En el muelle occidental del Port Vell de Barcelona se ubican unas instalaciones gigantes cuyo uso bien se podría identificar, desde las alturas, con el mítico Tetris. Pero a gran escala, porque entre los clientes del astillero MB92 figuran algunos de los yates más grandes del mundo. Y para albergarlos, la multinacional catalana echa mano de la ingeniería especializada. Sus instalaciones, que superan los 126.000 metros cuadrados, están armadas con sistemas de boogies (ruedas) y topes que ajustan los espacios a la medida de los yates, sacados del mar a través de su propio shiplift, una especie de ascensor para embarcaciones de hasta 4.800 toneladas. Añaden, además, un foso de quillas para grandes veleros, y un dique con el mismo ancho y profundidad que el Canal de Panamá donde ya se han alojadado algunos de los navíos privados más grandes del mundo.
Pero antes de poner toda esta maquinaria en marcha... hay que planificar. Y jugar al Tetris. Explica Jordi Ariet, managing director de MB92 Barcelona, que la clave del negocio de este astillero internacional es encontrar la forma de atender (o aparcar) 100 grandes yates anuales, con un tamaño medio de 60 metros de eslora, concentrados en los meses de otoño e invierno.
El sistema de ruedas y elevadores está hecho a medida para MB92, explica Ariet, lo que ha determinado su actividad en los últimos años al permitirles optimizar el espacio y tiempos de trabajo en un 40%. En este proceso de encajes, además de los plazos de cada navío cobra especial importancia la construcción de cunas para los yates, una operación muy delicada en la que terminan de colocarse en el espacio hecho a medida y fuera del agua, bien apoyado y con el peso distribuido para evitar cualquier perjuicio. En el caso de la construcción del dique, donde posa Ariet, la colocación de la embarcación implica incluso a un equipo de buceadores que comprueban que el navío está correctamente apoyado y ajustado, antes de asegurarlo con cuñas de madera. "Seguridad siempre lo primero", expresa Ariet. Todo hecho al milímetro en lo que sólo es el inicio del servicio estricto de MB92: el refit.
"Cualquier cualquier cosa que tenga un barco y necesite arreglarla, lo haremos. Nuestro porfolio es el 100% de la embarcación: desde la antena del mástil hasta el acero de la quilla. Nosotros lo hacemos integral. Y si no lo tenemos aquí, lo importamos. Pero lo gestionamos, nos hacemos responsables y lo coordinamos", resume Ariet sobre su sistema de negocio. También han acualizado sus servicios para ponerse al día en materia medioambiental: además de tener plantas de tratamiento del agua, por política los barcos varados deben detener sus motores y conectarse a sus surtidores de energía (Onshore Power Supply), que a su vez beben de la energía renovable. "O somos sostenibles, o desapareceremos. Así de claro", explica sobre estas inversiones que alcanzan el millón de euros en maquinaria.
Los proyectos de refit, sean reparación o reacondicionamiento, son obras de ingeniería con su riesgo particular: cualquier daño y perjuicio tiene un coste equivalente a su valor. De ahí que los proyectos requieran mucha planificación, antes incluso de que llegue el barco. El preproject requiere, de media, nueve meses de duración para que un equipo de 60 project managers (con alta presencia de ingenieros navales) organice el espacio dentro de MB92, con atención a plazos de cada intervención, y consigan la coordinación de la cadena de trabajo. En este sentido, Ariet presume de tasa de entrega a tiempo ("es más del 99%") y también de equipo (en Barcelona, 190 empleados). Pero señala que el suyo es un sector muy especializado en el que cuesta encontrar perfiles adecuados. Para asegurar su continuidad, se apoyan en la Facultad de Náutica de Barcelona con programas de formación, aunque luego, la metodología propia, "un poco creada ad hoc", requiere, además del naval e ingeniero, conocimientos técnológicos y comerciales. Todo ello, siempre dentro del plano internacional.
Porque el grupo MB92, además de estar abierto al público internacional gracias a la ventaja geográfica (están en la zona de navegación entre el Mediterráneo y el Caribe, rutas habituales de los grandes yates) tiene sedes fuera de España: La Ciotat y Golfe-Juan (Francia), y en el Mar Rojo. En 2024, el grupo facturó 227,3 millones de euros, de los cuales 105,7 millones correspondieron a la actividad de la barcelonesa.
Además de la complejidad para encontrar mano de obra adecuada, entre los retos que enfrentan se encuentra la competencia, que no para de crecer en un sector "muy nicho", donde los servicios varían en función del tamaño, y cuyo coste se pone, también, a la altura del valor del navío. Es decir, millonario.


