MADRID
MADRID
Música

Santana se resiste a ser devorado por su propia leyenda

El guitarrista mexicano recrea algunos de sus clásicos y temas de órbita más comercial en el primero de sus dos conciertos en las Noches del Botánico. Repite este martes, también con todas las entradas vendidas

Carlos Santana, este lunes en las Noches del Botánico
Carlos Santana, este lunes en las Noches del BotánicoJUANJO MARTINEFE
Actualizado

Como algunos otros grandes músicos de su generación, Carlos Santana dijo buena parte de lo mucho que tenía que decir en una secuencia concreta de tiempo. Fue fundamentalmente en los finales de los sesenta y en la década de los setenta, ya con la vitola de su precoz paso por el Festival de Woodstock, cuando el guitarrista mexicano derramó la esencia de su enorme potencial creativo.

El impacto de discos como Abraxas (1970), Caravanserai (1972), Welcome (1973), Amigos (1976), Moonflower (1977) o Inner secrets (1978), sin olvidar Marathon (1979) o Zebop (1981), fue de tales proporciones que cuanto vino después se quedó a menudo lejos del genuino mestizaje entre el rock, el blues y la música latina.

A diferencia de Van Morrison, el único ilustre que ha merecido dos fechas en esta edición de las Noches del Botánico, en el Jardín Botánico de la Universidad Complutense, ambas también con todo el taquillaje agotado, Santana hace tiempo que dejó de grabar con regularidad y sus giras poseen un carácter excepcional.

Veinte años después de su última presencia en España, fue lógico el fervor de las 4.000 personas que, de provecta edad en su mayoría pero junto a otras generaciones más seducidas por el sesgo bailongo y comercial de la última parte de su carrera, acudieron a la cita.

Volcánica percusión

Santana, que acaba de cumplir 78 años, no decepcionó ni a unos ni a otros. Interpretó, junto a una banda volcánica en la percusión, con su esposa, Cindy Blackman, a los mandos desde la batería, el iniciático Soul sacrifice, Jingo, Evil ways,Oye cómo va y Black magic woman, sin dejar tregua al silencio, antes de intercalar temas como Maria Maria y otras melodías de Supernatural, el álbum de 1999 con el que se relanzó en popularidad y ventas.

Tardó poco en tomar acomodo en un taburete desde el cual ejerció de patriarca con la expresividad de su guitarra, que punteaba con más oficio que pasión, poniéndose en pie de vez en cuando nutrido por la descarga de energía de sus acompañantes, con Andy Vargas, y Ray Greene, como vocalistas y David K. Mathews en los teclados.

La gira Oneness Tour 2025, que toma el nombre del disco grabado en 1979, cuenta con un sólido trabajo de producción. Además de imágenes de danzas tribales estrechamente relacionadas con la génesis de sus creaciones, se reproducía con detalle el desarrollo del concierto y se rescataban imágenes de su período de esplendor en una inmensa pantalla.

El nombre de Paco de Lucía, de quien siempre se ha declarado rendido admirador, salió de sus labios antes de emprender el tramo definitivo del concierto, donde se aproximó al teclista para deleitar a sus fieles de siempre con Samba pa ti y recordar después el clásico She's not there.Hubo tiempo aún para el lucimiento en solitario de Blackman, "mi amiga, mi compañera, mi amante, mi esposa", y otros temas de complemento en una noche festiva de alta conexión emocional.