BOXEO
El ruedo ibérico

Fury y Usyk

Usyk, después de su victoria ante Fury.
Usyk, después de su victoria ante Fury.-AFP
PREMIUM
Actualizado

El pasado 18 de mayo, el ucraniano Oleksandr Usyk le hizo un favor estético al boxeo al derrotar a un gigante adiposo, el británico Tyson Fury. Se unificaba así el título de los pesos pesados con los cuatro cinturones de los organismos que rigen "el noble arte": la Organización Mundial (WBO por sus siglas en inglés), el Consejo Mundial (WBC), la Asociación Mundial (WBA) y la Federación Internacional (IBF). Un laberinto. Un jeroglífico. N cachondeo.

Usyk, poseedor de las coronas IBF, WBO y WBA, venció a los puntos a Fury, campeón WBC, un tipo de 2,06 de estatura con un elevado porcentaje de grasa bamboleante. Fury no era un buen propagandista del boxeo. Producía la impresión de que cualquiera que tuviese su tamaño y tonelaje, y aceptase liarse a puñetazos en lugar de dedicarse al baloncesto, podía llegar a campeón, aunque le temblasen las mantecas a cada movimiento.

Era, además, alguien de comportamiento poco edificante: cocaína, alcohol, anabolizantes y lenguaje soez. Y uno de esos púgiles de bravuconería tabernaria que han contribuido a hacer del boxeo una actividad reñida con los valores teóricos del deporte. Un consciente propagador activo de su leyenda negra, sucia, barriobajera y delictiva.

La revancha de aquel combate de mayo, en el mismo escenario de entonces, el Kingdom Arena de Riad (Arabia Saudí), se saldó el sábado con, de nuevo, la victoria de Usyk. Esta vez por las coronas WBC, WBA y WBO. La IBF se halla ahora en las manos interinas del británico de bronce y no de tocino Daniel Dubois, a la espera de que Usyk, que se vio obligado a abandonarlo para la revancha con Fury, se enfrente a él.

El espectáculo previo

En la rueda de prensa para presentar la pelea, Fury (1275 kilos en el pesaje) había amenazado a Usyk, que tampoco es una sílfide (1,90 y 105,5 kilos), pero al menos es de estructura maciza, con mandarlo al hospital. Lo triste de estos extendidos rituales de matones de feria es que responden al gusto malsano de muchos aficionados, que los encuentran un aliciente. Y más penoso aún que el periodismo especializado los interiorice y alabe como parte del atractivo del "ring". Imaginemos ese concepto del espectáculo en otros deportes.

Riad es ya la nueva meca (La Meca) del boxeo mundial. Y el Kingdom Arena, su templo. Lloramos por el Madison Square Garden, el Luna Park, la Salle Wagram, el Cesars Palace, etc. Y, si nos apuran, el Campo del Gas y el Palacio de los Deportes.

Seguro que compartimos el duelo con José Luis Garci.