En lo que va de año, cerca del 27% de toda la electricidad generada en España es de origen eólico. Los aerogeneradores, que el año pasado fueron la principal fuente del mix, perderán algo de peso en los próximos meses, cuando suban las temperaturas y el viento sople con menos fuerza. Sin embargo, en el futuro no debería ser así, ya que la eólica marina se presenta como alternativa. Es una tecnología parecida, pero compleja, que en España no se podrá fijar al fondo marino, sino que deberá situarse en enormes plataformas flotantes. El país es uno de los líderes en el sector, aún verde, pero para seguir siéndolo debe resolver un problema tangencial: no hay suficientes ingenieros navales para cubrir las necesidades de la industria.
Según datos de la Asociación de Ingenieros Navales y Oceánicos de España (AINE), en el último curso universitario únicamente se han cubierto el 80% de las plazas de ofertadas. En el máster habilitante, la tasa media de egreso es tan solo del 20% de quienes empiezan los estudios. "Todo lo relacionado con el mar está olvidado para la sociedad", lamenta Antonio Crucelaegui, director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales de la Universidad Politécnica de Madrid.
Crucelaegui calcula que entre las siete escuelas que imparten el título habilitante de Ingeniería Naval, "escasamente" llegan a los 75 egresados al año. La cifra se queda muy lejos de las necesidades del mercado, que requiere unos 300 nuevos ingenieros navales cada año. "Al cabo de unos años tenemos un déficit de miles de ingenieros", resume el profesor.
Victoria Redondo, directora de la Escuela de Ingeniería Naval y Oceánica de la Universidad de Cádiz, coincide con su colega: "No egresamos los suficientes, es la realidad". Apela, navalmente, a "remar todos en el mismo sentido" para "dar respuesta y plantear las soluciones para revertir esta situación". En su caso, ofertan 80 plazas de nuevo ingreso en el grado, que se cubren, aunque al finalizar el primer curso desciende el número por las anulaciones de matrícula. En el máster ofertan 30 plazas, de las cuales se están cubriendo en los últimos cursos aproximadamente un 60%. Todo esto, junto con la alta tasa de abandono durante primero y segundo de grado -similares al resto de las ingenierías- y la dificultad de compaginar la exigencia del máster con la alta carga de trabajo de la industria naval -prácticamente todo el alumnado del máster se encuentra trabajando en el sector naval de la zona- hace que la media de los egresados de su escuela en los últimos cinco años sea de entre 25 y 30 en el grado y de seis en el máster por curso.
Ambos coinciden también en que la situación es paradójica, porque hay mucha demanda de estos profesionales. La directora detalla que a la Escuela llegan "muchísimas peticiones" de trabajadores de las distintas empresas que hay cerca. Situada en la bahía de Cádiz, la EINO se encuentra a apenas 10 minutos del astillero de Puerto Real de Navantia, aunque hay muchas otras compañías que demandan ingenieros. De hecho, llega incluso a ser uno de los factores que dificulta que terminen la carrera. "En tercero y cuarto de grado, cuando hacen las prácticas de empresa, ya muchos alumnos se quedan allí trabajando", explica Redondo, algo que ralentiza la obtención del título: "Retrasan en el año de egresado y las tasas de graduación son muy malas".
Redondo apunta también a otro problema generalizado a todas las escuelas a nivel nacional, la dificultad de incorporar profesorado especializado a tiempo completo: "Es muy difícil incorporar profesionales a la universidad". "Antes, un profesional con la titulación exigida se podía presentar a las oposiciones para acceder a puestos de plantilla, pero el actual sistema de acreditaciones lo dificulta", detalla. Para acceder a puestos permanentes necesitan una acreditación que pasa por tener méritos de investigación exigentes, como publicaciones de artículos en revistas de alto impacto. Son méritos que en este tipo de profesionales no son comunes, lo que hace muy difícil su incorporación. En su caso, su escuela cuenta con "magníficos profesionales especializados" que ocupan puestos de responsabilidad y dirigen proyectos de gran envergadura en la industria naval, que comparten su jornada laboral con la docencia en su centro, "lo que acerca los títulos a la realidad y es valor añadido muy importante".
A esto hay que unir la evidente dificultad de los estudios. "Se arrastra un poquito la situación de los años 70 y 80, cuando los estudios de ingeniería naval eran muy difíciles", admite Crucelaegui. "Hubo algunos años que teníamos el dudoso récord de ser la carrera que más años se tardaba de media en terminar en el mundo", rememora. Y eso, sospecha, "de alguna forma se mantiene en el subconsciente colectivo: 'Está muy bien, pero cualquiera termina Navales', 'es una carrera imposible', 'están media vida estudiándolo'". La remuneración, que hace unas décadas era muy alta, ha caído algo, especialmente en los primeros años. Fuentes del sector cifran la horquilla entre los 40.000 euros anuales que puede ganar un perfil con menos experiencia y los 80.000 o 90.000 que cobra alguien con entre 10 y 15 años de carrera.
De todos modos, hay otros factores, también aferrados de algún modo a la memoria colectiva, como la reconversión industrial y las históricas huelgas y protestas en los astilleros. En este sentido, los profesores destacan también el desconocimiento de la ingeniería y sus salidas, algo que se hace patente en el caso de la eólica marina. "Un artefacto que está en el mar, hay que llevarlo, hay que instalarlo, hay que tender los cables, hay que mantenerlo, obviamente requiere ingeniería naval", resume Crucelaegui.
Mar y viento
A día de hoy, España no cuenta apenas con eólica marina. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) sí contempla la instalación de 3 GW de potencia antes de 2030 y ya hay un Plan de Ordenación del Espacio Marino que define los 5.000 kilómetros cuadrados en los que se empezará a desplegar la tecnología. Pero, por comparar, la terrestre tiene ya casi 31 GW instalados y el PNIEC fija en 62 GW el objetivo para ese mismo 2030. La diferencia se debe, principalmente, a la plataforma continental.
"La eólica offshore en el norte de Europa está bastante desarrollada, pero es que el mar del Norte es un caso muy especial", ilustra Juan Moya, ingeniero naval y miembro de la Asociación de Ingenieros Navales y Oceánicos de España. La escasa profundidad permite que los cimientos de los molinos se fijen al suelo, mientras que en España, y en gran parte del mundo, habrá que recurrir a la flotante, en la que España, presume Moya, "es pionera".
"En este caso, la cimentación es un poco extraña porque es una cimentación que flota y que se mueve", describe Moya. Cuenta con una plataforma flotante -a todos los efectos, un barco, solo que sin propulsión- un sistema de fondeo anclado con cadenas o con pivotaje al fondo marino. Además, claro, el aerogenerador, con unas aspas que pueden alcanzar los 300 metros de diámetro. Son artefactos gigantescos, que pesan miles de toneladas, cuya construcción es tremendamente compleja y cuya instalación y mantenimiento también lo son.
"Diseños conceptuales hay miles; diseños con un nivel de desarrollo elevado ahora mismo habrá no más de una docena en todo el mundo y de esos hay por lo menos dos o tres que son españoles", continúa Moya. Es decir, "estamos en la punta de desarrollo mundial de flotante" y hay tiempo para solucionar la falta de ingenieros. Pero no mucho.
"El problema es que vamos a perder ese liderazgo por falta de técnicos, así de sencillo", advierte por su parte Crucelaegui. "A nivel nacional no somos capaces de producir suficientes técnicos para esas empresas líderes en tecnología, en soluciones de ingeniería para los parques eólicos", incide antes de recordar que son también "empresas pequeñas y medianas" las que lideran el sector a nivel mundial.
Impacto en el PIB
Según el Libro Blanco de la industria Eólica Marina en España publicado por la Asociación Empresarial Eólica (AEE), la contribución directa e indirecta de las fases de inversión, explotación y construcción de buques y exportación de estructuras sería de 9.581 millones de euros para el periodo 2025-2030 en un escenario en el que el 75% de las actividades se desarrollasen en España y llegaría a los 10.466 millones de euros en el periodo 2045-2050. También contempla la creación de hasta 17.438 puestos de trabajo entre directos e indirectos.
"Lo más importante de todo esto es que es una oportunidad que no sólo afecta a las compañías históricas del mundo de la energía renovable eólica, sino también a las compañías de ingeniería naval y de construcción naval", apunta en conversación con EL MUNDO Juan Virgilio Márquez, director general de la AEE. "Tenemos un mercado nuevo que se está empezando a crear ahora, el que esté bien posicionado en todos los niveles se llevará una gran cuota y entonces podremos dar trabajo a los ingenieros navales aquí en España y podemos generar empresas españolas".
A pesar de todo, los profesores creen que se puede responder afirmativamente a "la pregunta del millón": ¿Llegará España a tiempo? "Soy optimista a medio plazo", detalla el director de la ETSI. "Hay que tener en cuenta que ese déficit de ingenieros no lo podemos cubrir hasta dentro de mínimo seis, ocho o 10 años, porque los jóvenes que empiecen ahora van a terminar dentro de seis, siete u ocho años". "Hay que ponerse a trabajar ya, con urgencia, e intentar dinamizar todo lo posible la sociedad, empezando por los propios ministerios, por el propio Gobierno", continúa. "Esto es un problema de una empresa ni de dos: esto es un problema nacional, porque, no sólo es tecnología, es el poder ser independientes energéticamente", detalla Crucelaegui. "Nos jugamos muchísimo a nivel nacional como para no ser conscientes cuanto antes de la gravedad del problema e intentar poner remedio".
Fuente: Asociación Empresarial Eólica (AEE), Agencia Internacional de la Energía y MITECO
Dirección de arte: María González Manteca y Josetxu L. Piñeiro.




