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Europa

La Defensa europea, una quimera atrapada entre la consolidación y las soberanías nacionales

Su industria sigue fragmentada y no parece que vaya a haber una sola autoridad que la regule y que compre sus productos

Macron con ministros de Defensa europeos, en la presentación de un nuevo caza, en Le Bourget.
Macron con ministros de Defensa europeos, en la presentación de un nuevo caza, en Le Bourget.POOL
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Unas de las vallas publicitarias a la salida del aeropuerto internacional de Múnich dice "Defensa Europea". Es un anuncio de un acuerdo de las empresas alemanas Helsing y Hensoldt para fabricar un dron autónomo y, según la revista estadounidense especializada en relaciones internacionales Foreign Policy, es la mejor muestra de una de las grandes ideas subyacentes de la Conferencia de Seguridad de Múnich recién celebrada: la creación de una capacidad defensiva europea y canadiense autónoma dentro de la OTAN.

La imagen de Helsing y Hensoldt puede ser muy evocadora. Pero hay un problema: las dos compañías son alemanas. Los países europeos siguen mirando a sus sectores de Defensa como algo exclusivamente nacional. Entre los países continentales, que siguen el llamado capitalismo renano, con una intervención del Estado mucho más marcada en la economía, eso es más visible. Así que la industria de Defensa europea sigue fragmentada. Y va a seguirlo, porque no parece que vaya a haber una sola autoridad que la regule y que compre sus productos.

26 años después del nacimiento del euro, la UE no tiene un mercado financiero realmente unificado, sino 21: uno por país. Incluso el mercado energético está integrado, pero no se puede decir que haya sido unificado. ¿Va a suceder algo parecido con la industria de la Defensa en un momento en el que Europa está amenazada por el expansionismo ruso, el aislacionismo estadounidense y la inestabilidad crónica de Oriente Próximo y África? Es cierto que "rearme" ha vuelto al vocabulario político europeo. El sentimiento unánime es de urgencia. Pero el resultado no es más eficiencia, más consolidación. Al contrario.

El sector de la Defensa es un monopsonio, es decir, un mercado en el que hay muchos vendedores pero un solo comprador: el Estado. La realidad, sin embargo, es que en Europa no hay, como en Estados Unidos, un Departamento de Defensa, sino, al menos, 29 (todos los de la UE más el Reino Unido y Noruega). Eso significa 29 centros de toma de decisión. Y, también, 29 industrias nacionales que proteger. Porque el sector de la Defensa es demasiado sensible para la seguridad nacional como para dejarlo a los avatares del libre mercado. La autonomía estratégica exige integración industrial, pero la integración industrial exige cesión de soberanía económica. Y la cesión de soberanía económica conlleva pérdida de poder político de los Gobiernos.

Maqueta del "caza de nueva generación".
Maqueta del "caza de nueva generación".AFP

Tipos de empresas

En la UE hay una división del sector en cuatro grupos de empresas. Es una clasificación informal, los Gobiernos la defienden de manera inquebrantable. El primer grupo es el llamado Tier 1, cuyos miembros diseñan y ensamblan grandes sistemas completos, actúan como contratistas principales ante los Gobiernos y gestionan programas complejos. Ahí están gigantes de la talla de la francogermana (aunque más alemana que francesa) Airbus, las francesas Dassault y Thales; la británica BAE Systems; la sueca Saab, o las italianas Leonardo y Fincatieri. Como dice el cofundador de un fondo de private equity especializado en la industria de Defensa europea, "con la posible excepción de BAe, porque los británicos siempre son más abiertos a la inversión extranjera, las demás empresas de ese grupo son intocables para fusiones o adquisiciones o, incluso, entradas importantes en el capital".

Después están los Tier 2 (frecuentemente especializados en sistemas críticos, como la alemana Rheinmetall o la española Indra), Tier 3 (frecuentemente pequeñas y medianas empresas con un alto grado de sofisticación pero comparativamente pequeñas), y el Tier 4 (que es, fundamentalmente, la base industrial).

Con la tecnologización de la Defensa, las empresas del Tier 2 y algunas del Tier 3 han sido blindadas por los Gobiernos. Nadie se imagina, por ejemplo, a un Gobierno español, del signo político que este sea renunciando a la españolidad de Indra. Y menos aún cuando hay países, como Francia, que consideran, en general, su industria un coto cerrado a los extranjeros y han hecho todo lo posible por mantener al Reino Unido fuera de SAFE, el programa de la UE de financiación de la Defensa comunitaria, para así evitar tener a un duro competidor dentro de casa. Dejar que una compañía de material militar pase a formar parte de otra extranjera equivale a un desarme unilateral.

Pero, además, la lista de empresas en el Tier 1 sigue creciendo. El Gobierno francés ha vetado la venta de la división de antenas de la empresa de ese país Eutelsat al fondo de private equity sueco EQT alegando la necesidad europea de competir con Starlink, de SpaceX -propiedad del estadounidense y aliado de Donald Trump Elon Musk-, a pesar de que Suecia es miembro de la OTAN y de la UE. Las compañías que proveen servicios críticos son, asimismo, intocables.

El momento de la presentación del caza.
El momento de la presentación del caza.AFP

División

El sector queda, así, dividido a todos los niveles en lo que se refiere a la oferta y a la demanda. Lo cual es llamativo porque, desde mediados de la década de los 60, el Viejo Continente ha comprendido que los costes del desarrollo de nuevos sistemas de armas es insostenible por un solo país. Así es como nació en 1968 el avión con capacidad para lanzar bombas atómicas Jaguar, iniciando una serie que continuó el avión de pasajeros Concorde, que hubiera cumplido este año medio siglo. La coordinación transfronterizas se ha extendido, pero con muy pocas fusiones y, siempre, sometida a tensiones políticas.

Incluso en los proyectos entre dos o tres países, llegar a un acuerdo, es, a menudo, casi imposible. El ejemplo más actual es el del Futuro Avión de Combate y Ataque (FCAS), entre Francia (Dassault), Alemania (Airbus) y España (Indra) para crear un cazabombardero de sexta generación, que lleva meses al borde del naufragio. La razón es la incapacidad de los dos líderes -Dassault y Airbus Defence- para ponerse de acuerdo, sobre todo por la insistencia de la compañía francesa en imponer sus criterios y por la exigencia de París de que el avión tenga la capacidad de operar desde su portaaviones Charles de Gaulle.

No es más que una repetición de lo que sucedió en 1985, cuando Dassault también rompió con Airbus, la italiana Leonardo y la británica BAE en otro proyecto de avión de combate. Al final, París produjo el Rafale, del que el jueves India anunció la compra de 114 unidades por 33.000 millones de euros, pese a que los aparatos que ya sirven en la Fuerza Aérea de ese país tuvieron un comportamiento muy cuestionado en los choques armados que enfrentaron a India y a Pakistán el año pasado. Airbus, BAE y Leonardo fabricaron el Eurofighter Typhoon, con el que cuenta, entre otros, el Ejército del Aire de España.

Además, en Europa hay otro proyecto para fabricar un cazabombardero de sexta generación: el Programa Global de Combate Aéreo (GCAP, por sus siglas en inglés), formado por el Reino Unido, Italia y Japón, y al que Alemania podría unirse si se rompe el FCAS y no decide ir por su cuenta. Eso implica que, como mínimo, el brazo europeo de la OTAN tendrá a mediados de la década de 2040 -si todo va bien-, dos cazabombarderos destinados a hacer lo mismo, igual que ahora tiene el Rafale y el Eurofighter Typhoon.

La descoordinación no se circunscribe a los aviones de combate. Abarca a la práctica totalidad de los sistemas. Un caso aún más extremo que el del FCAS es el del Sistema Principal de Combate en Tierra (MGCS), establecido entre Francia y Alemania hace nueve años para encontrar un sustituto a sus respectivos tanques de fabricación nacional, el Leclerc y el Leopard 2, respectivamente. Siendo benévolos, podría decirse que el MGCS está paralizado.

Pero, si en el caso del cazabombardero las culpas recaen unánimemente sobre el grupo francés Dassault, en el del tanque se van a la empresa alemana Rheinmetall. El resultado es que el proyecto acumula un retraso de diez años y, si alguna vez entra en servicio, lo hará en torno a 2045, una fecha lo suficientemente lejana como para que nadie sepa cómo va ser el combate terrestre, con lo que los tanques como los conocemos, tal vez, no hagan falta. Entretanto, en julio de 2022, Polonia decidió comprar mil tanques surcoreanos K-2, eliminando así uno de los mercados naturales de exportación del MGCS. Con la amenaza de Rusia, que acaba de invadir Ucrania, Varsovia no podría permitirse el lujo de esperar un cuarto de siglo a que París y Berlín resolvieran sus disputas empresariales.

Esa falta de racionalización arroja una sombra de duda sobre las proclamas en Múnich. El presupuesto crece. La demanda se multiplica. Pero nadie quiere racionalizar la oferta. La experiencia de Estados Unidos (ver información adjunta) sugiere que eso es tarea de los Estados. Sin embargo, Europa no es un Estado, y cada uno quiere mantener su parcela de poder. La "Defensa Europea" del anuncio de Helsing y Hensoldt no llega a las empresas.

Cómo creó EEUU su industria de Defensa en una cena en el Pentágono

La consolidación en la Defensa no obedece a la lógica empresarial, sino a la política. El mejor ejemplo es el de cómo Estados Unidos creó su actual sector de la Defensa tras la Guerra Fría. Fue de una manera despiadada con las empresas y los trabajadores del sector, en un momento en el que sucedía lo contrario que en Europa en la actualidad: el presupuesto militar estaba desplomándose. En todo caso, es un dramático contraste con el enfoque europeo.

Fue el miércoles 21 de julio de 1993. Ese día, el entonces secretario de Defensa de Estados Unidos con el presidente Bill Clinton, Les Aspin, invitó a cenar en su comedor privado del Pentágono a su número dos y sucesor en el cargo, William Perry, y a los máximos directivos de las 25 mayores empresas de defensa de Estados Unidos. El motivo de la cena no fue desvelado a los participantes.

Norm Augustine, entonces consejero del fabricante de misiles Martin Marietta, se sentó al lado de Aspin. En una entrevista con la radio pública estadounidense hace dos años, Augustine recordaba la conversación que tuvo entonces con el secretario: "Les, es muy amable de tu parte invitarnos a cenar gratis. Pero ¿por qué nos has convocado a todos?" Aspin le miró y le dijo: "En un cuarto de hora lo vais a saber. Y probablemente no os guste".

El mensaje de Aspin y Perry era muy simple: con la Unión Soviética extinguida, el presupuesto de Defensa de Estados Unidos iba a ser recortado de manera dramática. No iba a haber dinero para todas. Y el Estado no iba a salvar a ninguna empresa. La conclusión era evidente: venderse, fusionarse, o desaparecer. Augustine bautizó la reunión con un nombre que ha perdurado hasta el extremo de que tiene su entrada en Wikipedia: "La última cena".

Para muchas de las 25 compañías cuyos consejeros delegados cenaron en el comedor privado de Aspin, efectivamente, allí se acabó todo. Cinco años después, quedaban cinco: Lockheed Martin (creada por Augustine cuando compró, primero, el fabricante de aviones Lockheed), RTX, General Dynamics, Boeing, y Northrop Grumman. Son los Cinco Grandes de la Defensa estadounidense. En 2023, casi uno de cada cuatro dólares en contratos de compañías privadas con el Estado federal estadounidense fueron a esas cinco compañías.