de enero a finales de marzo se centra principalmente en las calçotadas. Además del restaurante, el recinto incluye un castillo templario del siglo XII (al parecer con fantasma) rehabilitado para recibir a los comensales y curiosos que quieran conocer la historia de la fortaleza privada, reconocida como Bien de Interés Cultural y propiedad de los marqueses de Vallgornera.
Rodeando el pueblo se encuentran los campos de calçots, pertenecientes a Majols Natura, uno de los mayores productores de este vegetal que se cultiva tan sólo en cuatro comarcas: Alt Camp, Baix Camp, Tarragonès y Baix Penedès. Por eso, una de las actividades que propone El Fortí antes de disfrutar de las calçotadas es recorrer dichos campos donde crecen.
El payés es el que se encarga de enseñar a los asistentes las plantaciones. Recorre con ellos las hileras de calçots y explica todo sobre ellos. Se arrancan de la tierra y se llevan a una especie de hangar contiguo donde hay una parrilla gigante en la que se asan en directo por centenares con fuego de sarmientos. La empresa los vende a diario frescos, en paquetes de 50 unidades, limpios y listos para asar, o ya asados, envueltos en papel de periódico y en una caja cerrada para conservar todo el calor y aroma, con lo que llega a casa listo para consumir.
El homenaje gastronómico
Durante toda la temporada, El Fortí de Rourell sirve unos 5.000 calçots a la semana. Las calçotadas incluyen, la visita guiada al castillo que realiza Ignasi del Batlle, hijo de los Marqueses de Vallgornera, dueños de la fortaleza, en la que, dicen, vive un fantasma. El recinto, perfectamente acondicionado para la celebración de eventos, mantiene aún armaduras, mobiliario antiguo y restos de tiempos pasados.
Allí arranca la calçotada en sí. En el patio, se sirve el aperitivo, consistente en fuet de payés y aceitunas aliñadas. A esto se le puede añadir un vermú típico del lugar. Después se pasa al interior del castillo, donde se comen los calçots asados (Indicación Geográfica Protegida "Calçot de Valls"), acompañados de salvitxada del Fortí y bebida. Se consumen de pie, con babero y de manera rústica, como requiere este plato tradicional. Desde El Fortí avisan de que se pueden comer sin límites, pero hay que dejar hueco para el resto de la calçotada.
Esta se sirve en el restaurante, en la denominada sala Els Nenúfars, un comedor rústico con mesas corridas de madera. En el menú, costillas de cordero, longaniza del Rourell, butifarra negra, judías del Ganxet, tomate, alcachofa y patata al caliu con alioli. De postre, crema catalana (receta casera), dados de naranja caramelizados a la vista y galletas artesanas con lágrimas de Acre. Precio: 48 euros (incluye agua, vino D.O.Montsant y copa de cava Vallformosa).
La experiencia dura unas tres horas pero a ésta se pueden añadir otras mini experiencias, a medida del cliente, como la visita a La Trencadora.
En las instalaciones de esta empresa familiar gestionada actualmente por la cuarta generación se dedican a romper y descascarillar las avellanas, 100% autóctonas de Cataluña, uno de los ingredientes fundamentales para la salsa que acompaña a los calçots. Allí se pelan las avellanas que se producen en la comarca, las ponen por lotes según sus variedades y las distribuyen. Otra parte del negocio es tostarlas y hacer pralinés y pastas de manera artesanal, que luego venden al público directamente. La visita guiada incluye un pequeño recorrido entre máquinas centenarias que aún funcionan y una demostración de cómo se pelan las avellanas. Las visitas se pueden contratar directamente con ellos en su web.
Otro taller que se puede contratar es el de las salsas que acompañan a los calçots. La imparten en el patio del castillo expertos cocineros, que explican paso a paso cómo elaborarlas, siempre con ingredientes locales. La salsa romesco es la más tradicional. La base es un buen tomate y ajo asado, almendra o avellana, un buen pan, perejil y AOVE. En El Fortí, sin embargo, la hacen sin perejil y el pan lo sustituyen por una galleta dulce dura típica del lugar. Luego incorporan ñora.
Otro de los talleres que se puede adaptar al cliente es el del vermú, un producto super arraigado en esa zona de Cataluña. La bodega Casa Marion, con ochenta años de antiguedad y galardonada dos años con el premio al mejor vermú blanco de España, se encarga de impartir una masterclass sobre este vino: producción, elaboración, maridajes... La clase termina con una cata y un aperitivo tradicional. La bodega organiza también visitas guiadas a sus instalaciones.
Este año, la temporada de calçotadas de El Fortí del Rourell durará hasta el 29 de marzo. Se recomienda reservar.
Carrer FOSC, 8, El Rourell, Tarragona; 623 196 600






