CASA REAL
Memorias

Tuvo guepardos, fumaba dos paquetes de cigarrillos diarios, compró un zafiro para Sofía en Tailandia... Las anécdotas que Juan Carlos I cuenta en Reconciliación

El Rey Juan Carlos, con su guepardo, en Zarzuela.
El Rey Juan Carlos, con su guepardo, en Zarzuela.GTRES
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Reconciliación, el libro de memorias que Juan Carlos I ha publicado en España este 3 de diciembre, está llamado a ser un superventas. Los ejemplares estaban en la lista de los más solicitados de Amazon en preventa y lleva todo este miércoles como el número uno de los más vendidos, con un precio de 23,65 euros. Además, la Casa del Libro lo tenía desde las nueve y media de la mañana expuesto en un lugar prioritario, y uno de los dependientes de caja de la sucursal de la madrileña calle Alcalá reconocía en conversación con este medio que esperaban muchas compras:"Sobre todo desde el vídeo del lunes, han venido muchas personas preguntando si se podía adquirir ya", describía.

El libro desgrana su relación con Franco y su trabajo en la Transición, los 38 años de reinado y sus últimos años en el exilio. Aunque no entra en detalles de los capítulos más escandalosos de su vida, a lo largo de las 512 páginas desgrana anécdotas hasta ahora desconocidas y aspectos cotidianos de su día a día.

Para saber más

Reconoce, por ejemplo que llegó a fumar hasta dos paquetes de tabaco a diario, y que se conforma con manjares más normales de la gastronomía española: un buen jamón, vino y una tortilla de patata. Cuenta al respecto de esto que ahora, en su exilio en la isla de Nurai, se conforma con sobres de jamón serrano que cada tanto le envían de España, un "sucedáneo", como lo califica, del jamón ibérico recién cortado del que antes disfrutaba.

Don Juan Carlos, fumando, junto a Doña Sofía, en los años 60.
Don Juan Carlos, fumando, junto a Doña Sofía, en los años 60.GTRES

De los años como Jefe del Estado en Zarzuela, Don Juan Carlos recuerda su empeño por ayudar y sentirse útil no sólo para el país, sino también para sus hijos, sobrinos y primos. Así, recuerda que la cena de Nochebuena en la que fue su casa era un momento de juntar a todos en familia. Un día que terminaba con la misa el Gallo. Una eucaristía en la noche del 24 al 25 de diciembre que, según desvela en el libro, en el año 2020 siguió de manera telemática. Fueron sus primeras navidades en Abu Dhabi, y su familia instaló una pantalla en la iglesia para que pudiera seguir la misa pese a la distancia. Después, algunos se acercaron al aparato electrónico para desearle una feliz Navidad.

Un capítulo que da cuenta de su soledad en Abu Dhabi y que contrasta mucho con otras anécdotas divertidas de décadas pasadas. En el libro, Don Juan Carlos se descubre como un amante de los animales, cuenta que en Zarzuela tuvo siete perros, que en la Academia gozaba de la compañía de un mono y que en los primeros años de Rey llegó a tener dos guepardos. Según rememora, el primero se lo regaló el emperador de Etiopía, Haile Selassie, y murió de una indigestión de pájaros. El segundo, ofrenda de la hermana del sha de Irán, lo donó al zoo de Madrid después de un susto. Mientras lo paseaba con correa por el Pardo, el felino se abalanzó contra el kart que conducía Don Felipe. La cosa quedó en un susto pero Don Juan Carlos decidió deshacerse de él.

Don Juan Carlos, en una imagen reciente.
Don Juan Carlos, en una imagen reciente.GTRES

Más suerte tuvo durante un viaje a Tailandia. Según recuerda, en el viaje de novios pasaron un rato solos por los mercadillos de Bangkok y Don Juan Carlos entró en una joyería, donde le ofrecieron un zafiro cabujón por cinco mil dólares, cantidad de la que no disponía. Según recuerda, cinco años después regresó a la ciudad y buscó la joyería, que aún no había vendido la piedra, que Juan Carlos adquirió por la mitad de precio y regaló a Doña Sofía.

No joyas, sino un ramo de flores era lo que enviaba a su prima Lilibeth cada vez que viajaba a Londres. Los monarcas de Reino Unido y España tenían una suerte de protocolo entre ellos, a través del cual Don Juan Carlos avisaba de sus estancias en la capital británica a a Isabel II, que siempre le invitaba a comer. Según cuenta en sus memorias, la reina lamentaba que sólo su primo español la llamaba durante sus visitas a Londres. La familiaridad y cariño entre los monarcas europeos le llevó a intentar fundar un "club de reyes" con sus pares, similar a los encuentros anuales entre jefes de Casas Reales. Unas reuniones donde cada uno podría compartir sus avances y problemas. Fue una iniciativa que no salió adelante, pero que Don Juan Carlos dice no extrañar, pues a lo largo de los años ha contado con el cariño del resto de casas reales. Algo que se percibe en todo el libro, con el que busca la Reconciliación.