Uno de los engendros de la política española es cómo el Gobierno de izquierda ha alimentado a sus mayores enemigos en su propio espectro ideológico debilitando el sistema de financiación del Estado. La política de concesiones de Pedro Sánchez a sus socios de investidura es firme y constante aunque provoque agravios territoriales y ha disparado la convicción en ámbitos de la izquierda de que conviene apostar por fuerzas nacionalistas como una gran vía de aumentar la financiación del territorio e incluso para un mejor futuro político personal.
El resultado se pudo ver el pasado domingo cuando el líder de la Chunta Aragonesista, Jorge Pueyo, proclamó que su partido "se ha convertido en la referencia de la izquierda en Aragón" con ambición indisimulada de dar un sorpasso al PSOE en el futuro. CHA es el único que sube en ese lado ideológico al doblar escaños y conseguir 30.000 votos más, que es una cifra cercana a los que ha perdido el PSOE en los mismos comicios. Aunque la retórica de la Chunta es similar a la izquierda estatal tradicional de que hay que subir impuestos y contar con más recursos para proteger "lo público", lo que pasa inadvertido es que se refiere exclusivamente a su territorio sin mostrar interés sobre si la renta per cápita de Andalucía o Extremadura (unos 25.000 euros) sigue muy por debajo de la media nacional y a 10.000 euros de Aragón.
La Chunta se presentó con éxito con este programa: "Recuperar los derechos públicos históricos aragoneses y avanzar hacia un Concierto Económico propio que garantice la máxima autonomía financiera, un sistema fiscal adaptado a la realidad territorial y demográfica de Aragón y el respeto al principio de solidaridad, con una Hacienda Foral Aragonesa que recaude la totalidad de los impuestos".
Eso es romper la caja común y con un grave dislate: los ingresos tributarios en Aragón son unos 6.500 millones netos, cuando los gastos anuales actuales del Gobierno autonómico de Jorge Azcón rondan los 8.000 millones. ¡Con un sistema de cupo saldría perdiendo! Hay que ser una comunidad muy próspera para que el concierto funcione y no basta con recortar solidaridad, pero en esta ficción se mueve este tipo de izquierda, aunque no salgan las cuentas.
Otro que se apunta a romper la caja común es el Bloque Nacionalista Galego, que ya ha dado sorpasso al PSOE gallego. Su líder, Ana Pontón, descalifica el modelo de financiación presentado por María Jesús Montero y reclama también concierto y cupo gallego con hacienda propia que recaude el 100% de los impuestos. "La propuesta del BNG es clara: darle a Galicia la llave de su dinero", proclama. Su caso se presta más a guasa que el de CHA, porque, como resalta el experto fiscal y ex portavoz económico de Ciudadanos, Francisco de la Torre, la recaudación en Galicia no llega a 11.000 millones, cuando la Xunta gasta cada año cerca de 15.000. Su financiación se desplomaría con cupo en Galicia, donde la renta per cápita es de 30.191 euros, frente a los 32.633 de media nacional.
En todo caso, ambos partidos "progresistas" al alza en Aragón y Galicia defienden lo mismo que Esquerra Republicana: un sistema a la vasca que favorece a las comunidades más prósperas y mutila su solidaridad con las más pobres. Por eso añade surrealismo al engendro que el portavoz de este partido independentista catalán, Gabriel Rufián, pueda ser el referente de una nueva izquierda en toda España. Su programa hasta ahora es justamente el de fortalecer lo más posible Cataluña (37.477 euros de renta per cápita actual) de cara al objetivo final de la secesión a costa de limitar sus aportaciones al resto del Estado y a las CCAA más pobres. Rufián se presenta más bien como referente de la izquierda nacionalista, como si fuera bueno para el futuro de Galicia, por ejemplo, el autóctono programa catalán.
Rufián reprochó al PP y Vox en el debate parlamentario del pasado miércoles que defiendan bajadas de impuestos, porque "luego no hay dinero para mantener las vías". Sin embargo, la mayor amenaza para los servicios públicos del Estado y de las CCAA vulnerables es la ruptura de la caja común de ERC, porque donde falta prosperidad ni la mayor subida de impuestos da para sostener sus cuentas.
El presidente de Castilla-La Mancha (26.291 euros de renta per cápita), Emiliano García-Page, es de los pocos disidentes en contra de engordar a este tipo de izquierdas que, por cierto, tiene a Bildu en la cima. Su portavoz, Mertxe Aizpurua, llenó su discurso el miércoles de gasto público y "estado social", pero, por supuesto, siempre que lo pague el Estado sin que el sistema foral aporte más a la solidaridad.
La presión a las forales la defendía la ministra Montero -actual kamikaze candidata a la Junta- cuando era consejera andaluza, pero en su propuesta no queda ni rastro. No puede. El PSOE precisa socios "progresistas" como Bildu, ERC y sus crecientes imitadores.

