ROLAND GARROS 2024

Roland Garros

El escáner

Zverev, mejorado y reivindicativo

Zverev golpea un revés ante Ruud.
Zverev golpea un revés ante Ruud.DIMITAR DILKOFFAFP
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Nominado para liderar el relevo generacional del Big 3, Alexander Zverev carecía hasta ahora de le estabilidad suficiente para responder a semejante cometido. A los 27 años, se presenta en su primera final de Roland Garros en pleno proceso de maduración, con la cabeza mejor amueblada y fortalecido por las adversidades sufridas en el terreno personal y profesional. El campeón del reciente Masters 1000 de Roma es un jugador más consistente que antaño, que ha acepatado las cargas de trabajo para ir evolucionado en su juego. Es el Zverev de siempre, pero explotada su materia prima y corregidos los déficits.

El revés es, digamos, su imagen de marca. Los brazos son una extensión de su raqueta. Puede hacer lo que quiera con la pelota. Es tal la confianza que siente con este golpe que, al contrario de lo que hacen la mayoría de los jugadores, él se invierte para impactar de revés si se le presenta la oportunidad. Entre sus activos de toda la vida también se encuentra el primer servicio. Si bien en tierra este golpe no suele señalar diferencias sustanciales, en la semifinal frente a Casper Ruud, incluso de noche, logró convertirlo en un buen complemento para hacerse con el triunfo. También ha conseguido detener la sangría con su segundo saque, poco menos que un drama en determinados momentos de su carrera por la sucesión de dobles faltas.

Está más convencido de cuanto hace en términos globales y tanto ahí como con la derecha, sin desdeñarlo, su golpe menos bueno, encuentra soluciones. Con el drive palía la lógica incomodidad por no poder desarrollar aquello que se plantea, como sí logra con el revés, con una idea más conservadora: no le importa repetir con la derecha cruzada, sin complicarse demasiado y evitando riesgos con la paralela, atento ante la eventualidad de elegir el medio revés.

El rival de Carlos Alcaraz está en un momento reivindicativo, como viene manifestando en los torneos sobre esta superficie. Esa actitud, la de alguien que al fin parece encontrar cuanto buscaba desde sus impactantes inicios, le convierte en más peligroso que nunca, supone un estímulo añadido en la que será su segunda final de un major, tras perder en 2020 la del Abierto de Estados Unidos cuando contaba con dos sets de ventaja frente a Dominic Thiem.

Alcaraz coprotagonizó un impresionante partido de semifinales frente a Jannik Sinner, donde ambos llevaron el tenis a una dimensión desconocida. Es asombroso el ritmo de intensidad sostenida con el que pueden desenvolverse. Después de la lógica inquietud por su estado físico y a la espera de que se haya recuperado plenamente de una confrontación de más de cuatro horas, el español saldrá a la pista con el extra de confianza que supone haber derrotado a su gran rival, al hombre que este lunes tomará el relevo de Novak Djokovic como número 1. Sinner era la prueba definitiva a la hora de convencerse de que puede ganar Roland Garros.

El duelo ante Zverev será bonito, digno de verse. Se trata de dos jugadores creativos, si bien Alcaraz parte con ventaja a la hora de sugerir variables constantes y asumir riesgos. Ahora bien, se mueve a menudo en una línea muy fina, y excederse le puede desorientar. El alemán se complica menos la vida, salvo que la situación le empuje a ello. Tiene también la mandíbula más frágil que su adversario.