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Exits de startups en España: una curva histórica ascendente y dos grandes problemas

2023 cierra con un tercio menos de operaciones de compraventa y una valoración global de 1.002 millones (-28%)

Jesús Encinar, fundador de Idealista.
Jesús Encinar, fundador de Idealista.EL MUNDO
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Revisar la historia de los exits en España es internarse en las entrañas del ecosistema y comprender hasta qué punto existen diferencias cuantitativas y cualitativas entre el origen del emprendimiento tecnológico y el paisaje actual.

Aun dejando fuera la salidas a bolsa y centrando el tiro en fusiones y adquisiciones, el salto es abismal entre los 13 millones de euros que British Telecom desembolsó en enero de 1999 por Arrakis, los 153 millones puestos sobre la mesa en la compra de eDreams por TA Associates (junio de 2006), los 500 millones destinados por Vente Privee a hacerse con Privalia (abril de 2016) y los 1.321 millones que catapultaron al olimpo a Jesús Encinar con la venta de Idealista a la sueca EQT (septiembre de 2020), que ese mismo año se haría con el control de Freepik por otros 250 millones.

Esta curva ascendente explica el mecanismo esencial de la startup, una empresa de base tecnológica profunda (deep tech) o parcial con un elevado potencial de crecimiento en un corto periodo. Para lograrlo casi siempre es crítico el acceso al capital.

Business angels, family offices y sobre todo fondos de distinto tamaño son los proveedores de esta gasolina bajo un esquema harto conocido: tanto pongo, tanto me llevo. El múltiplo es el dios en esta franja de la economía y el exit su plasmación final. La idea es que siempre llegue alguien más poderoso a comprarlo todo. ¿Ocurre siempre? No ocurre casi nunca. Pero cuando las piezas encajan, el mecanismo cobra sentido.

En 2023, informa el Observatorio de Startups de la Fundación Bankinter, el zarpazo que amedrenta a los mercados se dejó notar sensiblemente. Hubo 53 exits (un 33,75% menos que el año anterior) por un valor agregado de 1.002 millones (-28,7%).

Estas operaciones no siempre vienen acompañadas de una cifra oficial. De entre las que sí aportaron números destacan las de IsEazy (adquirida por ProA) y Quark (comprada por Sener), ambas cerradas en 100 millones de euros; y, mucho más atrás, las de Celeritas (Citibox desembolsó 21 millones), Sarpel (Energy Solar Tech pagó 19,5 millones) y Arengu (10 millones abonados por Octa).

En el top 25 de exits de todos los tiempos Bankinter incluye salidas a bolsa como la protagonizada por la catalana Wallbox en octubre de 2021 o la anunciada y aún no concretada de H2B2, el nuevo proyecto del controvertido ex presidente de Abengoa, Felipe Benjumea.

A Idealista la acompañan compañías como Adamo (internet y fibra óptica), que en octubre de 2021 pasó a manos del fondo francés Ardian por 800 millones; AlienVault (AT&T pagó 600 millones en agosto de 2018); Rastreator (560 millones a cargo de Red Ventures en diciembre de 2020); o Ya.com, quizás el máximo exponente de la era de las punto.com, comprada en septiembre de 2000 por Deutsche Telekom (550 millones).

Dos problemas

En conjunto positiva, esta evolución de las compraventas de startups encierra dos peros. El primero es que no siempre el capital de empresas originalmente españolas permanece en el ámbito doméstico (véase, además de algunos de los casos citados en el artículo, el paradigmático episodio de Glovo), circunstancia que puede impactar en la generación de empleo y riqueza en el país.

El segundo inconveniente es que hay muy pocas startups de ADN puramente tech entre las vendidas en España. La cotizante Wallbox podría considerarse un ejemplo de disrupción con sus cargadores para vehículos eléctricos y AlienVault un ejemplo a seguir en el vertical de la ciberseguridad, pero gigantes como Idealista, la histórica eDreams, Freepik o Deporvillage representan un modelo de negocio que incluye la tecnología para elevar el negocio pero sin inventar modelos fundacionales como los de OpenAI o Cohere, por citar a dos campeones internacionales.