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La no-fama de los Pujol

Jordi Pujol en 2024
Jordi Pujol en 2024GTRES
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Los más de diez años que han pasado desde la explosiva confesión pública de Jordi Pujol y su posición actual en el banquillo de los acusados no deberían ser demasiado tiempo. Pero lo son. Por un lado, Pujol y el pujolismo, concepto fundamental para entender la Cataluña moderna, se han disuelto en los caos y escándalos posteriores del espacio político que durante décadas controló el patriarca Jordi. Por otro lado, Pujol y su familia, clan fundamental para entender la Cataluña moderna, la hipocresía de su clase burguesa y el conformismo de las inmediatamente inferiores, son ahora un montón de caras desconocidas. Porque nunca fueron demasiado conocidas, ni siquiera dentro de su radio de acción directo.

No es que los Pujol, siguiendo ese tópico que dice que los catalanes son reservados, no quisieran llamar la atención demasiado, es que esa actitud era parte de su modelo de negocio. La familia Pujol no era discreta, simplemente pretendía operar con discreción. Y eso también era relativo: recordemos la afición a los coches deportivos ostentosos de Jordi hijo. Pero es cierto que en el clan (y algo me dice que gracias a la "madre superiora" Marta Ferrusola), no había ni posados en las revistas, ni afición al sarao con cámaras ni estentóreos pijolocos del Upper Diagonal, como diría Cristian Segura.

Cataluña se quedó así sin una Familia Real bis. Sin embargo, las comparaciones del ahora nonagenario Pujol con Juan Carlos I caen por su propio peso. Como las de sus vástagos con los discretísimos hijos del hampa londinense de algunas series de TV recientes: nada de voces ni de jerseys de mezclilla y sí gafas de montura fina, zapatos buenos pero no a estrenar, buen pelo, buen bolso y buen reloj. La estética "old money" de Succession es, en teoría, esa.

Papá Jordi decía que el dinero que confesó tener en 2014 era eso, viejo, pero las cuentas no salían. Tengo una teoría: lo de los Pujol no está tan presente en nuestras vidas (¡y en nuestra política!) porque Jordi, Marta y sus cachorros no generaron imágenes icónicas, decadentes, ostentosas e insultantes. Ellos no tienen fotos de cacerías de elefantes que podamos sacar a relucir periódicamente para recordarnos a nosotros mismos que menudos sinvergüenzas. La primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha; la primera regla del club de los Pujol es, claramente, no hacerse famoso