ROLAND GARROS 2024

Roland Garros

El escáner

Una Copa con valor añadido

Carlos Alcaraz besa la copa de campeón.
Carlos Alcaraz besa la copa de campeón.Christophe EnaAP
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Tiene aún más valor si cabe el triunfo de Carlos Alcaraz en Roland Garros, dado que su tenis no fluyó como acostumbra. Desde el inicio se vio que iba a ser un partido más emocional que de calidad, al menos hasta el último set. El duelo se prolongó más de lo debido, porque Carlos lo tuvo siempre encarado. Dispuso de 4-2 y 15-40 en el primer set y al final lo acabó sacando 6-3. Ya en el segundo, empieza con 40-0, gana el juego, pero pasando varias veces por el deuce. El partido se ensucia. Llega casi el autobreak porque trata de jugar muy directo, cuando Juan Carlos Ferrero le pide que al menos busque cinco intercambios. Alexander Zverev se da cuenta, vive sus mejores momentos e iguala el marcador. El español se desorienta y la sensación le dura hasta mediado el tercer parcial. Entonces deja de ser tan previsible, resta más dentro y se va con 4-2 y 30-0. Pero vuelve a complicarse ese juego, aunque lo gana. Se acelera. No está cómodo con el marcador de cara. No remata.

Es explicable lo que le sucedió, por falta de ritmo tras no haber podido competir en las últimas semanas. En cualquier caso, supo contener el partido en un momento crítico con esas pelotas lentas y altas de revés para luego alternar con los cambios de ritmo con la derecha. A partir del cuarto se muestra más regular e intenso y consigue marcar diferencias. En el quinto ya consiguió ser él. Ahí fue el jugador que conocemos. Doble valor, reitero, también por las circunstancias en las que llegó al torneo. Hay un trabajo de equipo que le ha ayudado a recuperarse y sacar el partido adelante.

Su precocidad a la hora de conquistar el Abierto de Estados Unidos, Wimbledon y Roland Garros ratifica el bien ganado predicamento de su tenis y la capacidad para hacer efectivos todos sus valores tenísticos en un plazo muy corto de tiempo. De su rival de ayer se esperaba algo parecido y sin embargo, con 27 años, aún aguarda para levantar su primer major.

Estamos en una época distinta a la que inauguró Rafael Nadal en 2005 con el primero de sus 14 títulos. Ya no hay especialistas como los de antaño, sino jugadores más polivalentes. Pero lo que distingue a los grandes campeones, como Nadal, como Alcaraz, es su capacidad de adaptación a todas las contingencias que puedan surgir en los partidos, ya sea al viento, a las pelotas, a la altura o al cambio en el sistema de juego del adversario y, cómo no podría ser de otra manera, a la superficie.

Eso es lo que marca la diferencia en este deporte. Sucede desde hace tiempo, porque la exigencia es muy alta y los partidos no se resuelven por un golpe concreto, ni siquiera por un planteamiento táctico. Añadiré que el jugador que nace en tierra crece con una base y una formación integral que le facilitan asimilar mejor todos los cambios. Sólo me queda enviar mi felicitación a Carlos, a su entrenador y a todo su equipo por el formidable torneo realizado.