Las curvas de precios del petróleo y el gas son de esas cosas que todo el mundo predice cuando ya han pasado. Pocos expertos se arriesgan a jugarse el prestigio cuando se trata de aventurar hasta dónde subirán o bajarán los hidrocarburos. Desde los brokers del combustible, hasta los políticos y las industrias, el mundo entero lleva semanas con la vista fija en los conflictos de Oriente Próximo, esperando que la onda expansiva de la guerra entre Israel y Hamas provoque un aumento desbocado del precio del barril. Hasta tres analistas coinciden en que, hace apenas unos años, en estas mismas circunstancias y en una situación exactamente igual de oferta y demanda, la escalada del conflicto habría generado "un shock de precios brutal". Pero algo está cambiando en los mercados internacionales.
Lo primero que hay que preguntarse es hasta qué punto las convulsiones de Oriente Medio se traducen, sistemáticamente, en aumentos del precio del carburante. Esta asociación, ampliamente repetida, no termina de convencer, entre otros, al Banco de España. Según el supervisor, las distintas oleadas de tensión que ha sufrido la región desde la crisis del petróleo de 1973 han tenido "un impacto heterogéneo" en el precio del crudo.
Así lo recogió la institución en su informe Análisis de los efectos sobre los mercados financieros y de la energía de los conflictos de Oriente Próximo, elaborado en otoño del año pasado, tras el ataque, el 7 de octubre, de Hamas contra Israel. Tras este ejercicio de medición, el Banco de España concluyó que el simple hecho de un episodio bélico no supone "certeza alguna" sobre la senda de evolución de los precios de la energía o los índices bursátiles, como el estadounidense S&P 500, o el español Ibex 35.
"Hay ejemplos históricos en los que el inicio de un conflicto no ha sido obstáculo para que se produzcan bajadas del precio de petróleo en meses posteriores. Sin embargo, esta experiencia histórica enseña que también pueden darse, en función de la escalada que se produzca, fuertes disrupciones", señala. En el caso concreto del barril del petróleo Brent, el experimento determinó que, aproximadamente, la mitad de los conflictos conducen a alzas, mientras que la otra mitad se tradujeron en bajadas. Más allá de la observación empírica, hay otras aristas que explican el actual letargo de los precios.
Cohetes y plumas
- Es posible que usted haya notado que la estabilidad de los precios del gas, la luz y el crudo, tras la histórica escalada de 2021 y 2022, no se ha traducido todavía en el abaratamiento de muchos bienes de consumo. Es lo que en finanzas se conoce como la teoría de los cohetes y las plumas. Cuando la energía sube, todo se encarece a una velocidad supersónica, pero, al abaratarse esta, lo demás cae lentamente, como lo haría una pluma.
Pero, antes de continuar, abramos un paréntesis. ¿Acaso es correcto afirmar que hoy el combustible es barato? Hace dos años y medio, cuando Rusia inició la invasión de Ucrania un 24 de febrero, el precio del barril de Brent llegó a dispararse hasta los 120 dólares estadounidenses y el TTF holandés, el mercado de gas natural de referencia en Europa, repuntó inmediatamente por encima de los 130 euros y sobrepasó los 300 euros a los cuatro meses de conflicto. En el año transcurrido entre la ofensiva de Hamas en Israel, el 7 de octubre de 2023, y el ataque de Irán con 180 misiles al territorio sionista, el pasado 1 de octubre, el precio medio del barril de Brent apenas ha superado los 90 dólares estadounidenses en picos muy puntuales y se ha mantenido por debajo de los 80 dólares desde el final del verano, mientras que el TTF lleva todo el año oscilando en el entorno de los 40 euros. Juzguen ustedes mismos. Cerramos paréntesis.
"Esperábamos, al menos yo, precios mucho más altos dada la situación de inestabilidad geopolítica en Oriente Medio". La afirmación viene de una voz de peso del panorama energético nacional, la de Raúl Yunta, presidente de Mibgas, la empresa que gestiona el Mercado Organizado de Gas en la Península Ibérica. Curtido en los entresijos del sector, ha ocupado puestos de dirección en los dos supervisores nacionales, la antigua Comisión Nacional de Energía (CNE) y la actual Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Su análisis nos lleva al otro lado del océano Atlántico.
"¿Que qué diferencia la situación de ahora de la de antes, cuando el petróleo estaría por las nubes? Yo, que soy viejo y que he vivido muchas crisis, te puedo decir que la diferencia fundamental está en Estados Unidos", sentencia. "En tiempos de Ronald Reagan, siempre se decía que EEUU era un país adicto al petróleo, era un importador neto para abastecer su inmensa demanda, todos sus coches, sus inmensas industrias...", recuerda. Y continúa: "Pero en el 2000 hubo una revolución que invirtió esta tendencia: eldespliegue del fracking". También conocido como fractura hidráulica, es una técnica que permite extraer gas o petróleo no convencionales que se hallan, literalmente, atrapados entre capas de roca, a gran profundidad.
Gracias a ella, a partir de 2010 se desató el boom exportador de Estados Unidos, lo que ha alterado la balanza comercial de gas y crudo a nivel mundial. Si nos remontamos a justo antes de la pandemia, en 2019, el 44% del petróleo que se comercializaba en el mundo provenía de países de fuera de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Hoy, los estados ajenos al cartel petrolero ya representan el 60% del flujo mundial. En cuanto al gas, EEUU dio el sorpasso a Rusia como primer exportador mundial en 2015. En 2023, Washington aglutinó un cuarto de la producción mundial de gas natural. El número de barcos de GNL (gas natural licuado) que anualmente salen de los puertos estadounidenses para exportar este combustible a otros países del globo pasó de 49, en 2016, a 1.312 en 2023.
Crudo y balanza fiscal
Además de elevar exponencialmente la oferta mundial de combustible, el bajo coste del fracking ha hecho que Washington rompa las históricas dinámicas de formación de precios de la OPEP, donde países como Arabia Saudí, Irán o Irak tuvieron durante años un poder casi absoluto para expulsar del mercado a la competencia, incluidos otros miembros del cártel.
En los círculos financieros se dice que el país saudita, por ejemplo, tiene el petróleo por castigo, dada la enorme facilidad para extraer el oro líquido en su territorio, a un coste de menos de 10 dólares el barril, lo que hace que casi cualquier precio de venta soporte su proceso productivo. Mientras que zonas como Venezuela, Brasil, el golfo de México, o el mar del Norte, necesitan vender el barril a a un precio de entre 70 y 80 dólares para que resulte rentable, Arabia Saudí podría venderlo a 20 dólares sin despeinarse. De hecho, su sector financiero calcula que un petróleo a 70 dólares ya les permite costear todo su gasto público, es decir, el crudo es la piedra angular de un modelo de país que vive un desarrollo acelerado y mantiene una presión fiscal mínima.
Por las aguas del estrecho de Ormuz fluye casi el 20% del petróleo que se consume a nivel mundial. Por ello, es uno de los llamados choke points o cuellos de botella del tráfico marítimo global, es decir, vías angostas, pero altamente estratégicas, cuyo bloqueo tiene consecuencias fatales para el comercio mundial. Casi todos los países del golfo Pérsico exportan su producto a través de esta vía.
Precisamente, el peso del petróleo en el PIB de muchos de los países de Oriente Medio a los que se ha ido extendiendo la guerra entre Israel y Hamas, o que son limítrofes al conflicto; es lo que está frenando el impacto de la contienda en uno de los puntos neurálgicos de la geopolítica mundial del crudo: el estrecho de Ormuz.
En principio, los ataques entre Israel e Irán están dejando al margen las infraestructuras energéticas y esto también está conteniendo el impacto en los precios, pero una vez que empieza un conflicto nunca sabes hasta dónde va a escalar. Irán donde tiene fuerza es en el control del estrecho de Ormuz, advierte Yunta. ¿Qué ocurriría si hay un bloqueo? Si eso ocurre, no habrá curva de precios que valga, las consecuencias serán enormes".
Hay otro punto crítico que amenaza con desestabilizar, de nuevo, los mercados energéticos: el conflicto entre Rusia y Ucrania. A final de año vence el contrato de suministro de gas ruso a Europa a través del territorio ucraniano, un acuerdo que ambos países han respetado pese a todo. En el mercado dan por descontado que no se renovará. "Es una espada de Damocles para Europa. Aunque sus importaciones de gas ruso son ahora menores, siguen siendo importantes. Bruselas nunca ha prohibido el gas ruso porque sería pegarse un tiro en el pie. Por eso, el fin de este acuerdo de tránsito es una amenaza para el equilibrio de la oferta y la demanda, para la estabilidad de precios de gas a futuro", asevera Yunta.
Pese a la incertidumbre, el mercado está, aparentemente, tranquilo. En parte, por una sucesión de crisis sin precedentes en la historia reciente, desde una pandemia mundial, hasta una guerra en Europa, o los sucesivos shocks de materias primas. No han sido crisis especulativas provocadas por el miedo de los inversores, sino colapsos reales, incluso, físicos. Esto, sumado a la consolidación de EEUU como exportador, ha calmado a los mercados y los ha hecho más tolerantes al riesgo.
Al final, la clave de todo es si hay o no menos combustible fluyendo por el mundo. A día de hoy, los conflictos en Oriente Medio no han diezmado la oferta de crudo, de hecho, hay cierta sobreoferta por el letargo de la demanda, principalmente en China. No obstante, ante el furor de un futuro de combustible barato, Yunta avisa: "Vivimos en una calma tensa, pueden pasar muchas cosas".
Fuente:'Análisis de los efectos sobre los mercados financieros y de la energía de los conflictos en Oriente Próximo' del Banco de España, Análisis Le Grand Contient: Principales perdedores de un ataque israelí contra el sector petrolero iraní, IEA, Banco Mundial e Investing.
Texto: Paula María
Gráficos: Elsa Martín
Dirección de arte: María González Manteca y Josetxu L. Piñeiro.

