ROLAND GARROS 2024

Roland Garros

Los gritos de Ferrero, el jugo de pepinillo y la "cabeza fuerte": las claves de la victoria de Alcaraz ante Sinner

Los consejos de su entrenador, los remedios contra los calambres y su madurez ayudaron al español a llegar a su primera final de Roland Garros. Este sábado no entrenará y dará un paseo para relajarse

Alcaraz celebra su victoria ante Sinner, este viernes.
Alcaraz celebra su victoria ante Sinner, este viernes.CAROLINE BLUMBERGEFE
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En el laberinto del tenis de Jannik Sinner, Carlos Alcaraz no encontraba la salida hasta que su entrenador, Juan Carlos Ferrero, le empezó a guiar. «¡Esto es muy largo, Charly, pero hay que buscarlo! ¡Constante! ¡Constante!», reclamaba el técnico en el primer set cuando todo parecía caerse y Alcaraz no sabía cómo sostenerlo. «¡Me equivoco todo el rato, tío!», se quejaba el tenista. Al final tenía razón Ferrero. Las semifinales fueron muy largas, muy, muy largas, y Alcaraz supo aguantar para una de las victorias de su carrera, para disfrutar de la oportunidad de ganar Roland Garros.

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«Estoy muy orgulloso de haber estado fuerte de cabeza, de haberlo sacado adelante. En otros partidos no he estado bien mentalmente y esta vez no he tropezado en la misma piedra», confesaba el español después de cerrar el partido, hacer 20 minutos de bicicleta estática para soltar piernas, mirar un poco el móvil, darse unos baños de contrastes frío-calor y, finalmente, regalarse una ducha reparadora. Mientras hablaba con la prensa, en un rincón de la sala, le esperaban su fisioterapeuta, Juanjo Moreno, y su preparador, Alberto Lledó, para ponerse a masajearle antes de que se fuera a dormir.

Este sábado muy posiblemente no entrenará, como hizo antes de la final del US Open de 2022 y en otros grandes partidos, y sólo dará un paseo por los alrededores de su hotel, el Villa Marquis, en el triángulo parisino que forman la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo y las Tullerías. Pese a que es difícil conseguirlo, lo importante es que llegue a la final lo más relajado posible para evitar los nervios ya vividos y los malditos calambres.

La experiencia acumulada

Desde que el año pasado su cuerpo le atenazó en semifinales ante Novak Djokovic y le dejó sin final en París, Alcaraz suele tomar una mezcla de jugo de pepinillo, sales y vitaminas para esquivarlos, pero ayer ante Sinner nada funcionó. En el tercer set, la electricidad volvió a recorrer sus piernas. Al revés que entonces, eso sí, encontró la solución: más jugo, unos estiramientos y relajarse para que pasasen. «Esta vez los calambres no fueron tan fuertes, pero ya sé cómo lidiar con ellos. Sé que tengo que aguantarme, que seguir ahí, que tengo que intentar acortar los puntos y que tarde o temprano desaparecen» comentaba el número tres del mundo al respecto con una suerte este viernes: su rival también estuvo acalambrado.

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También en el tercer set, el momento más tenso del encuentro, Sinner notó que los brazos se le agarrotaban, que algo le recorría de los dedos a los hombros. Ahí acumuló numerosas dobles faltas y acortó aún más su juego; ahí el partido se volvió extraño. «Es una consecuencia de la tensión y de la exigencia de estos partidos. Había mucho en juego, ha sido un partido de cuatro horas, con mucho calor, intercambios largos...», confesaba Sinner que tenía en la grada un amuleto. Con la zanahoria como símbolo suyo por el color de su pelo y porque a veces se come una en los descansos, una mujer en las gradas empezó a agitar ese vegetal para animarle. No surgió efecto.

Quizá era más fuerte el deseo de Alcaraz. El deseo de ser el décimo español campeón de Roland Garros, el deseo de levantar la Copa de los Mosqueteros: «Es una imagen bonita, ¿no? No voy a negar que me imagino con la Copa. Me encantaría escribir mi nombre en la lista de los ganadores españoles junto a Nadal, Ferrero, Moyà, Costa... Realmente quiero estar ahí».