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En la red, Novak Djokovic, pletórico, se acerca a Carlos Alcaraz y le dice: «Estoy seguro de que algún día tú también ganarás un oro olímpico». Se abrazan. Y mientras el serbio se va a celebrar con su familia a las gradas de la Philippe Chatrier, Alcaraz se sienta en su banco y llora. En los Juegos Olímpicos de París acaba de perder la primera final 'grande' de su vida, pero lo que le apena no es la derrota en sí, son aquellos que le rodean. Como si fuera una final de la Copa Davis, las gradas de Roland Garros estaban repletas de aficionados españoles y serbios y Alcaraz se rompió al ver que unos compatriotas que se sentaban justo detrás suyos estaban abatidos.
«He llorado porque estaban tristes, porque no he podido hacer que estuvieran orgullosos. En ese momento, justo al acabar el partido, no podía pensar con claridad. Ahora, más relajado, valoro lo que he conseguido en estos Juegos y pienso que he hecho que los españoles se emocionaran», aseguraba en la sala de prensa del recinto parisino donde hizo una promesa.
Un año y dos meses antes, cuando perdió en semifinales de Roland Garros contra Djokovic por culpa de los nervios, Alcaraz prometió que aprendería de lo ocurrido. Y lo hizo. Después ganó dos finales de Wimbledon consecutivas al serbio, la última con una superioridad absoluta. Por eso este domingo quiso repetir sus palabras. «En esa misma silla dije que mejoraría y mejoré. Ahora digo lo mismo. En esta final he sentido la presión de jugar por España, de no jugar sólo por mí. He jugado cuatro finales de Grand Slams y en los momentos difíciles siempre he aumentado mi nivel. Hoy ha ocurrido lo contrario. No he sido el mismo», reconocía Alcaraz, que lamentaba su actuación en los tie-breaks.
Las embestidas de Djokovic
Aunque durante el partido entre los dos acumularon 14 bolas de break -seis para el serbio y ocho para el español-, ninguno las convirtió y los dos sets se decidieron en la muerte súbita, por 7-6(3) y 7-6(2). En el primero, Alcaraz aguantó alguna embestida del mejor Djokovic, el Djokovic hecho leyenda, pero en el segundo ya estaba desesperado, vencido, exhausto.
- ¿Crees que Djokovic es el mejor de la historia?
- No hay un sólo torneo que no haya ganado. Si hablamos de estadísticas, de semana como número uno, de Grand Slam... no puedo decir que no sea el mejor de la historia. Con los números en la mano, lo es. Pero hay muchos otros factores que valorar en ese debate.
El disgusto por Marín
El día de Alcaraz ya empezó torcido. Por la mañana, en el comedor de los jugadores, había planeado un ratito de televisión para relajarse: primero ver a Carolina Marín pasar a la final en el bádminton y luego seguir la lucha por el bronce de Sara Sorribes y Cristina Bucsa en el dobles. Pero la grave lesión de Marín le impactó y le costó un rato recomponerse, volver a centrarse en lo suyo. Lo hizo a base de sus rutinas pre-partido y gracias a una charla con su entrenador, Juan Carlos Ferrero, que voló desde España expresamente para asistir a la final. Así se centró para otro duelo con Djokovic, con la reciente final de Wimbledon en el recuerdo. Allí, en una superficie mucho más rápida, Alcaraz impuso su velocidad y la velocidad que puede imprimirle a la bola, pero en tierra batida ese factor era menos importante.
Tocaban más intercambios, tocaba luchar. Robusto en los intercambios y ligero con la dejada, Alcaraz castigó al serbio y tuvo opciones de romper su saque, pero perdonó -especialmente con el 4-4 en el marcador- y no era el día para perdonar.
"Novak ha ido a por ello con el alma"
Djokovic, que llevaba toda su vida esperando este momento, que ya había jugado cuatro Juegos Olímpicos quedándose dos veces a las puertas de la final, que necesitaba el oro para completar su historial, resolvió cuando tocaba. «Había escuchado muchas veces a Novak diciendo que quería el oro. Se ha notado que estaba hambriento. Yo quería ganar, pero él también quería. En los momentos decisivos ha jugado a un nivel impresionante, ha ido a por ello con el alma», comentaba Alcaraz, que al acabar el partido y secarse las lágrimas, pasó un rato viendo la celebración de su rival. La bandera de Serbia a la espalda, el abrazo con su hija Tara y sus lágrimas, en este caso, de pura alegría.
«Estuve nervioso en semifinales porque ya había perdido dos veces, pero en la final estaba tranquilo. He puesto el corazón para ganar el oro para Serbia, para nosotros es algo especial, yo sé que para vosotros también, que Nadal y Alcaraz también lo sienten así», aseguraba el serbio que ahora seguramente dará por concluida la temporada para recuperarse de su lesión de rodilla. No hará lo mismo Alcaraz.
Pese al calendario que arrastra, con victorias en Roland Garros y Wimbledon y la plata en estos Juegos, ahora sólo descansará «dos, tres o cuatro días» y volverá a los entrenamientos para presentarse en el Masters 1000 de Cincinnati que empieza el 12 de agosto y, sobre todo, para el US Open que arranca el 26 de agosto. «Hay que escuchar al cuerpo, descansar lo máximo, pero el calendario no para. La gira de Estados Unidos es importante para seguir creciendo en el ranking y ponerme más cerca de los de arriba», ambicionaba Alcaraz pese a haber sufrido este domingo su primera derrota grande.



