- Asia El nuevo primer ministro de Japón convocará elecciones anticipadas para este octubre
- Japón El veterano ex ministro de Defensa Shigeru Ishiba, partidario de crear una "OTAN asiática", será el próximo primer ministro de Japón
De camino al santuario Yasukuni, que debe su nombre a un juego combinado de dos palabras en japonés, paz y país, se ve más decoración de Halloween que carteles con los rostros de los candidatos que se presentan a las elecciones de este domingo. Eso sí, todo papel electoral está cuidadosamente colocado sobre impolutas paredes en esquinas que no desdibujan el paisaje urbano, respetando siempre el equilibrio entre el orden y la limpieza que extraordinariamente domina la ciudad más poblada del mundo
El santuario es un oasis de sosiego en el centro de Tokio, un sumidero de pensamientos donde ancianos y jóvenes abrazan un silencio interrumpido por grupos escolares que vienen de visita a un lugar que también es un símbolo de guerra; de recuerdo para aquellos soldados rasos que murieron en batallas en nombre de un emperador, Hirohito, que fue el ultimo en mantener un estatus de deidad; de tributo a generales juzgados por la Historia como despiadados asesinos.
Este complejo sintoísta está dedicado a dos millones y medio de japoneses que murieron en contiendas de los dos últimos siglos. Entre todos los nombres grabados hay muchos criminales de guerra condenados por un tribunal internacional. Pero en el museo que hay en el interior del santuario, lo que se transmite es orgullo por un pasado militarista en el que Japón se alzaba como la única esperanza asiática para liberar a la región del imperialismo occidental.
"A los coreanos y a los chinos, que tienen todavía muy presentes las atrocidades que cometieron las tropas imperiales japonesas antes y durante la Segunda Guerra Mundial, no les hace ninguna gracia que los líderes de este país envíen a menudo ofrendas al santuario. Desde fuera se entiende como una provocación porque los traumas de la guerra siguen todavía muy presentes", explica en la puerta un historiador de la Universidad de Tokio llamado Kaitsi Masano, que recuerda la reciente polémica que hubo después de que el nuevo primer ministro de Japón, Shigeru Ishiba (67 años), enviara una ofrenda al santuario poco después de su nombramiento. Un gesto que fue muy criticado en Seúl y en Pekín. No comenzó con buen pie la relación de Ishiba con sus vecinos asiáticos.
El santuario Yasukuni está a media hora andando del edificio de la Dieta Nacional, el Parlamento nipón, donde Ishiba fue elegido formalmente a principios de mes como líder de la cuarta economía mundial después de ganar las primarias del Partido Liberal Democrático (PLD), que ha gobernado casi ininterrumpidamente -salvo por un breve plazo de tres años y 10 meses- en las últimas siete décadas.
Lo primero que hizo Ishiba como primer ministro fue convocar elecciones a la Cámara Baja para este 27 de octubre. Debía tomar el pulso a la calle después de una oleada de escándalos de corrupción que llevan demasiado tiempo sacudiendo la estabilidad de Tokio y conduciendo a una preocupante apatía de los votantes y desafección política por parte sobre todo de los más jóvenes.
Toda esta corriente de votantes cabreados puede pasar factura al conservador PLD y hacer que pierda una mayoría parlamentaria que ha mantenido desde que recuperó el poder en 2012. Actualmente, cuenta con 247 escaños en una cámara con 465 miembros. Pero las últimas encuestas señalan que, debido a los cada vez más bajos índices de aprobación del Gobierno, probablemente no alcance los 233 escaños necesarios para retener esa mayoría absoluta en solitario, ni siquiera sumando el apoyo de su actual socio menor de coalición, el partido Komeito.
En el barrio de Ginza, uno de los más elitistas y caros de Tokio, lleno de firmas de moda y cosmética, viven muchos de los legisladores japoneses del partido gobernante. "Los que mandan en este país vienen de dinastías políticas, se han criado en una cómoda burbuja en la que no les ha faltado de nada y están desconectados de los problemas reales de la sociedad. Eso, junto a la corrupción, está provocando que los votantes más jóvenes sientan cada vez más rechazo por la política", analiza Momoko Nojo, coordinadora de No Youth No Japan, una asociación que busca una mayor participación de los jóvenes en los cargos públicos.
La edad promedio de los miembros del Parlamento suele estar en torno a los 50 años. Más de la mitad de los primeros ministros de las últimas tres décadas heredaron de sus padres sus puestos en el legislativo, como es el caso de los dos últimos: Ishiba y su predecesor, Fumio Kishida, quien sorprendió en verano anunciando su renuncia tras muchos meses de desgaste por los casos de corrupción de su partido.
Desde Ginza hay siete paradas de metro hasta Harajuku, la meca de la moda callejera juvenil de la capital, un barrio muy pintoresco donde cada fin de semana se juntan chavales disfrazados de sus personajes de manga favoritos. "A mí no me molesta que los políticos que nos representen sean mayores, porque eso reporta sabiduría a la hora de tomar decisiones. Pero no entiendo que haya tan pocas mujeres en política", opina una universitaria de 21 años, Mimiko, que está comprando en una tienda subterránea de idols, estrellas musicales japonesas, en la calle principal de Harajuku.
Japón, dentro del club de grandes democracias, tiene la mayor brecha de género entre sus legisladores. Apenas el 10% de los diputados del Parlamento son mujeres -el promedio en las otras democracias del G-7 alcanza el 30%-, aunque se ha registrado un número récord en las listas de estas elecciones generales: entre los 1.344 candidatos que se presentan, hay 314 mujeres. Ninguna asoma en cambio por los puestos de liderazgo del PLD o por los de la oposición, encabezada por el Partido Democrático Constitucional (PDC), de corte progresista.
Muy a menudo salta alguna polémica sexista al ruedo político japonés, un cortijo masculino donde abundan comentarios impropios de altos funcionarios. La historia de esta potencia asiática siempre ha estado dirigida por un club de hombres mayores, como lo bautizó la escritora y actriz Yumi Ishikawa, quien encabezó hace un par de años la rebelión de las mujeres contra la obligación de ir con tacones al trabajo.
En una encuesta realizada el año pasado a 1.247 legisladoras, el 57,6% aseguraron que habían sido acosadas sexualmente por votantes, simpatizantes u otros miembros de los grupos parlamentarios.
A 15 minutos a pie de los coloridos callejones de Harajuku se encuentra el paso de peatones más famoso del mundo, el de Shibuya, cinco cruces por donde se calcula que transitan más de un millón de personas al día. Durante los 47 segundos que dura la luz verde para los peatones, pueden pasar a la vez unos 3.000 viandantes. En Shibuya, una de las partes más turísticas de Tokio, hay estos días más seguridad de lo habitual.
Las autoridades explicaron la semana pasada en un comunicado que la Policía se encontraba en un "nivel de alerta sin precedentes" para brindar toda la seguridad necesaria en las primeras elecciones generales desde que el ex primer ministro Shinzo Abe fuera asesinado a tiros en julio de 2022, mientras pronunciaba un discurso de campaña antes de los comicios para la Cámara Alta del Parlamento. Un año después del asesinato del primer ministro japonés que más tiempo ha estado en el cargo, hubo otro intento de magnicidio, en este caso fallido, contra Fumio Kishida: durante otro acto del partido, un atacante le lanzó un artefacto explosivo que llevaba tuercas adheridas en su interior a modo de metralla.
Volviendo a los alrededores del imponente edificio de la Dieta, famoso por su torre central de 65 metros con una cúpula piramidal, los vecinos comentan que también están notando mucha más vigilancia en las calles y controles de tráfico. Muy cerca del Parlamento se encuentra la sede del PLD, donde el fin de semana pasado un hombre arrojó varias bombas incendiarias. No hubo heridos ni trascendieron los motivos del ataque. Al intentar huir mientras era perseguido por la policía, el atacante estrelló su coche contra una valla de la residencia del primer ministro.
"Seguramente el PLD, con Ishiba al frente, continúe gobernando porque la mayoría de los japoneses piensa que no hay una alternativa seria para hacer una buena limpieza de la corrupción mientras que se sacan adelante buenas políticas internas para frenar la inflación y externas para alejar las amenazas que vienen de China, Corea del Norte y Rusia", señala Katsuo Yakura, un diputado del Komeito, el partido de centroderecha al que las encuestas le sitúan como la clave para que el PLD pueda revalidar una mayoría.
Yakura señala algunos de los principales escándalos que han desatado todo tipo de tormentas alrededor del partido gobernante. Empezando por el que comenzó tras la muerte de Abe. Su asesino, Tetsuya Yamagami, aseguró que atacó al líder por sus vínculos con la polémica Iglesia de la Unificación, una poderosa organización ultraconservadora con fuertes nexos con el PLD y que es conocida por celebrar bodas masivas y presionar a sus feligreses para que hagan donaciones que muchos no pueden pagar.
El otro gran caso de corrupción golpeó directamente a muchos altos cargos del partido de la facción del difunto Abe: funcionarios de todos los niveles dimitieron este año después de que saliera a la luz que utilizaron fondos públicos para gastos personales y falsificaron múltiples informes para esconder el desvío de una cantidad que sumaba cerca de cuatro millones de euros.
Ishiba, durante la campaña, se ha presentado como una especie de outsider de la política capaz de renovar el partido, apagar las luchas internas de las facciones, mientras que mantiene a Japón como un acto importante en el tablero geopolítico global. El próximo Gobierno japonés recogerá el legado de un rearme histórico, una fuerte alianza con Estados Unidos y la reparación de las relaciones diplomáticas con la vecina Corea del Sur. La piedra angular de la política exterior de Ishiba, que ya fue ministro de Defensa, es construir una especie de OTAN asiática para responder rápido y con fuerza a cualquier eventual conflicto con Corea del Norte o China.
A pie de calle, a los residentes de Tokio les preocupan más los problemas internos que las turbulencias que están fuera de sus fronteras. Uno de los temas principales de la campaña ha sido qué hacer para evitar que un tercio de la población desaparezca en 40 años. El músculo económico de Japón, hogar de 125 millones de personas, pierde fuerza a medida que se va convirtiendo en un país cada vez más envejecido por la caída estrepitosa de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida. El 29,1% de la población tiene 65 años o más. Es la tasa más alta del mundo. En estos momentos, la proporción de personas de 15 a 64 años, las consideradas en edad de trabajar, únicamente representan el 59,4%.
Algunos partidos de la oposición llevan tiempo proponiendo como solución que se relajen las estrictas leyes de inmigración. Pero esto no parece que vaya a pasar en una sociedad todavía muy conservadora y nacionalista que continúa marcada por herencias pasadas de aislamiento cultural.

