La mañana del lunes se convirtió en una carrera de fondo para comerciantes y clientes en el corazón de Madrid. Desde primera hora, los datáfonos comenzaron a fallar en buena parte de la capital a causa de un error en la infraestructura tecnológica de Amazon, lo que provocó que durante varias horas fuera imposible pagar con tarjeta o con el móvil.
Ni el café, ni la cajetilla de tabaco, ni la camiseta de recuerdo del Real Madrid podían adquirirse con el gesto cotidiano de acercar el teléfono al terminal. La escena se repitió en estancos, tiendas y aparcamientos, mientras los mensajes de frustración se acumulaban en redes sociales y en los mostradores.
En un pequeño estanco junto a la Plaza de España, la desesperación se mezclaba con el desconcierto. "Desde las once de la mañana hasta la una no me ha funcionado ningún datáfono. Solo he podido cobrar en efectivo, y el problema es que ya nadie paga el tabaco así. Podría contar con los dedos de una mano cuántas cajetillas he vendido. He perdido un dineral", relata la dueña, aún con el terminal en la mano, incapaz de reanudar el servicio con normalidad.
En la Gran Vía, los comerciantes daban vueltas al mismo problema, que parecía reproducirse de local en local. "El pago con el datáfono del BBVA no nos ha funcionado en toda la mañana. El de CaixaBank iba a ratos, pero el otro nada de nada. Hay clientes que querían comprar camisetas de fútbol o un montón de souvenirs y se han marchado con las manos vacías. Nos hemos asustado porque habíamos visto por TikTok que podría ser cosa de otro gran apagón. Hemos ido hasta a preguntar a los hoteles de la zona y ellos también habían tenido problemas", cuenta la encargada de una tienda de recuerdos.
Una mezcla de resignación y miedo recorría los escaparates más turísticos de la ciudad: los visitantes, acostumbrados al pago sin efectivo, se iban sin consumir.
No todos los negocios tuvieron el mismo desenlace. En una heladería del centro el respiro fue parcial. "El datáfono que tenemos de Bankinter ha dado algún fallo, pero afortunadamente ha funcionado la mayor parte de la mañana", explican con alivio detrás del mostrador.
En otro estanco, esta vez en plena Gran Vía, el diagnóstico era más concreto: "En nuestro caso, el pago con tarjeta de crédito —insertándola o por contactless— ha funcionado, pero quienes pagaban con el móvil, sobre todo la gente joven, no han podido comprar nada hasta aproximadamente la una".
El efecto dominó alcanzó incluso a los aparcamientos. En un parking público por la zona de Velázquez, los trabajadores decidieron levantar las barreras ante la avalancha de problemas y llamadas. Jorge, uno de los empleados, lo resume sin rodeos: "Ha sido un caos".
Las colas crecieron al mismo ritmo que la impaciencia: decenas de conductores reclamaban poder salir con sus coches, los terminales de pago mostraban errores y las líneas telefónicas permanecían saturadas. La única solución fue, literalmente, abrir las barreras y dejar marchar gratuitamente a los usuarios.
El resultado fue una mañana de desconexión tecnológica en la capital: datáfonos colapsados, clientes frustrados y comercios perdiendo ventas en cadena. El dinero en efectivo, marginado en la era del pagos a distancia y suscripciones digitales se erigió durante unas horas en la única herramienta de transacción en el corazón turístico de Madrid.



