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Almaraz, ante su otro apagón: así ha sido el penúltimo viaje de los 1.200 'temporeros del uranio'

Cuando una central nuclear para cada año y medio para sustituir el combustible, los 'recargueros' acuden a la instalación para realizar tareas de mantenimiento que duran semanas y dejan riqueza en la zona

Varios 'recargueros' hacen cola en el restaurante Portugal II.
Varios 'recargueros' hacen cola en el restaurante Portugal II.Carlos García PozoMUNDO
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El 1 de septiembre de 1983 inició la operación comercial el primer reactor de la central nuclear Almaraz, la más antigua de las que siguen operativas en España. Desde entonces, aproximadamente cada año y medio se han ido realizando recargas de combustible en las que centenares de personas se han trasladado a Cáceres para completar el proceso. Hace unas semanas, unos 1.200 de estos temporeros del uranio, que en el sector se conocen como recargueros, se desplazaron a Almaraz para realizar la operación por trigésima y -si no hay cambios en el calendario del apagón nuclear- penúltima vez.

La central, que tiene dos reactores, está situada en el pueblo del mismo nombre. Entre sus 1.647 habitantes hay muchos trabajadores y antiguos operarios. Los primeros ocuparon varios bloques de viviendas que se construyeron para ellos; después, el municipio se fue expandiendo con casas bajas, más lujosas y con algo de terreno alrededor, que se iban haciendo los empleados de Almaraz. También los dueños del bar restaurante Portugal, junto a la antigua N-V, decidieron crecer y construyeron Portugal II, en este caso, pegado a la A-5. Con su nombre de secuela, alberga asimismo un hostal y una estación de servicio. No hay otro establecimiento más cerca de la infraestructura.

A finales de octubre, en plena recarga, hay cola desde aproximadamente las 13.30 hasta bien entradas las 15.30. El menú -dos platos, bebida, pan y postre- sale a 12 euros y atrae a cientos de operarios de docenas de subcontratas que parecen colocarse en las mesas ordenados por sus colores y logos. Algunos hablan de complejas y muy agendadas operaciones de control de la infraestructura eléctrica y otros se encargan de labores más pedestres, pero el trajín es constante. Muchas de las tareas de mantenimiento no se pueden realizar con la central en funcionamiento, así que se aprovecha este parón de varias semanas para revisar, de forma más literal que figurada, hasta el último tornillo.

Enrique Hueso Retamosa, alcalde de Navalmoral de la Mata, frente al ayuntamiento.
Enrique Hueso Retamosa, alcalde de Navalmoral de la Mata, frente al ayuntamiento.Carlos García PozoMUNDO

La familia de Alejandro Martín es la propietaria de estos establecimientos. "La parada es un buen pulmón para las familias que están desempleadas y ganan bien en poco tiempo; le viene bien a todo el mundo", explica desde un salón anexo al comedor cuando los comensales ya llegan a un ritmo que permite que les atienda un único trabajador. Todo eso lo ejemplifica sin salir de su propio local: "El otro día vino un señor de Zaragoza que ha estado hospedado en el bar 20 días y se ha llevado unos 200 o 300 euros en embutidos para la familia". Sin embargo, no deja escapar un matiz: los recargueros no acuden uno o dos días, sino que pasan semanas o incluso meses en la zona. "Es una conexión entre todo tipo de negocios, al que se le ha roto una zapatillas, que necesito pantalones, si las empresas necesitan vestuario...", detalla Martín.

El empresario, como muchos otros habitantes, ve con miedo la fecha prevista para el cierre de Almaraz, que cree que supondrá un golpe para la zona. "La central en sí, ya lo que es el día a día del año, es buena para todos, porque encima tiene buenos sueldos", argumenta. Esa gente y sus familiares "son zapatillas, estudios, coche, ruedas, talleres, casa...", enumera. "Es un boom para todos".

Uno de estos recargueros, Juan, atiende a EL MUNDO por teléfono tras completar la operación hace unos días. A sus 45 años, ya ha acudido a varias de estas operaciones; principalmente en Almaraz, pero también en Ascó y Cofrantes, además de haber visitado otra central en construcción en Inglaterra.

Solo la lista de alojamientos en los que ha dormido en este tiempo sirve para ilustrar el impacto que tiene una recarga en la zona. "Ahora mismo llevamos unos años quedándonos en un hotel en Belvís; también nos hemos quedado en otro hotel en Talayuela, hay otras personas que se quedan en Navalmoral, en Almaraz mismo he alquilado una casa, en Valdecañas, he estado en casas rurales... En Cofrentes me he llegado a quedar en un bungaló en un camping", detalla. "A tomar algo, al final, casi por supervivencia sales casi todos los días", continúa, sin olvidar tampoco el tiempo de ocio de los fines de semana, cuando se mueven por comarcas algo más lejanas.

A poco menos de 15 minutos en coche de Almaraz -tanto la central como el pueblo- se sitúa Navalmoral de la Mata. Con los 16.895 habitantes que hay censados, según el INE, multiplica por 10 los de su vecina. También tiene estación de tren y autobús, alojamientos y hostelería, así que es uno de los lugares que más se lucra con esta vendimia atómica.

"Imagínate lo que son 1200 personas, la repercusión en la economía de la comarca", ilustra Enrique Hueso Retamosa, alcalde de Navalmoral de la Mata, quien apunta que "muchas familias viven de estas recargas". Por este motivo, Hueso lo tiene claro al ser preguntado por el futuro a partir de 2027, cuando se inicie el proceso de cierre: "Habría trabajo, pero habría trabajo sin futuro, un trabajo de desmantelamiento". Después, el alcalde, del PP, niega la posibilidad de que se cree empleo en la zona como recoge el plan del Gobierno. "Se queda parada y se queda muerta", lamenta, ya que "cierran la mayor industria de Extremadura". "¿Qué supone para Extremadura con un millón de habitantes que le quiten 100 millones de euros de impuestos? Lo primero que te sientes es ciudadano de tercera. Un gobierno que lucha tanto por las desigualdades, que me parece lo correcto y lo que hay que hacer, también tiene que luchar por la igualdad entre comunidades autónomas".

La central nuclear de Almaraz.
La central nuclear de Almaraz.Carlos García PozoMUNDO

"Queremos estabilidad, fijación de población, gente joven", incide el regidor. En este sentido, aboga no solo por cambiar el calendario de cierre, sino hacerlo a largo plazo. "Para qué me sirve una renovación de cinco a siete o diez años; mis hijos no se van a plantear estar aquí cinco, seis o siete años", continúa. Es más, considera que, dado que estaba previsto que Almaraz tuviese otros dos reactores, debería plantearse su instalación: "Queremos los otros dos reactores para los que está preparada, queremos ampliación de la central".

El Ayuntamiento de Navalmoral de la Mata refrenda con datos el impacto de la central en la zona: Almaraz, con 27.023 euros, y el propio Navalmoral, con 26.180 euros tienen la tercera y la cuarta renta más alta de Extremadura, incluso por delante de Mérida y Plasencia. Se estima que la central tiene un impacto de 115 millones de euros anuales sobre el PIB de Extremadura.

Sin embargo, cuando la gente de la zona habla de riqueza da la sensación de que no hay ostentación, de que se hace más por oposición. Aquí la riqueza no es dinero; es sencillamente el antónimo de pobreza. El miedo no es que se vaya la central, sino todo lo que se puede llevar con ella.

A pocos metros del Ayuntamiento, Elena Magdalena Gutiérrez, copropietaria del mesón restaurante Extremadura desde hace 12 años, coincide con el alcalde en su apreciación sobre el inminente cierre: Navalmoral "se va a hundir". La central, explica, "trae mucha gente joven" y, además, supone un empujón para la economía de toda la zona "porque la gente tiene buen sueldo". "El día que se cierre la central sobran colegios, sobran institutos... sobramos la mitad del pueblo", continúa mientras atiende a los pocos clientes que hay a media mañana. Uno de ellos, José Manuel Vázquez, trabajó en Almaraz como técnico de mantenimiento eléctrico desde octubre del 75 hasta su jubilación hace unos años. "La zona va a pegarse un batacazo", conviene. "Como no haya alternativa, hay muchísima gente de Navalmoral, chavales jóvenes, que tendrán que emigrar a algún sitio; gente asentada que tendrá que levantar sus viviendas", prosigue Vázquez. "Yo he disfrutado de mi vida y he tenido una vida digna gracias a la central".

Más allá de los argumentos económicos para posponer el apagón nuclear, existe también el técnico: las centrales son necesarias para la estabilidad del sistema. Al menos, de momento, ya que únicamente el ciclo combinado de gas podría suplir su aportación actualmente en los momentos en los que las fuentes renovables no estén disponibles por su intermitencia. Sin embargo, desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia, el precio del gas se ha disparado y ningún país quiere depender de Moscú como proveedor.

Con todo, si no hay cambios, en 2027 cerrará el primer reactor de Almaraz y en 2028, el segundo. El proceso continuará de forma progresiva a un ritmo de prácticamente una central por año hasta que en 2035 termine la operación de Vandellós II (en febrero) y Trillo (en mayo). El sector, en cualquier caso, mantiene que puede continuar su operación durante varias décadas y esgrime ejemplos como el de la planta estadounidense de North Anna, en Virginia, que es gemela de Almaraz y recientemente renovó su licencia de operación 20 años adicionales. Esto supone que sus unidades estarán en funcionamiento hasta 2058 y 2060, y para entonces tendrán 80 años de edad.

Varios trabajadores que participan en la recarga de Almaraz, durante un descanso.
Varios trabajadores que participan en la recarga de Almaraz, durante un descanso.Carlos García PozoMUNDO

Del otro lado, una transición energética imparable, la promesa del almacenamiento para que las renovables estén también disponibles sin sol ni viento y, sobre todo, la soberanía energética. También desequilibra la balanza el infranqueable obstáculo de los residuos, ese combustible que ahora se recarga y que, una vez gastado, debe reposar primero en una piscina y luego miles de años enterrado bajo tierra hasta dejar de ser nocivo.

De vuelta en Almaraz, un trabajador municipal, al ver la cámara del fotógrafo, indica cuál es el mejor lugar para observar los pájaros que habitan en el lago junto al que se sitúa la central, que utiliza el agua para refrigerar sus reactores. Aunque es otro de los atractivos de la zona para atraer turistas y riqueza, él prefiere el que la localidad tiene en la mano a todos los que vuelan. "Después de esto, muerto el pueblo. Son 1.200 personas comiendo... y dando de comer", sentencia.

Fuente: Foro Nuclear y Alfredo García (Ingeniero de Telecomunicaciones, licenciado en Comunicación Audiovisual y divulgador científico).

Texto: Guillermo del Palacio

Gráficos: Elsa Martín

Dirección de arte: María González Manteca y Josetxu L. Piñeiro.