«Estando en casa, de repente ha retumbado una explosión, un ruido muy, muy fuerte, luego un temblor de varios segundos, de dos segundos o a lo mejor tres. Y enseguida he salido de casa, me he asomado a la calle, he visto desde allí que el techo se había hundido y he vuelto a entrar en el edificio. He subido al cuarto piso y hemos intentado ayudar a la gente que había ahí levantando los escombros del techo, pero no podíamos hacer nada».
Así de angustiado, todavía junto a los hospitales de campaña montados por el Samur-Protección Civil y el Summa 112, relataba uno de los vecinos de la calle Azcoitia, en el distrito de Carabanchel, los momentos posteriores a la gran explosión que provocó el derrumbe de una parte del forjado, de casi todo el cuarto piso y una importante porción de la fachada del edificio. En esos momentos, fueron los propios vecinos los primeros que intentaban rescatar, sin éxito, a María, la anciana que falleció durante el suceso.
Las imágenes aéreas tomadas por el dron de Policía Nacional y las fotografías de los coches aparcados junto a los números 36 y 38 de esa calle daban la dimensión del desastre. Pero la tragedia no fue sólo material: María, vecina del cuarto piso, perdió la vida. Su marido, que estaba con ella, resultó herido pero se salvó. Nueve heridos en total.
«María ha muerto», decía entre lágrimas una vecina. «Sí, es María Pacheco, la mujer de Pacheco, seguro que la conoces», explicaba un poco más tarde otra vecina a Alberto, un inquilino de toda la vida de la calle Azcoitia. Éste, por su parte, recordaba así el momento: «Escuché una explosión muy fuerte desde casa y al asomarme ya vi a todo el mundo mirando por las ventanas. Luego bajé a la calle y me pareció que había un fuerte olor a gas, pero al ver el destrozo me he dado cuenta de que no podíamos hacer nada más que esperar a que llegasen los bomberos».
Los Bomberos del Ayuntamiento precisamente estuvieron comprobando la estructura de los edificios y, según explicaron fuentes de Emergencias Madrid, había afectación estructural. Eso no significa necesariamente nada irreparable para los inmuebles, pero por precaución se desalojó a todos los vecinos y se dejaron las casas bajo custodia de la Policía Nacional.
Los inquilinos de los edificios 32 y 34, por su parte, pudieron regresar pasadas ya las 20 horas, casi cuatro horas después del suceso. Varios de ellos perdieron sus coches.
Uno de los vecinos afectados, David Pozas, relataba así a EL MUNDO lo sucedido: «Estábamos en casa, de pronto se escuchó una explosión, se han movido todas las paredes y cuando hemos salido a a las ventanas del jardín hemos visto los cascotes y estábamos escuchando a los vecinos pedir ayuda». ¿Y en ese momento olía a gas? Pues, según David, no, y respecto a eso los distintos testimonios recogidos por este periódico diferían.
En lo que sí coincidían todos es en que se escuchó una explosión muy fuerte previa al ruido del derrumbe. Bueno, realmente no coincidían todos, porque a pocos metros de las víctimas, en la zona acordonada por los servicios de emergencia, repleta de coches de Policía Nacional y Municipal, Summa 112, Samur y Bomberos, e incluso un vehículo de emergencias NRBQ, cruzaba el umbral de su casa una vecina somnolienta, con cara de despistada, y reconocía: «No me he enterado de nada, estaba dormida cuando ha pasado».



