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- Sectores La guerra con Irán sacude los mercados y hunde al turismo, la logística y los aeropuertos
La posibilidad cada vez más real de que la campaña de Estados Unidos e Israel en Irán acabe siendo una guerra de larga duración en un paso crítico para el suministro global de petróleo desencadenó ayer el pánico en los mercados financieros. Desde Tokio a Wall Street o desde Londres a Madrid, el dinero se esfumó o buscó refugio. No se sabe cuánto se prolongará la guerra, ni cuánto durarán los bloqueos y ataques en los puntos claves para el comercio que se localizan en Oriente Medio. Pero el petróleo y el gas siguen subiendo su precio, y la actividad de las empresas tiene que continuar... a todo coste.
El Ibex lideró las caídas en las bolsas de la Unión Europea y estuvo a la cabeza de las principales plazas en el mundo en su caída, en parte porque es la que más se ha revalorizado en los últimos meses. Bancos, constructoras, aerolíneas, eléctricas... sólo la petrolera Repsol esquivó un castigo que fue generalizado en el selectivo español. Y en solo dos días, los primeros tras el ataque, el Ibex ha visto esfumarse más de 66.000 millones de euros de su capitalización.
Mientras, en el mercado de materias primas ayer el crudo siguió aumentando su cotización. Al cierre de los mercados europeos, el barril de petróleo Brent, que es la referencia, cotizaba a 83,19 dólares, lo que implica que su precio creció un 5,07% más respecto al lunes. Por otro lado, el gas natural, medido con el índice neerlandés TTF, aumentaba un 20,69% más su precio, después de varias subidas consecutivas, hasta quedar en los 53,71 euros al cierre de la sesión europea.
De nada vale que la OPEP+ intervenga para anunciar un aumento de la producción de crudo (que entrará en vigor en abril) o que la Agencia Internacional de la Energía afirme que el aumento en la oferta de petróleo supera a la demanda, de lo que se deduce que hay un mercado global bien abastecido y que además tiene experiencia tras otras interrupciones en el suministro (como lo fue Rusia). La guerra crece en gravedad, y el dinero de los inversores es huidizo y tiene aversión al riesgo.
Lo explican los analistas de Allianz: los mercados reaccionan, más que a la escasez de combustibles, a la disrupción en el comercio internacional. Porque se plantea una situación complicada para las compañías y su actividad con el mencionado aumento en el coste de los combustibles, pero también por la seguridad en la zona y la actividad de la logística. La amenaza que se cierne sobre el estrecho de Ormuz ya ha interrumpido el tránsito de varios gigantes navieros, obliga a reformular los trayectos y eleva los costes de la seguridad. Y todo ello acabará repercutiendo en el resto de industrias (sea moda, tecnología, o construcción) con retrasos en las mercancías e incluso incumplimientos de proyectos. Y en resumen, subida de los precios.
"A nivel sectorial, y como es evidente, energía y minería han mostrado en los últimos años la correlación positiva más alta con el precio del petróleo, junto con defensa. En contraste, los sectores cíclicos, los expuestos al consumo, químicas y transportes (aerolíneas) son los que presentan la correlación más negativa", valoran desde la firma Barclays.
Esta perspectiva condujo al segundo día crítico de la renta variable, con caídas en todos los índices europeos, asiáticos y americanos, y con el VIX de volatilidad alternando su posición entre los niveles alto y medio de incertidumbre. En el caso del Ibex 35, todas sus empresas cotizaban con pérdidas. Pero el consenso de los analistas, entre ellos los gestores de Bankinter, defienden que este shock será fuerte pero temporal, y se irá apagando en las próximas semanas.
Básicamente, porque las compañías aprenden. Lo explican así desde la firma Barclays: el cierre del estrecho de Ormuz, en caso de que se produjese por completo, sigue siendo crítico para las cadenas de suministro, pero un cierre prolongado generaría condiciones similares a las de los primeros días de la pandemia de Covid-19. Y a raíz de esta situación las empresas ya cuentan con experiencia reciente y un manual de actuación para gestionar disrupciones o un cierre de las vías. Y "más importante aún, el precio del petróleo no está en terreno negativo", añaden (si esto sucediese, las empresas deberían prácticamente pagar por producir, como ya ocurrió en la pandemia). No restan importancia a la situación en el Golfo, dando por seguro un "impacto significativo" en el conjunto del mercado.
"En nuestra opinión, es como volver a la pandemia de Covid-19: las cadenas de suministro se rompen y las empresas deben ser creativas para conseguir los materiales que necesitan", concluyen.
A los inversores no les convence la creatividad. Y la teoría dicta que cuando el dinero huye de la renta variable, se dirige a los activos refugio, como es la renta fija o el oro. Sin embargo, en el caso del último ayer sorprendió su comportamiento, porque el metal precio corrigió su valor en casi un 3,5% al cierre de la Bolsa europea, dejando su precio a los 5.115 dólares por onza frente a los 5.400 que alcanzó el día anterior.
Mientras tanto, en el mercado de la renta fija, los rendimientos exigidos a los títulos de deuda pública no dejaron de crecer, pese a que precisamente suelen reducir su interés en contextos de alta volatilidad. Lo que se interpreta con que el mercado, ante mayores posibilidades de una fuerte inflación, da por descontado que los países se endeudarán, y mucho. Ayer, fruto del temor a una crisis inflacionaria y un encarecimiento de tipos, el rendimiento de los vencimientos a 10 años del bono de España se creció al 3,22% frente al 3,13% del lunes. De esta forma, la prima de riesgo frente al bono alemán (que es la referencia europea) creció hasta los 42,3 puntos básicos. No fue el único aumento: el bono francés aumentó su rendimiento hasta el 3,394%, mientras que los de Reino Unido e Italia crecieron un 4,493% y 3,478%, respectivamente. En el caso de EEUU, el rendimiento del bono a10 años se elevó elevaba al 4,061%.
"Las perspectivas de rendimiento dependen ahora de la evolución política y militar", concluyen los analistas de Generali Investments. Advierten que los efectos de las tensiones geopolíticas, que frenan el crecimiento, lógicamente rebajan las expectativas de ganancias futuras en el caso de los bonos, pero si hay una fuerte preocupación fiscal (como lo es la sostenibilidad de la deuda pública), ocurre todo lo contrario.
Otro efecto de las tensiones en Oriente Medio: el cambio en el mercado de divisas. A raíz de los ataques, el dólar se ha revalorizado, lo que implica una fuerte depreciación del euro: el valor de la moneda europea cayó por debajo de los 1,158 dólares, frente a los 1,1697 billetes verdes que alcanzó en el mercado de divisas el lunes. Además del euro, la corona sueca y franco suizo se han debilitado estos días, y cada vez más, frente al dólar estadounidense "reflejando la preocupación entre los inversores de que las economías europeas se vean más afectadas por otra crisis de los precios de la energía", concluyen desde la firma japonesa MUFG. La realidad es que el comportamiento de los precios de la energía da argumentos para ello. Revisan "significativamente" a la baja sus previsiones de un crecimiendo de las divisas europeas frente al dólar, esperando un impacto negativo este mes, antes de ir desapareciendo a medida que avance el año. Todo ello, explica, en base a los comentarios de Trump, "según los cuales la acción militar estadounidense en Irán podría durar entre cuatro y cinco semanas aproximadamente". Porque, señalan, un conflicto más prolongado y/o una interrupción mucho mayor del suministro energético mundial reforzaría aún más la debilidad de las divisas europeas frente a la americana.
Esto es un elemento a tener en cuenta por organismos como el Banco Central Europeo, que con su objetivo de una inflación del 2% mantiene sus tipos de interés en el 2% desde junio del año pasado. Deberá entonces reconsiderar su política monetaria si la inflación se dispara en la eurozona a raíz del encarecimiento de la energía con la guerra en Irán. En una entrevista publicada ayer en Financial Times, el economista jefe del BCE, Philip Lane, solo expresó que el impacto de la guerra de Irán a medio plazo dependerá de la amplitud y la duración del conflicto.
Habrá que esperar a ver qué decisiones toma el BCE, pero mientras tanto los mercados están perdiendo la esperanza en que la Reserva Federal de EEUU baje sus tipos de interés, lo que conlleva más revalorizaciones del dólar.

